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¿HAY VIDA DESPUÉS DEL POP?
“Nocilla Experience” es muchas cosas a la vez. Un libro fragmentado que bebe más de la TV basura que de la literatura y cuenta, por ejemplo, la historia de niños que corren por los oleoductos de la antigua Unión Soviética o la de un tipo que diseña una casa para suicidas en Nueva York. Hablamos sobre aquello y más con su autor, el español Agustín Fernández Mallo, quien anduvo de paso hace poco por Chile. Entre los que comenten, sorteamos un ejemplar autografiado.
Por Antonio Díaz Oliva

Una de las tantas historias que se pueden hallar en “Nocilla Experience” es protagonizada por Harold, un médico que se divorció hace poco. Y quedó tan mal con la ruptura que dejó su carrera y se fue a vivir a otra parte. Tiempo después, en un supermercado, compró un cereal. Vio que la fecha de caducidad que salía en la caja, era la misma fecha que el cumpleaños de su ex esposa. Aquella coincidencia hizo que Harold fuera a la tienda de vuelta y comprara todos los cereales con esas coordenadas.
Y desde aquella vez se puso a hacer dos cosas sin parar: comer corn flakes y jugar tenis en una consola. Hasta que se dio cuenta que ya no le quedaban cereales. Había terminado todas las cajas. En ese momento sintió que debía empezar una nueva etapa en su vida. Otra historia: Todos los años se suicidan miles de personas en Nueva York. Ernesto vive en Brooklyn y maneja una grúa en el puerto. Y una tarde, a partir de reflexiones varias, se le ocurre diseñar una torre para los que quieran matarse. Así la describe: “…consta de un ascensor que eleva al suicida desde una planta baja, donde hay un servicio de capellán, cafetería, algo de comida rápida, gabinete psicológico (…), espacio para los familiares y enfermería por si el intento resulta frustrado, hasta la altura de un octavo piso”.
Ésas son algunas de las historias que se pueden hallar en “Nocilla Experience (2008). Historias dispuestas de manera fragmentada, que hacen que la alabada obra del español Agustín Fernández Mallo (41) se asemeje más a navegar en Internet que a leer una novela lineal. Una obra que tiene más de link y saltos de un tema a otro, que de diálogos y el desarrollo de una sola idea.
“Nocilla Experience” es la segunda parte de una trilogía que comenzó con “Nocilla Dreams” (2006), libro que no se encuentra disponible en Chile. En España los elogios y repercusiones han sido abundantes, tanto que ya han salido otros autores con un estilo y estética similares, a quienes se las ha tildado de generación “Nocilla” o “Afterpop”. La tercera entrega se llamará “Nocilla Lab”, pero -ojo- es posible leer de manera desordenada los volúmenes, ya que a fin de cuentas, son una trilogía por la estética que hay en las obras más que por una trama en conjunto
Aunque a “Nocilla Experience” la venden como una novela, al leerla cuesta decidir si efectivamente lo es. A ratos juega con las imágenes, números, poesía y hasta citas de cantantes pop y rock insertas en las páginas. Y ahí precisamente está la gracia. Porque por momentos, cuando la mezcla de esos ingredientes se hace lúdica y rápida, es cuando el libro alcanza su mayor nivel.
Esa misma mezcla hace de “Nocilla Experience” una radiografía de cómo se van deshaciendo (o fundiendo) los límites formales de la novela actualmente. Una confusión que -cuando en la obra de “Fernández Mallo” se suministran en dosis precisas- hace del libro una lectura anómala pero adictiva.
DÍAS (AÚN MÁS) EXTRAÑOS

Fue en 1992 cuando el escritor español Ray Loriga publicó “Héroes”, una novela que daba lo mismo donde uno la abriese, porque parecía no tener comienzo ni fin. La trama podría ser resumida en un tipo que encerrado en un hotel, imaginaba historias. Y asimismo hablaba sobre cultura pop; música, directores y actores gringos. Pero más que nada, imaginaba historias y las contaba desde su pieza.
Tomemos ese referente, ya que en “Nocilla Experience” pareciera suceder más o menos lo mismo en un sentido. Pareciera que hay un narrador, encerrado en su pieza también (aunque no se haga explícito). Sólo que este tipo navega en Internet. Y es él quien nos cuenta historias. Es él quien se mete a páginas web y hace copy/paste de entrevistas a Radiohead y PJ Harvey.

Lo de Loriga, claro, es una hipótesis libre. Un referente para poder abordar “Nocilla Experience” desde algún ángulo. Porque el mismo Agustín Fernández Mallo aclara que si bien le gusta Loriga, su literatura no tienen nada que ver:
“La gracia de Loriga fue que apareció en la escena española con un tipo de literatura que no se había hecho, con referencias más anglosajonas que españolas o hispanoamericanas. Lo que también le valió al pobre, que lo trataran muy mal. La campaña en contra que se le hizo es una que nunca se había visto en España. Pero mi literatura y la suya no tienen nada que ver”, dice Fernández Mallo. En la novela, al final, agradeces “…a la programación de televisión más allá de la medianoche”, ¿cuánto hay de referentes no literarios en la redacción de “Nocilla Experience”?
“Lo que pasa es que mi literatura se fragua con cosas extra literarias. A mí me ayudó más a ser escritor lo que está en la teleserie, que la misma literatura. Leo poco, en verdad”.

Pero la televisión, por ejemplo, ¿qué tanto te influyó?
“Sí, bueno, pues la tele harto. Pero también las ciencias y la publicidad. Todo eso lo he puesto en mis novelas. Y también en mi poesía. Lo que pasa es que leo pocas novelas porque mientras más leo, peor para mi lado creativo. Por eso prefiero leer otro formato como el ensayo. O poesía, por ejemplo”.
Que es el mundo desde el cual vienes…
“Claro. Cuando yo escribí las tres novelas (las tres seguidas) en el año 2004, lo hice sin saber si me iban a editar ni la primera. Porque como vengo de la poesía, es decir estoy acostumbrado a escribir cosas que nadie lee, te da igual”.
Da la sensación de que muchas de las historias tienen ese toque de película de trasnoche. O de realities y teleseries reciclados…
“De las teleseries me he inspirado mogollón. Hasta hay versos muy buenos ¿eh?, que he escuchado ahí y me sirven luego, de alguna manera, para mis poemas. Y están series también. Bueno, lo que dan en España: Dr. House, CSI, Lost y Dexter. Lo que pasa es que hay series mucho mejores que el cine. Pero sí, al final, todo eso es lo que convergió para la creación de la trilogía”.

EL HOMBRE QUE SALIÓ DE LA TARTA DE NOCILLA
Una última historia de las que salen en “Nocilla Experience”: dos niños intentan cruzar las fronteras de lo que alguna fue la “Unión Soviética”. Lo hacen desde abajo. Desde los oleoductos que unieron a la URSS con Ucrania y Kazajstán, cuando estos países le proporcionaban petróleo a través de “miles de kilómetros bajo tierra de un geométrico laberinto de acero, plástico y hierro, totalmente vacío (…)”.
Más allá de la historia misma de los niños, lo que resalta es el escenario: ahí están los deshechos de la sociedad del siglo XX. Los escombros de lo que, años atrás, fue una potencia mundial.
Varias historias de "Nocilla Experience" tienen esas mismas ruinas del mundo actual como telón de fondo. Y ahí entra –tal vez- uno de los pocos referentes literarios que tiene esta trilogía: James Graham Ballard autor de Crash (73) y El imperio del sol (84), entre otras novelas.

“Hombre, Ballard es uno de los mejores escritores vivos. Se le ha redescubierto ahora, porque siempre se le tuvo de ‘ciencia ficción’, como algo secundario. Pero no sé, a mí la ciencia ficción no me interesa; la encuentro un poco ingenua como literatura. Me interesa más en el cine porque sucede más rápido. Pero la importancia de Ballard es que ha puesto, en sus libros, al ser humano en un ambiente catastrófico. Para desde ahí, imaginar cómo se iría desarrollando la humanidad.
¿Y qué tienen en común?
“Que a mí, por ejemplo, las ruinas contemporáneas me encantan. A mí el hormigón y el plástico, de manera estética, me excitan. Y me ponen muy contento. Por eso, Ballard tiene escenarios de esos materiales, pero como ya derrotados. Como una suerte de ‘el romanticismo llevado a las ruinas contemporáneas’. Pero, claro, esos escenarios también tienen que ver con el momento en que concibo estos libros”.

¿Qué momento fue ese?
“Mira, yo iba a ir a un viaje a Tailandia y tal. Y entonces, antes de partir, vi en el New York Times una imagen en que salía un árbol lleno de zapatos colgados en el desierto de Nevada, Estados Unidos. Me pareció una imagen potentísima. Y me fui con esa fotografía a Tailandia en la cabeza. Entonces ocurrió que al llegar (yo iba con mi chica), al tercer día nos atropella una moto. Íbamos en un paso de peatones muy a la Blade Runner (porque llovía y había casas pequeñas muy extrañas), vino esta cosa y salimos por los aires”.
¿Y qué te pasó?
“Me rompí la cadera y tuve que estar tres días en el hospital. Postrado en una cama, haciendo zapping en un televisor, viendo canales en tailandés, chino, idiomas que no conocía. Y de repente se me apareció aquella imagen del árbol con los zapatos. Nuevamente. Ahí me puse a escribir compulsivamente. A hacer algo que yo no sabía dónde se dirigía, ni menos que sería publicado. Y bueno, varios días después tenía ‘Nocilla Dreams’”.
Para finalizar, una advertencia a los que se tienten de agarrar el libro: Con “Nocilla Experience” no esperen literatura convencional. A ratos, la lectura de la obra de Fernández Mallo –en especial por esa estructura quebrada- deja con mareos. Ya dijimos que hay en ella más de navegar en Internet, que de enfrentarse con una novela lineal, eso de saltar de un sitio web al otro, sin haber terminado la lectura de los textos del primero.
Por ello lo recomendable es leer Nocilla Experience de manera pausada. Porque tiene algo de cucharear el tarro de manjar o de Nutella (la Nocilla justamente es una crema de avellana que se vende en España). Por eso: consúmase en dosis saludables. A cucharadas y pausadamente. De otra manera, si se opta por el exceso, puede que uno sufra un empalagamiento literario.
Lee un trozo de “Nocilla Experience” acá.
¡CONCURSO!:
Sorteamos un ejemplar autografiado de “Nocilla experience”. Para concursar postea con tu mail verdadero y listo. Agradecimientos a Andrea Truffello y a la editorial Alfaguara.
El ganador de “Mi cuerpo es una celda”, la autobiografía de Andrés Caicedo “dirigida y montada” por Alberto Fuguet es José Luis Eyzaguirre.
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