Megan Fox no actúa un carajo. O al menos, hasta ahora no ha tenido la necesidad de hacerlo. Verla en pantalla es básicamente verla siendo ella. Ruda. Sabiéndose increíblemente rica pero sin darle demasiado color.
¿Qué escenas de ellas resultan inolvidables? Megan inclinada en 90 grados sobre el capó de un auto en Transformers 1.Megan recostada sobre una moto como gatita bootylicious en Transformers 2.Megan estrujando una espumosa esponja, lavando el ventanal de Charlie y Alan en Two & A Half Men.Y por supuesto, la gloriosa escena de la “comedia” sin risas How To Lose Friends And Alienate People.
Ahí Megan hace, como nunca, de ella misma: Una aspirante a actriz sin mucho talento, que en una fiesta hollywoodense se mete con ropa a una piscina para impresionar a los productores invitados. Todo con su estilo de “me importa una raja”, su vestido mojado y su mirada. Una escena que deja a todo el mundo tragando moscas.
Ahora está en cartelera para verla en dimensiones gigantescas en Transformers 2, una cinta que ella misma ha calificado como una porquería inentendible sin pies ni cabeza. Una película que incluso puede llegar a producir daño cerebral, pero que la convirtió en el mejor efecto especial del mundo, uno que brilla entre todas esas latas dando la lata que aparecen en Transformers 2. Porque ni duplicando todos los millones de dólares invertidos en ese bodrio, se podría producir ni la mitad de las explosiones que la sola imagen de Megan Fox montada encima de una moto con el poto parado, ha provocado.
Pero entre tanta mina rica de Hollywood, ¿qué hace de Megan Fox la preciosura más codiciada por los aficionados al cinco contra uno, esos que la convirtieron en uno de los términos más buscados en Google? ¿Qué la diferencia otras actrices hot?
Yo creo que es su actitud, eso de confesar su bisexualidad, su debilidad por la marihuana, y de que exige a sus pretendientes tatuarse su nombre o su cara, datos extra que seguro echarán a volar todavía más las fantasías. Pero por sobre todo, está su mirada. Una que parece decir “¿y qué tanto mirái?'. Una mirada agressor y horny, que asusta pero gusta.
En el fondo, mirar a Megan es asumir que las mujeres extremadamente guapas a veces nos aterran tanto como nos atraen. Que muchos de los hombres que hacen click sobre la palabra Megan Fox le tienen tanto miedo, que jamás le dirían algo, a menos que sea gritarle desde un auto alguna cochinada brutal. Obsesionarse con Megan es confesar abiertamente esa tranca.
Eso le pasó a Harvey, el gordito loser de la foto. Un inglés de once años que quiso regalarle una rosa amarilla a Megan Fox, en la premiere de Transformers 2 en Londres. El mismo a quien, luego de convertirse en un hitazo de internet, lo llevaron a Nueva York para conocer a Megan en el programa Today Show. Pero murió Michael Jackson,y con él, el sueño de Harvey: el programa se convirtió en un especial de MJ. Porque sin importar cuán flaco o experimentado uno sea, frente a una mina como Megan Fox todos somos Harvey.