SECTOR 9
No sé si han visto los letreros de Sector 9 que hay en el metro, pero son unos mala onda que dicen “Transporte sólo para humanos”, y tenían a mi primo Feto yéndose a pie a la casa porque el muy mamerto no sabía que era de una película y se lo tomó en serio (guaja).
Bueno pero los letreros del metro dicen eso porque Sector 9 es de esas típicas películas que toman cosas que pasan en la vida real, y las aplica a cosas ciencioficciosas para que uno se jure inteligente viendo la película.
En este caso lo que traspasan de la realidad es lo pelmazos que pueden ser los humanos con la gente que es distinta, ya sean afronegritos, homogays, peruanos, mutantes de X-Meny/o fans de Crepúsculo.

Porque el flim se trata de una nave gigante brígida que llega a instalarse encima de la Tierra y ahí se queda flotando como si nada, con el freno de mano puesto (sale en el póster). Nadie sabe qué onda los marcianos, pero se cacha al tiro que por lo menos son originales, porque no están ni ahí con ir a estacionarse encima de la Casa Blanca, ni del Obelisco Gringo ni de ninguno de los monumentos que siempre hacen pebre.
De hecho, no están ni ahí con Estados Unidos y por eso se van a un peladero todo pobre, lleno de afronegritos que es como las Falabellas de Ciudad de Dios (brígido), pero en inglés.

Como la nave se queda ahí flotando como si nada y no tira el rayo maldito, ni toca el ringtone pegajoso de Encuentros Cercanos del Grado Tres, los terrícolas se urgen y se persiguen solos. Más encima el sindicato de arriendaquitasoles pone el medio reclamo en la muni contra los marcianos, así que obligados a mandar helicópteros a cachar qué onda.
Cuento corto, los marcianos terminan viviendo en una Falabella del peladero, que es toda pobre y donde al tiro empieza a quedar la grande, principalmente porque los humanos muestran la hilacha y empiezan a tratar a los marcianos como las tristes, y todo porque los pobres parecen esculturas de cacuca, tienen antenas y boca de Zoidberg.

(También se parecen al flacuchento de Jurassic Park cuando hacía de científico que se fusionaba con una mosca, y después parecía mosca y se mosqueaba, en esa película que no me acuerdo cómo se llamaba).
Bueno de ahí empiezan a pasar mil cosas más, pero no pienso contarles nada más porque yo estaba con así la mandíbula mirando la pantalla y viendo todo lo que pasaba. Al principio pensé que me había metido a otro cine eso sí, porque la película parece de esos documentales de La Cultura Entretenida, pero entretenido.

Salen un montón de pericos hablándole a la cámara onda The Office, y entrevistan a expertos que cuentan toda la historia del OVEP (Objeto Volador En Pana), y uno se mete heavy porque es como si hubiera pasado de verdad.
Además muestran un montón de cuestiones grabadas con la cámara que uno tiene en la casa y con camarógrafo epiléptico, así que es más heavy todavía, y uno se lo cree todavía más porque son como videos de cumpleaños familiar, pero con las esculturas de cacuca dejando la grande en vez del pariente con cara de foto delante de las velas (maestra).

Lo otro que me gustó caleta (y por eso voy a morir pollo), es que nunca supe para dónde iba la cuestión. Con decirles que ni siquiera se cacha bien quién es el protagonista de la película. Y cuando se cacha, uno quiere que sea uno distinto porque el compadre es entero pelmazo. Pero de que está todo pasando, obvio que sí.
Uno está feliz durante todas las escenas de La Cultura Entretenida y justo cuando empieza a dar sueño, los peliculastas dicen “filo con la cultura” y empieza a quedar la grande.

Ahí empiezan las balaceras y las rayolaseras, porque estos marcianos tienen unas pistolas que te las encargo. Con decirles que hasta el rayo maldito ese que hacía polvo a la gente en La Guerra de los Mundos se queda corto con estos. También hay unas escenas que no quiero contar, pero les adelanto que en el cine donde la vi yo estaban los Transformers y Terminator 4 y estaban con así el medio cuello, todos amurrados y envidiosos, así que calculen.
En resumen, Sector 9 le lleva drama, cuestiones marcianas cuáticas ciencioficciosas, amor, soldados mala onda apestosos, nerds torturados (guaja), pelmazos rehabilitados, afronegritos mafiosos supersticiosos, escenas de acción a toda zorra -que si pusieran en el dentista el compadre no tendría para qué decir “abre la boca grande” porque uno estaría como el pelado de La Momia todo el rato-, escenas sangrientosas, escenas asquerosas, efectos especiales modernos a toda raja, e incluso como dos escenas “jajajá” y unas cuantas “aaw”.

Por todo eso debería ganarse mínimo veinticinco Oscares, dos Áltazor, un premio TV Grama, y además del peliculasta salir en la plaquita Empleado del Mes que cuelgan en la pared en Hollywood por maestro.
También merece un Amnesty Award por enseñarnos que todos los seres del universo merecen una vida digna, incluyendo las esculturas de cacuca con cara de Zoidberg. Así que ya saben, partieron al cine. Novecientos treinta y ocho millones doscientas mil dieciocho estrellasy apúrense con la segunda parte.
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