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GUMUCIO PAGA

La deuda es la última novela de Rafael Gumucio. En ella el deslenguado escritor retrata el Chile postdictadura, la clase media ascendiente, la corrupción y al red set. Hablamos con él sobre eso, Plan Z, su polémica con Warnken y Memorias prematuras, tal vez su mejor libro a la fecha. Regalamos un ejemplar entre quienes comenten.

Por Antonio Díaz Oliva

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“La deuda es una novela sobre el red set”

Sólo basta entrar a la oficina donde está instalado el Instituto de Estudios Humorísticos (en la Universidad Diego Portales) y toparse con Gumucio. Basta eso para que venga a la mente el montón de videos que uno vio en Plan Z y revivió gracias a Youtube. Mal que mal Rafael Gumucio (1970, escritor, columnista, opinólogo) alguna vez grabó ese notable sketch en que hacía de decano en el rancio y ficticio Instituto Aplaplac.

Y claro, el Instituto de Estudios Humorísticos no es más que una oficina: la de Gumucio. Por eso el escritor tiene que desempeñarse como decano, director, subdirector y auxiliar. Esa es la trinchera desde la cual, mientras dure esta entrevista, Rafael Gumucio hará las siguientes acciones: 1) alternará constantemente su atención con la pantalla del computador y tecleará de vez en cuando. 2) Verá pasar una mujer por las afueras de su oficina y le preguntará a quien escribe qué tan guapa le pareció. 3) Se referirá brevemente a los $783.932 que ganaba por hacer asesorías a la subsecretaría de Transportes (“O sea me lo ofrecieron, yo hice mi trabajo y listo. Tengo la menta limpia y no me importa lo que se diga”.) 4) Hablará atropelladamente, lo que convertirá la labor de traspasar este diálogo en un arduo y extenso trabajo.

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Hoy, ya lejos del humor Plan Z, Gumucio comenta al tema central de esta entrevista: La deuda (2009) su último libro, el cual ha sacado azotes por parte de la crítica criolla. La historia -basada en el caso de Luis Cajas, el contador que estafó a gente del espectáculo- trata sobre Fernando Girón. Éste es un director de cine que ve desmoronarse su productora cuando Juan Carlos (su contador) desaparece y deja una deudas millonarias. Ahí el sueño de Girón de grabar la película de su vida se cae a pedazos. Y con eso el resto de su existencia se complica; las relaciones con su mujer y los vínculos con amigos y cercanos.

La deuda es la historia sobre esos que en los 80 fueron oposición y los cuales, con la llegada del arcoíris de la democracia, obtuvieron protagonismo. O poder. Lo que hizo que nacieran grupos como el red set. Término que, justamente, será el detonante para que Gumucio parta hablando: “En parte sí, ‘La deuda’ es una novela sobre el red set”, dice. “Porque evidentemente Fernando y Juan Carlos, los protagonistas, son de ahí, de esos círculos”.

Pero ¿qué tan red set son los personajes?

O sea no son del súper red set, sino del más o menos piola. Pero sí, tienen los típicos problemas de ese mundillo: problemas con la corrupción, con el gobierno. Lo que pasa es que ese es un mundo interesantísimo, porque si hubiese hecho esta novela sobre el jet set o la derecha, la novela hubiese durado, no sé, 20 páginas. Porque Juan Carlos le robó a Fernando y éste lo mandó a la cárcel al primero y se acaba la trama. No existe el problema de la culpa en la derecha. Por eso la necesidad de agarrar este mundillo del cual te hablo y escribirlo.

Igual, aparte del red set, también está la arista de esa clase media o media-alta en la novela. ¿Fue algo premeditado escribir sobre ese estrato social?

Tenía ganas de escribir sobre esa clase. Además si miras la literatura chilena, hay como una tradición de hablar sobre la clase media: Jorge Edwards, Donoso, Manuel Rojas, González Vera. Hay un tema de la literatura chilena es ese nicho: cómo vemos a la clase media, cómo hablamos de ella, etc. Pero creo yo que es un tema súper poco tratado por la narrativa actual. Y para mí las relaciones de clases son importantísimas como tema literario. Ahí están las verdaderas diferencias que suceden entre nosotros. Las diferencias de razas, idiomas o color, todo eso se puede subsanar. Pero algunos nacen con más que otros y eso es algo que no se puede olvidar. Algo que cruza toda nuestra manera de pensar sobre el otro, de verlo.

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¿Y cómo metiste el conflicto de clases dentro de la trama?

Está en que uno se pregunta por qué el jefe no se comporta como un jefe normal, por qué si le robaron no llama a los pacos. Qué lo detuvo a que no acusara a Juan Carlos. Ahí hay un conflicto de clases. Y el conflicto es que ‘somos los mismos, somos de la misma clase, pero igual estoy esperando el primer momento que salga para cagarte’. Ahí me di cuenta que había muchísimos temas que tocar y que no estaban tocados, lo cual produce incomodidad a algunos. Y las críticas que he recibido me prueban que estaba en lo correcto.

¿A qué te refieres?

A que era un tema delicado y que sigue siendo un tema tabú lo de las clases sociales. Porque aunque esta novela lo trate, nadie lo ha mencionado. Y la crítica lo pasó por alto, lo cual, como te dije, me demuestra que estaba en lo correcto.

“Mi novela es valiente”. De esa manera se escudó Gumucio hacer un par de semanas. Días antes de esas declaraciones, La deuda había pasado por la lectura de los críticos criollos. ¿Los veredictos? En LUN Pati Espinosalo hizo pebre; el comentador de El sábado Rodrigo Pintodijo que con esta obra Gumucio parece haber “perdido el filo de la ironía y el desparpajo que tanto rendimiento le ha dado en obras anteriores”; y Pedro Gandolfo, en Revista de libros,acusó una abundancia de opiniones y explicaciones.

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“Memorias prematuras fue escrita en un período en que estaba muy mal”

Lo que ocurrió con La deuda es un cuadro bastante diferente a lo sucedido hace diez años cuando, en medio de un Chile que se debatía entre Lagos y Lavín, Gumucio lanzaba su primera novela. Una en que -tempranamente- contaba su vida. Memorias prematuras (1999) es para muchos lo mejor que ha escrito Gumucio. Un libro donde el escritor narra su vida; el exilio con su familia en Francia, su regreso a Chile, su fracaso con las mujeres, sus inicios en el periodismo y la vida universitaria.

Notable es el capítulo cuando -para poder estar cerca de una compañera- se inscribe en los trabajos de voluntario. Así cuenta la ida en tren al sur: “Todos cantaban, todos fumaban marihuana, todos leían a García Márquez, todos tenían a un mejor amigo que se había suicidado, todos tenían una novia a quien le escribían poemas, todos tenían un sobrenombre que preferían a su nombre normal, todos habían estado presos una noche en una comisaría, y todos estaban dispuestos a seguir cayendo presos hasta que por fin la revolución nicaragüense bajara milagrosamente hasta nosotros”. Y claro: Gumucio –o el personaje que se llama Gumucio– mira todo eso desde lejos. Como que quiere ingresar a ese mundo, pero sabe que tampoco encaja.

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¿Has releído Memorias prematuras?
No. Nunca he podido volver a releerlo. De vez en cuando lo agarro a la mitad o paso las primeras diez páginas. Pero nunca he podido releerlo entero.

¿Pero te gusta Memorias prematuras o no?

Sí, claro, me gusta. Es una novela que no me costó mucho escribirla. Fue algo fácil, simple y un poco bajo pedido. Además la hice en período en que estaba muy mal, por lo que me ayudó mucho. Me fue muy bien con ese libro, no tuve que defenderlo, no tuve que sufrirla. Sé que es mejor de lo que yo creo. Ahora, todo el mundo ve en ese libro una autobiografía, pero es una novela...

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De hecho mucha gente se confunde. ¿Cuánto tiene ficción y de realidad?

O sea la mayoría de los datos son reales. Son reales pero pasados por mi visión, como yo los vi, como yo los sentí. O como yo necesitaba verlos desde ese momento en que la escribí. Pero su estructura es novelesca y todo está tratado desde el lado de la ficción; ensamblado de una forma que parece relato y no memorias, pese a que el título lo diga.

Hay algunos colegios que dan para leer, en los cursos de la media, primero Mala onda de Fuguet y luego Memorias prematuras…

Ah ¿sí? Qué raro. Porque son dos libros que a su vez son bien distintos pero parecidos. Es extraño lo que pasa con Fuguet, ya que somos personas totalmente diferentes, de temperamento, de influencias literarias, pero que tenemos experiencias comunes que hacen que nuestros libros se parezcan. En Mala onda la escritura del personaje, la sensibilidad y su relación con el mundo de la familia se asemejan, creo, a lo que sucede en Memorias prematuras.

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Sería divertido unas Memorias prematuras 2. Porque, me imagino, cuando entra a trabajar al canal Rock and pop el personaje tendría un giro en su vida…

Bueno, por ejemplo los amigos que más quiero son los que conozco en ese momento y gracias a ese programa. Yo tuve una vida escolar y universitaria (sobre todo universitaria) muy poco feliz. Tenía pocos amigos y vivíamos en mundos muy distintos. Entonces no gocé esa onda de la universidad, del carrete, hacer proyectos. Tampoco viví esta cosa del detective salvaje, de los real visceralistas, de este grupo de poetas que se tiran a todas las minas. Y estaba dispuesto a reírme de eso hasta que me pasó lo de Gato por libre/Plan Z y tuve esa sensación de ser parte de un grupo. Podíamos hacer lo que quisiéramos y además, lo bueno, es que nos pagaban. Fue como una adolescencia tardía y, como le correspondía a nuestra generación, con un elemento de yuppismo añadido. Había plata, cierta ambición. Y todo sin inocencia.

¿Crees que se puede gestar algo como Plan Z hoy? Parece que la televisión actual no está disponible para emitir un proyecto así

Sí, claro. Lo que pasa es que no ha habido un grupo de gente con ideas.

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Pero no sé, por ejemplo, el capítulo en que hacen la recreación del golpe de estado…

Ah, sí. Eso sí. De hecho la otra vez estaba el video original y era bastante fuerte. No, pero lo que pasa es que habido programas tipo Plan Z o que imitan el estilo, pero no sucede que el canal los censure o algo así y no puedan seguir. Pasa que tienen malas ideas y por eso no funcionan. Un tipo como Álvaro Díaz, Pedro Peirano o Carcavilla no salen así como así. Incluso yo he estado la vida entera buscando tipos como esos. Por ahí Fabrizio Copano que tiene potencialidades, o Salinas, de repente, pero nadie al nivel de Plan Z. Y cuando salga un grupo de gente creativa, no es que ellos se tengan que adaptar a los medios. Al revés: los medios se van adaptar a estos personajes con ideas.

¿Y qué te pasa con lo que sucedió con Canal 13 respecto a al proyecto de Peirano y Álvaro Díaz?

O sea, tengo unas ganas increíbles de ver el programa y una lata lo que pasó. Pero hay otros espacios, en la televisión actual, para proyectos de ese tipo. Igual yo creo que el problema de fondo es que en Argentina o Estados Unidos a un grupo como el de Plan Z, lo hubiesen llenado de plata para que no se disolvieran. Pero en Chile se acabó y pasó no más.

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“Tengo una tendencia de matar pajaritos con bazucas”

La disputa comenzó con la muerte del escritor chileno (y simpatizante nazi) Miguel Serrano. A partir de eso, Cristián Warnken escribió una columna de despedida a Serrano con su siempre lirica prosa y visión. Luego Gumucio le dejó un comentario -en el blog de aquella columna- acusándolo la imprudencia de alabar a un escritor que seguía la ideología de la esvástica. Y ahí comenzaron los disparos de ida y vuelta. La polémica creció en la blogosfera y salpicó a los medios de papel. “Yo creo que lo inflé mucho. Tal vez demasiado. Lo que pasa es que tengo una tendencia de matar pajaritos con bazucas”.

¿No te da un poco de lata que se haya estirado tanto la discusión?

Yo creo que dije mi punto, lo dejé escrito en un artículo que es bastante claro. Y por supuesto que Warnken no fue capaz de responder de otra manera que no fuese la típica chilena: atacar a mis amigos, que supuestamente yo tenía un círculo de amigos que era como una mafia, que estaba apitutado, etc. El problema de todo eso, claro, es que es muy posible que me encuentre con Warnken. Porque al final el medio es tan chico.

Que es lo que se retrata en La deuda ¿no?

Claro. Una sociedad chilena chica y conectada. Y donde todos, al final, parecen conocerse o por lo menos se topan varias veces.

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4:28PM 29/05/2009

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