LOS HECHIZOS DE MOORE

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LOS HECHIZOS DE MOORE

Suena hiperbólico pero Watchmen –cuya película se estrena este jueves- es indudablemente el cómic más alabado de todos los tiempos. Pero a pesar de todos sus méritos, esa novela gráfica es apenas la punta del iceberg creativo que se oculta tras la gruesa barba, y la desgreñada melena metalera, del escritor inglés Alan Moore. Una autor que odia los remakes de sus cómics, haciendo una simple pregunta: ¿Para qué adaptar e imitar obras ajenas, si perfectamente puedes crear tu propia historia? Acá desentrañamos sus mejores novelas gráficas con links incluidos.

Por Alejandro Lecaros

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EL EXTRAÑO DE PELO LARGO

Genio y malgenio, Alan Moore se ha encargado de desarmar manoseados moldes para construir sus novedosos universos de ficción. Y lo ha hecho con la misma facilidad que tiene para disparar agudas críticas contra las industrias del cómic y el cine.

Creador de una obra que siempre se ha movido hacia adelante, su obra ha alimentado una industria que hace todo lo contrario: Se inmoviliza mirando hacia atrás, comprando los derechos de sus cómics para hacer remakes fílmicos.

Sin duda esto del estancamiento creativo tiene algo que ver con las públicas diatribas de Moore contra las adaptaciones de sus cómics. Famosa fue la vez en que demandó a Joel Silver productor de la película V de Vendetta, porque éste había asegurado que el inglés estaba feliz con la adaptación.

Mala leche lo de Silver: El mismísimo Moore declaro que no ha visto -ni pretende ver- ningún filme basado en sus historietas. Y después de La Liga Extraordinaria, una aberración mayúscula basada en su cómic Liga de Caballeros Extraordinarios (1999) –que pueden leer acá-es imposible culparlo.

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Aún así algunos críticos señalan que el ego de Moore es tan grande que le impide ver más allá de su propia nariz. Y es posible. Sin embargo, a diferencia de un fan irritante que se queja porque el traje del héroe parece armadura en lugar de tela, lo de Moore tiene que ver más con una postura ante la vida –una idea sobre la que se construyen todas sus novelas gráficas- que un capricho autoral.

En su caso no se trata de que “mi cómic es tan maravilloso que nadie puede adaptarlo bien”, sino de un mejor argumento: “¿Para qué adaptar e imitar una historia ajena, si perfectamente puedes crear tu propia historia?”. Buena pregunta, ¿verdad?, una con la que aborda toda su obra: Encontrar nuevos caminos, romper las convenciones, superar la pereza de seguir moldes precocidos, y arriesgarse a crear un camino propio.

Toma por ejemplo V de Vendetta (1982 a 1988) –el link para leerla acá-y su apasionante relato acerca de un justiciero enmascarado que aboga por la anarquía, como única respuesta posible ante el fascismo de una Inglaterra futurista. Anarquía entendida no como desorden y caos sin sentido, sino como libertad de sentir, crear y pensar por uno mismo, sin dejarse amarrar por ningún miedo. Como le enseña V a la dulce Evey: “Cuando pierdes el miedo a morir, eres libre de vivir”.

También puedes verlo en su majestuosa novela gráfica From Hell (1991 a 1996) –disponible aquí-que con la excusa de los crímenes de Jack el Destripador presenta la idea de que uno es producto de su época, de que en cada uno vive el espíritu de su tiempo y que sólo entendiendo al mundo en que vives -con sus mentiras, conspiraciones y secretos-, puedes comprenderte a ti mismo. Y si no lo haces, si no buscas el quiebre con todo eso, estás condenado a seguir repitiendo lo mismo una y otra vez.

Visto así, el tema recurrente de Moore y su obra es simplemente el enfrentamiento entre libertad y opresión en todas sus formas. Un enfoque del que ni siquiera sus aproximaciones a los cómics de superhéroes se han salvado.

Ese es el caso de Watchmen (1986), la novela gráfica más elogiada de la historia (que pueden leer acá)una demostración de creatividad y rupturismo que movió a confusión y malentendidos, provocando efectos totalmente opuestos a los esperados originalmente por el barbudo autor.

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EL PROBLEMA DE WATCHMEN

Ambientada en un 1985 alternativo, con un Richard Nixon en su quinto mandato, los vigilantes enmascarados proscritos por la ley, y una guerra fría entre EE.UU y la URSS más caliente que la que vivimos en nuestro 1985, Watchmen es una historia de misterio que mira de forma cínica y realista a los superhéroes.

Acá en lugar de ser apolíneos justicieros, seres bidimensionales que luchan por el bien como sucede en los cómics tradicionales, los “vigilantes” de Watchmen se mueven por fracturas propias, están llenos de conflictos personales y tragedias que hacen que Peter Parker, con sus dificultades con las chicas, escasez de dinero, etc... -en síntesis, problemas de gente normal- parezca, ejem, una caricatura.

Los de Watchmen no sólo son tipos con más pinta de luchadores de la WWE de la época de Hulk Hogan -esos gordos que usaban trajes ridículos hechos en casa con sobras de géneros- que grandes superhéroes. Son además personas disfuncionales que incluyen en su historial abusos sexuales, discriminaciones, traiciones políticas, relaciones masoquistas, demencia y graves problemas de autoestima, entre otras perlas que harían que Peter Parker se colgara con su telaraña.

Y peor que eso, los de Watchmen son enmascarados que no se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, de que sus acciones heroicas en realidad no influyen en nada. Son apenas unos ladrillos más de la muralla. Como uno, como todos.

Esta visión sombría y pesimista de los superhéroes fue un bombazo en su época. Junto a obras como The Dark Knight Returns (1986) de Frank Miller y Maus (1973 a 1991) de Art Spiegelman, Watchmen demostró que los cómics podían alcanzar un elevado nivel de complejidad y compartir estante con obras literarias tradicionales.

Pero acá es donde según Moore todo salió mal.

Él esperaba que el éxito de Watchmen motivara a los autores a ser creativos, a explorar nuevas ideas y técnicas de narración, a salirse de los moldes que uno recibe la mayoría de las veces cuando toma un cómic de superhéroes. Pero no muchos entendieron eso. O simplemente no les dio la imaginación y copiaron la forma: Creyeron que como Watchmen era realista y oscura, todo cómic que quisiera ser reconocido como adulto tenía que ser igual.

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Y, claro, como no todos tienen el talento de Alan Moore, la mayoría de los cómics mainstream de los últimos 25 años ha estado plagada con trágicas y “realistas” historias donde los superhéroes se vuelven locos o golpean a sus esposas y sus novias son abusadas por los villanos. Todo en medio de invasiones secretas, crisis infinitas, violencia, tetas, culos y un largo etcétera de ingredientes dignos de reality show.

O sea, en lugar de explotar creativamente se creó un nuevo estancamiento que, salvo honrosas excepciones, se ha masificado.

Alan Moore sin embargo ha sido un antídoto contra esto. Su trabajo en cómics de superhéroes, como sus etapas en La Cosa del Pantano, el británico Miracleman (1982 ), su elogiada Batman: The Killing Joke (1988) y sus historias de Superman, tienen mucho de esta mirada realista a la hora de encarar la dimensión más fecunda de cualquier historia: La sicología de sus protagonistas.

Por ejemplo, The Killing Joke -que pueden leer acá-es un escalofriante estudio de personajes donde Moore plantea que la única diferencia entre el Joker y Batman es que cada uno enfoca de forma diferente su locura: Uno se disfraza de murciélago y el otro se convierte en un payaso asesino, pero ambos quedaron chalados tras vivir un mal día.

La otra cara de la moneda son los cómics de Moore que desbordan fantasía a chorros y escapismo, como su etapa en Supreme, un clon súperviolento de Superman creado en los años 90 por Rob Liefeld, en una era en que los cómics de superhéroes permanecían anclados a un oscuro lugar.

Cuando Moore tomó a Supreme, decidió que si ya había destruido la ilusión de los superhéroes, deconstruyendo el arquetipo con Watchmen, era hora de reconstruir los mitos. Y vaya que lo hizo: Es casi unánime la opinión de los fans que definen a su Supreme –su primera parte en este link-como el mejor Superman.

Con guiños y actualizaciones a las locas aventuras y conceptos de los años 50 y 60 -como un súperperro, fortalezas gigantes, villanos bizarros e identidades secretas- Moore demuestra que con creatividad cualquier idea puede ser buena y sorprendente.

¿Otro botón de esta dimensión fantasiosa de Moore? Tom Strong, un héroe estilo pulp creado para su línea de cómics ABC, una cátedra de cómo deberían funcionar los cómics de superhéroes modernos: Imaginación y maravilla.

Tom Strong (1999) – disponible acá-es el arquetipo del aventurero de cómics, un héroe “científico” capaz de realizar miles de proezas con sus poderes, miembro de una familia súperpoderosa, y que incluye a un robot a vapor, un gorila humanoide, viajes en el tiempo, mundos alternos, aztecas, misterios mayas, invasiones extraterrestres, y un largo etcétera.

Acá Moore abrazó la tradición fantástica del género heroico para producir un puñado de encantadoras historias de superhéroes, mejores y más entretenidas que gran parte de lo que vemos actualmente en las tiendas de cómics.

Más allá de sus coqueteos con la dimensión más clásica y fantasiosa de los cómics, la cruzada que Alan Moore plantea en sus obras es lo mismo que el enmascarado V hace en V de Vendetta, por ejemplo, o lo que ocurre en las viñetas finales de Watchmen, cuando un periodista sin noticias descubre el diario de Rorschach, ese que guarda toda la desconocida verdad de cómo se construyó el nuevo orden mundial: El desafiar los moldes y la conformidad, para subvertir el agobiante -y falso- orden establecido.

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“La escritura y la poesía son las principales formas de magia, porque es un fenómeno lingüístico. Aleister Crowley fue el que dijo que es una enfermedad del lenguaje. La palabra inglesa 'spell' significa conjurar o hacer un hechizo y también deletrear o escribir. Mantengo que el arte es magia y que escribir es un acto mágico”, dijo en una entrevista.

Al final la obra de Moore parece decirnos que uno elige la ficción que quiere vivir. Si someterse a estructuras y convencionalismos probados, o arriesgarse a intentar crear algo. A vivir cómodo en un remake de vidas ya vividas o intentar buscar lo nuevo, lo brillante, lo dorado. Deletrear tu propio acto de magia.

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ETERNO RESPLANDOR
 

Último comentario:
Dickeiro  escribió...

Moore es un genio, medio loco, pero qué genio no lo es? En fin... por lo menos se han seguido haciendo cosas buenas... como la línea Vertigo de DC que sigue sacando cosas interesantes... En resumidas cuentas... toma es ...

12:28PM 09/03/2009

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