SALPIQUEN, CHINOS
Por si no han visto los trailers o no se han ganado la habitación del siglo XXIen 1810, les aviso que esta película se trata de don Torino (Clint Eastwood), un abuelito que está todo el día pasando rabias porque es entero mal genio y se levanta todos los días con los monos, peor que Greystoke o el monolito de 2001.
La dura, es tan cascarrabias que yo cacho que aprieta los dientes más que Wolverine, Leoncio de 300y Hulkcombinados y pensando en la injusticia en el mundo y estíticos (todo mal). Porque vieran.

Más encima anda sensible porque se le murió la esposa (pucha), y al funeral llegan sus hijos que no salvan a nadie (salieron a la mamá). Los únicos que a Torino le caen peor que sus hijos pelmazos en todo caso son sus nietos, que son más pelmazos todavía porque son como sacarle fotocopias a una fotocopia (pésimo).
Los péndex son los típicos giles que se creen el hoyo del queque. Qué, peor. Se creen la mancha de chocolate del queque, y no son ni el raspado quemado amargo del queque. Son maleducados, la cabra chica anda llena de aros y se jura punk, se ponen a mandar mensajitos en pleno funeral, le faltan el respeto a Torino, hablan fuerte en las películas, patean el asiento y corrigen a los críticos famosos, etc. (los típicos pelmazos).

Pero eso no es todo, porque para más remate están sus vecinos chinos (sus vechinos). Resulta que Torino es veterano de la guerra contra los chinos y no está ni ahí con el arroz chaufán, las películas de karate ni Hello Kitty, y adivinen quiénes se están apoderando del barrio (pista: Trabajan como ellos solos). En resumen: El pobre Torino tiene que levantarse más temprano para alcanzar a echar todos los pericos que necesita, y no quiere más guerra.
Como la película es universal (maestra), además de chinos hay flaites, y de todas las razas: Negros, italianos, latinos, e incluso flaites chinos que molestan a los chinos normales. Y un día Torino de puro aburrido va y le echa la mejor foca a unos flaites que están molestando a los vechinos, y de ahí en adelante todos los vechinos le agarran buena y lo tratan como el héroe del barrio.

Le llevan regalos, lo invitan a comer arrollado primavera, y le dicen puras cosas buena onda (en chino sin subtítulos eso sí, pero uno igual cacha por la actitud). Para que se hagan una idea de lo que pasa, aquí hay un diálogo maestro:
Don Torino: Salpiquen, chinos.
Vechino: Le trajimos un gatito que hace chao, de regalo.
Don Torino: Cómanse un wantán.
Vechino: Igual lo queremos, don Torino.
Don Torino: Bueno ya.
Hermes: Snif.

Porque esa es la gracia de estos flims. Que obvio que Torino de a poquito va cambiando y les va agarrando buena a los vechinos, y uno se emociona caleta porque siempre es heavy cuando los personajes se dan vuelta la chaqueta. Igualito a la película navideña esa famosa, pero ahora con abuelito racista en vez de viejo tacaño, y con chinos nobles en vez de los tres fantasmas.
Es tan bacán el cambio, que Torino cambia la Biosal por la Biosoya, y ahora usa hasta los sobacos el kimono. No oh, nunca tanto, pero de que emociona, emociona ene. Imagínense que hasta yo estaba con ojos de Candy, y eso que soy terrible de recio.

Hay un montón de detalles bacanes en en el flim, en todo caso, y uno lo pasa pork hasta viendo al abuelito ir a la peluquería (la dura). Y es bacán la onda papá que agarra con uno de los chinos. Porque como don Torino se las sabe todas, le empieza a dar consejos al chino chico, y es maestro porque siempre son los chinos los que andan sermoneando y repartiendo enseñanza, y hasta cuándo monopolizan la sabiduría, chinos.
Acá don Torino con el chino son como Karate Kid, pero al revés, y el maestro ahora es mucho más perro y es perro buldog en vez de pekinés, así que todo bien. (Grande Torino).
En resumen: El abuelito Clint se las manda y esta película es un millón de veces mejor que Karate Kid. Uno no se da ni cuenta que pasan las horas y al final sale feliz y con lección de vida y la cuestión. Así que yo cacho que voy a invitar a mi tata Paolo a verla, para ver si de una vez por todas se deja de transmitir en contra de los peruanos.

Porque el mensaje de El Gran Torino es muy importante: No importa la raza, porque flaitongos hay en todas partes. Setecientas ochenta millones doscientas mil noventa y una estrellas y una manda a Dios para que don Clint siga haciendo flims aunque tenga doscientos años, porque la lleva.
Si hasta canta la canción que ponen al final, cáchense. Más o menos nomás en todo caso, pero yo cacho que hasta el Chacal de la Trompeta lo perdona. (Broma, don Torino. Canta la zorra, no me mire feo ni me agarre a patadas en la cara, plis).
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