Perder tu sueño y quedar insomne. Eso le pasó a Rafael Casanova cuando en 2006 congeló sus estudios de composición musical en la Escuela Moderna para optar por una carrera que le garantizara una vida más "normal". Entonces, intentando un corte radical con su vida anterior, decidió vender cada uno de sus instrumentos. Había perdido su sueño y ya estaba preso del insomnio. En esas noches sin dormir terminó componiendo la banda sonora de un film inexistente. La misma que puedes bajar gratis, después de esta sinopsis.
El EP y el primer disco de Sensorama 19-81, cortesía de Rafael Casanova.
NUBOSIDAD PARCIAL
"Cuando iba al colegio, todos los días me despertaba con la tele de mis papás. Lo primero que escuchaba era el informe del tiempo; la señal de que la jornada comenzaba y tenía que levantarme, tomar el desayuno en la cocina, correr para no llegar atrasado. Y siempre con esa sensación de querer escapar a esa rutina, pero sabiendo que no se podía", dice Rafael Casanova(24).
Llegar del colegio. Dormir. Volver a despertar con la televisión de fondo dando el pronóstico del tiempo. Salir y terminar el día, sólo para volver a empezar de nuevo. Despertar otra vez, con la televisión de fondo dando un pronóstico distinto, pero que remite al anterior. La vida como un loop.
Ese sampler del informe del tiempo se repite en "Ruinas de ciudad bajo un glaciar", una dramática suite que entre violines trágicos y pianos melancólicos, anuncia un día nublado. Una de las doce pistas que forman el soundtrack compuesto por Rafael Casanova. La banda sonora de una película inexistente que, a pesar de ello, todos proyectamos día tras día. "La ciudad está en un constante movimiento circular”, dice él, mientras se fuma el último cigarro de su cajetilla.
Un día Rafael Casanova salió del colegio. Cambió el uniforme escolar por la libertad del aspirante a músico. Entró a estudiar composición y se puso a trabajar en lo que saliera. Fue mozo de restaurante, empaquetador de supermercado, animador de karaoke, todos trabajos que realizó en el transcurso de un par de años para comprar cables, micrófonos, instrumentos. Hasta que decidió renunciar a medio camino y puso sus instrumentos a la venta.
Entonces Casanova congeló sus estudios de composición musical y decidió buscar la estabilidad en una carrera “normal”. Volver a despertar con el pronóstico del tiempo de fondo, antes de ponerse un nuevo uniforme. La vida como un loop. Así perdió su sueño.
"Pasaba varios días sin dormir. A las 5:30 empezaba a escuchar las micros y toda la gente que se levantaba para ir al trabajo. Me volví un testigo de la rutina de personas que caminaban todos los días por el mismo lugar: Desde nanas que cruzaban toda la ciudad para llegar a sus trabajos, hasta escolares que esperaban la micro muertos de frío en el paradero. Me pasaba horas observando, reteniendo caras, imágenes, conversaciones que me costaba olvidar".
En lugar de pedir hora al psiquiatra para tratar su insomnio, Rafael Casanova eligió la autoterapia. Sentarse frente al piano y componer su propio mediometraje sonoro. Una forma de despedirse de los instrumentos que finalmente nunca vendió. Los mismos que terminaron dando vida a “Retrato de un desconocido” (08), su muy buen disco debut.
En el pequeño estudio casero de Rafael Casanova hay fotografías de sus directores de cine favoritos, radios de la década del 30, gráficas que parecen sacadas de la carátula de Kid A y, obvio, muchos vinilos e instrumentos. Los instrumentos que finalmente no puso a la venta.
En medio de todo eso sobresale un ejemplar de "Un mundo feliz" (1932), el libro de Aldous Huxley que tuvo que leer de mala gana en cuarto medio, y donde por primera vez supo del Sensorama: El cine multisensorial que puede recrear espacios y situaciones reales o que simplemente estén en la mente de cada uno.
Para un adolescente que prefería pasar la mayor parte del tiempo encerrado en su pieza creando sonidos con sus pedales de guitarra, interpretando a Beethoven y Chopin en piano cuando niño, o jugando con un teclado Casio con Depeche Mode de fondo después, el descubrimiento fue una revelación tan grande como trabajar en el Blockbuster; un empleo donde el escaso sueldo se compensaba con poder llevarse gratis tres películas diarias.
"Allí me enganché para siempre con el cine y empecé a apreciar el arte de las bandas sonoras. Casi todas las semanas me llevaba “Agosto” (1996) de Anthony Hopkins sólo para escuchar la música. Rayaba con las guitarras de Neil Young en “Dead Man” (1995), las orquestas de cuerdas de “The Human Stain” (2003) y la obra completa de Lynch. Todas eran muy distintas entre sí, pero tenían la virtud de contarte la película a través de melodías. Escuchabas el soundtrack y te quedaba la misma sensación que al leer el guión".
Entonces arrendó “Río Místico” de Clint Eastwood. "El film era buenísimo, pero la banda sonora era un horrible compilado de free jazz que no tenía nada que ver con la trama. Fue tanto el conflicto, que se mismo día me senté frente al piano y decidí hacerle mi propio soundtrack".
Esa noche nació el germen de una pieza que años más tarde se transformaría en "Piloto Automático", uno de los primeros temas que dio forma a "Retrato de un desconocido" (08), su debut. Un disco evocador construido a partir de guitarras, teclados, sintetizadores y theremin —todos instrumentos tocados por el autor—, junto a otros como saxo, viola, cello, contrabajo y piano, interpretados por casi una docena de músicos de sesión siguiendo sus partituras.
La banda sonora de una película no filmada, inspirada en el insomnio y la rutina urbana, fue firmada por el novel compositor bajo un alias salido de un viejo libro: Sensorama 19-81,el cine multisensorial que aparece en “Un mundo feliz" (1932) de Aldous Huxley, el lugar para recrear situaciones reales o que simplemente estén en la mente de cada uno.
"Me di cuenta que eso es lo que yo trataba de hacer con la música, claro que a un nivel mucho más precario. Si alguna vez lograba salir de las cuatro paredes tenía que ser bajo ese concepto. Melodías que no sólo se pudieran escuchar, sino también ver. Era una utopía que me quedó dando vueltas siempre".
Una utopía que se materializó años más tarde cuando compuso insomne, la banda sonora de una película cuyas imágenes dependen, del lienzo cerebral sobre el cual se proyecte. "Siempre he fantaseado con la idea de hacerme un blog, subir los temas y que cada persona dibuje o escriba algo para cada uno de ellos. Me parece súper interesante saber cuál es el lugar o situación que le evoca al resto. Si logras imaginarte algo, quiere decir que funciona".
Y lo hace. Después de oír su disco podemos asegurar que por ahora, Casanova puede dormir tranquilo.
Descubre que te imaginas tú. Baja acácompleto y gratis “Retrato de un desconocido” (08), el muy buen debut de Sensorama 19-81, más su primer EP. Todo, cortesía de su autor.
Fotos: Claudio Caiozzi, Pablo Núñez y Santiago Figueroa
2.- Rufus Wainwright: "Cigarettes and chocolate milk"
3.- Bach: "B minor mass"
4.- Sufjan Stevens: "Chicago"
5.- Gillian Welch: "Everything Is Free"
Último comentario: Gonzalo-werk escribió...
Pienso igual. Lo mejor que he escuchado en el año he incluso hace un par de años. Necesitaba escuchar algo asi y de la nada apareció, y en Chile mas ensima. No me gusta tirarle muchas flores a los grupos en general, ...