Cuando uno piensa en una nueva serie de HBO las expectativas se disparan: Si algo ha hecho ese canal, es redefinir las series de televisión con elencos monstruosos y guiones filete. O sea: Oz, Los Sopranos, The Wire, Mad Men,Curb your Enthusiasm. ¿Qué más se podía pedir? Una de vampiros que estuviera a la altura. Vimos la primera temporada de True Blood y podemos asegurarles una cosa: HBO lo hizo de nuevo.
Por Diego Muñoz
Un ejecutivo del canal pidió una serie de vampiros y tuvo el buen ojo de encargársela ni más ni menos que a Alan Ball, el sequísimo escritor que tan bien habló sobre la vida, la muerte y los gringos en “Belleza Americana” (1999) y esa otra joya de HBO que es “Six Feet Under”.
Con todos estos antecedentes las expectativas ya están en un punto bastante difícil de satisfacer, pero la verdad debe ser dicha: “True Blood” es una tremenda serie.
Anna Paquin (la niñita de “La lección de piano” (1993) y no tan niñita en las “X-Men”) es Sookie Stockhouse, una mesera que no le aguanta nada a nadie y tiene dos talentos: Verse bien con poca ropa y leer las mentes de las personas.
Trabaja en un restorán donde los clientes son todos viejos verdes y campesinos intolerantes. Su hermano Jason es un vividor sin futuro, su mejor amiga Tara es una negra furiosa -mezcla entre Malcolm X y el Chico Migraña- y su jefe Sam, el clásico bonachón que la ama en secreto. Y aunque todo esto basta y sobra para una temporada completa, más encima están los vampiros.
Esta serie transcurre en un “futuro cercano / universo paralelo” en el que los vampiros han existido desde siempre, y donde han empezado a “salir del ataúd” recientemente, para buscar su lugar en la sociedad. Todo gracias a la salida al mercado, de una sangre sintética que les permite alimentarse sin tener que “delinquir”.
Y esa es la chiva perfecta para que Alan Ball meta todos sus rollos políticos y sus (justificadas) trancas con los gringos. Los vampiros son una nueva minoría que la sociedad puede detestar sin pudor y el subtexto está clarísimo: Los mitos asociados al vampirismo, los miedos que despiertan y el choque con la religión establecida, hacen que la gran mayoría “saque las garras” y concentre en los vampiros todo el odio y el miedo que en la historia han recibido los negros y los homosexuales, por nombrar sólo dos grupos que han sufrido discriminación masiva.
En la serie los paralelos son explotados de manera muy inteligente: Por una parte está la visión del otro como enfermo, el miedo a la sangre infectada y la tranca religiosa (homosexualismo), y por otra esas ganas de ser como el otro, en este caso porque los vampiros son cool y tienen una gran “performance” sexual (unos de los estereotipos del “negro”, que tanto asustan/fascinan al blanco). Con decirles que la sangre de vampiro se comercializa entre los humanos como una súper droga / viagra. ¿Cómo no se le había ocurrido eso a nadie antes?
Pero todos estos volones políticos pasan piola. En su superficie “True Blood” es un placer para todos los fanáticos de los vampiros. A diferencia de Crepúsculo,que de tanto reinventar termina en cualquier cosa, las criaturas de esta serie son vampiros hechos y derechos que siguen todas las reglas que conocemos, y agrega otras que resultan fascinantes. Es un mundo tan bien armado, que en el episodio 12 se siguen descubriendo detallitos sobre la comunidad vampírica, algo que resulta completamente adictivo.
Las comparaciones con Crepúsculono son gratuitas. La serie también se cuelga del amor entre el vampiro inmortal y la humana, que es tanto fuente de afecto como de alimento. Las dos tienen por protagonistas a chicas rudas capaces de pelear por lo que quieren, las dos tienen a un vampiro mino que dejará a todas las espectadoras mostrando el cuello, y las dos hacen chocar a los personajes y sus respectivas especies por culpa de su amor.
Pero “True Blood” tiene algo que le falta a la otra, y eso es carne. Mucha carne. Y todo lo que escandalizaría a las fanáticas de Edward –o más bien a sus madres-: Ultra violencia y sexo, de manera que harían sonrojar a los personajes de Roma. Así que ya saben. No apta para menores.
Si hay una queja que hacerle a “True Blood” es a los efectos especiales. Aunque conceptualmente cubren todos los detalles para que uno se crea que este mundo es real, a veces son un pastelazo, llegando al nivel de esas películas de dragones y hechiceros del Hallmark.
Pero no se equivoquen: Los tremendos personajes como el galán vampiro Bill, la ya mencionada Tara, el cocinero Lafayette (anoten: Negro, peleador, gay, traficante y prostituto), los vampiros malos, o un gordo solitario vampiro loser; unido a lo complejo y rico del mundo de la serie, hacen que uno le perdone los efectos especiales charcha, algunas actuaciones acartonadas, e incluso ese gusto a poco que dejan los primeros capítulos. Pero les advierto: Del episodio seis en adelante se hace adictiva.
Si todavía no están convencidos, vean la secuencia de créditos iniciales creados por los secos de Digital Kitchenque también se han mandado créditos iniciales tan inolvidables como los de “Six Feet Under”, “House”o “Dexter”:Este minuto y medio de imágenes y música ondera, resume perfectamente lo que es la serie, el tono, sus temas y espíritu. Un siete.
En resumen, aún no está a la altura de los mega clásicos de HBO, pero es bien posible que termine ahí. Y Anna Paquin se acaba de ganar el Globo de Oro a la mejor actriz en serie dramática, así que a verla no más con confianza.
“True Blood” debuta este domingo 18 de enero en HBO a las 22:00 hrs. Los capítulos se repiten los jueves a las 20:50 hrs.
Kel en los matinales, en los diarios, en portadas de revistas y ahora representando a Chile como Miss Teen. Hablamos con la hija de la Quintrala en este MSN.
Último comentario: Pauli escribió...
La empecé a ver desde que salió en gringolandia (www.darkville.com.mx) y me enganché entera porque me gusta la tontera del vampirismo jaja y concuerdo contigo en lo de los personajes, eso si Lafayette la lleva, las ...