¿Cómo sonarían 150 músicos, acompañados de 150 instrumentos diferentes, todos puestos bajo una misma bóveda y tocando lo que les venga en gana durante dos horas, al unísono? Así es Musicircus, una obra de John Cage que se montará por primera vez en Latinoamérica en los patios de la Casa Central de la UC, interpretada por gente como el doble porteño de Elvis, chinchineros, gaiteros nacionales, inventores de instrumentos, músicos doctos y hasta un clown que toca el serrucho. Se lo preguntamos a su organizador, y la cara se le llena de risa cuando dice que no tiene idea de a qué carajos va a sonar todo eso.
Por Carlos Salazar
AL UNÍSONO
El Centro de Extensión UC donde se realizará el Musicircus, fue en alguna época de la prehistoria nacional el Instituto Luis Campino. En sus patios Marcelo Rossicomía berlines y era compañero de curso de Marcelo de Cachureos.
Rossi, el Elvis chileno, hoy tiene 73 años y es un número confirmado para Musicircus, una (no) orquestación del compositor estadounidense John Cage (1912-1992), una obra que para describirla, es más fácil hacerlo con números: “150 músicos tocando simultáneamente 150 variaciones musicales distintas en un solo lugar, durante dos horas”, resume Sebastián Jatz (33) , el músico nacional detrás de todo esto.
Es más fácil porque ni él ni los 150 participantes saben a ciencia cierta cómo va a sonar la obra. Porque cada uno va a tocar lo que más le gusta: Para interpretar esta obra no hay ninguna otra indicación al respecto, salvo hacerlo durante dos horas, sin parar.
La lista de intérpretes para esta versión chilena está formada por un grupo de músicos del mundo académico -intérpretes de piano, clavecín y guitarra flamenca- y toda la fauna musical experimental y callejera que respondió al llamado de Jatz. Desde chinchineros a gaiteros nacionales, que darán vida al circo sonoro de Cage. Entre ellos, Marcelo Rossila encarnación porteña del mismísimo Elvis.
“Yo haré una presentación como la que hice en el Vive Latino, donde cante para 50 mil personas junto a los Difuntos Correa. No a esa altura claro, mi espectáculo es más acotado esta vez”, cuenta el Elvis porteño un día miércoles, mientras se prepara para barrer con las boites de Valparaíso sin parar hasta el domingo.
“La verdad es que no conozco a ese señor Cage. Siempre he sido un solitario, pero creo que tocar en ese evento con todos reunidos debe ser como en las fondas, donde unos bailan con la música de la fonda de al lado”, opina Rossi.
¿Cómo se imagina usted ese sonido?
— Me imagino que debe ser terrible. Pero, mire, para mí es un orgullo que se acuerden de mí. Yo ya he cantado tanto ya.
Para entender el sonido del caos, primero hay que entender por qué sus propios maestros aborrecieron al alumno John Cage(1912 - 1992) cuando propuso dejar las partituras y el salón de lado, para componer música concreta, es decir, recopilar sonidos del entorno y moldearlos para producir efectos diversos. El sonido del viento, goteras, choques de autos o hélices de helicópteros, organizados de maneras aleatorias –o con un orden cuidado- para producir música.
Para entender el orden detrás del caos de Musicircus (1967), que se monta por primera vez en Latinoamérica, hay que entender el fanatismo de Sebastián Jatz, el coleccionista de intérpretes, el tipo que está armando la versión chilena de este circo musical, por la obra del delirante Cage.
Antes de ser considerado un compositor contemporáneo fundamental, Cage fue un músico extraterrestre que renegaba de las partituras, utilizando el azar como un gran pentagrama. Dentro de sus méritos más notables están el dibujar notas sobre papeles arrugados de manera aleatoria, que luego interpretaba para provocar piezas totalmente inclasificables.
La Academia se preguntaba si el emperador no estaba desnudo. "Me gusta pensar que estoy fuera del círculo de un universo conocido, y manejando cosas respecto de las cuales no sé absolutamente nada", respondía él.
Por entonces toda la vanguardia hervía con los happenings y las acciones de arte de Duchamp.Por entonces, este John Cage —que nada tiene que ver con el personaje de Mortal Kombat— hablaba del futuro de la música con la propiedad del profeta.
"Creo que el uso de ruidos en la composición musical irá en aumento hasta que lleguemos a una música producida mediante instrumentos eléctricos, que pondrá a la disposición de la música cualquier sonido y todos los sonidos que el oído pueda percibir", dijo en la década de los 30.
Décadas después la electrónica y el ruidismo en el rock lo cubrían todo. Sesenta años después el músico nacional Sebastián Jatz (33) se encontraba con las primeras grabaciones del compositor y se obsesionaba, como tantos otros, con el mito.
Lo hacía con piezas de Cage como “4,33” (1952), una obra emblemática cuyas partituras obligan al intérprete a sentarse frente al piano durante cuatro minutos y treinta y tres segundos, sin hacer otra cosa que llevar adelante todo el ritual de un concierto, sin presionar ni una sola tecla.
La idea de Cage era que el silencio, la tos de la señora amante del arte, el crujir de las butacas y el palpitar del corazón del espectador junto al sistema nervioso del intérprete, fuese la música. En el video de abajo, esa obra interpretada por el pianista David Tudor.
Jatz recopiló, tradujo, leyó y encargó todo lo que pudo sobre el señor Cage. Leía una y otra vez la biografía del compositor que escribió Richard Costelanics, y le rayaba los bordes con notas. Hoy el libro parece un cuaderno de ecuaciones.
“Ese libro era una antología de Cage, una panorámica que me dio vuelta la cabeza”, dice. Ahí se enteró por primera vez de la existencia del Musicircus (1967) , la obra que “llevará a cabo” en el Festival de Música Contemporánea de la UC, donde cada año se presenta con alguna creación propia.
“Quiero estar ahí, quiero oírlo. Siento que estoy devolviéndole a John Cage parte de todo lo que él me ha dado. Quiero cumplir con su cadáver”, dice.
La idea del compositor chileno tiene tanto de heroica como delirante, por su magnitud (150 intérpretes) y porque la primera vez que se levantó la carpa de “La Experiencia Cage” fue en 1967 en EE.UU. Desde entonces se ha realizado no más de 10 veces en Bélgica, Inglaterra, España y Australia. Esta será la primera vez que se haga en Latinoamérica.
“El Musicircus original no era solo musical. Llevaba pintores, actores y mimos también, pero duraba más de cinco horas. En este caso lo quiero reproducir exclusivamente de manera musical”, cuenta el Quijote de esta historia. El coleccionista de músicos. El señor Corales de este circo. El que decidió buscar a la mayoría de sus intérpretes, fuera de la Academia.
El sonido de la grabadora tendida sobre la mesa de Sebastián Jatz, es el único ruido en la casa del músico. Un enorme departamento en una casona antigua del Santiago antiguo, que parece la guarida de un coleccionista. Como esas mansiones porteñas llenas de cachureos, acá hay muñecas, cachivaches, libros y juguetes del siglo ante pasado.
Con esa misma pulcritud empezó hace un año a coleccionar personas, específicamente músicos de disciplinas tan diversas como insólitas. Con esa idea empezó a recorrer la ciudad y a preguntarles a sus amigos. Pegó carteles en los postes y envió correos electrónicos. “Los invitaba a ser parte de este centenar y medio de músicos. Y aunque me decían que sí, todos me miraban con cara de ¿por qué?, ¿para qué?”.
“Es una obra en prosa”, explica Jatz, “las únicas notas que dejó el autor estipulan brevemente que no puede lucrarse con ella, que no se le pagará un salario a nadie y que la única retribución es una gran comida para sus participantes una vez finalizado el acto... Del cielo caerán sesenta cintas de papel que recrearán la forma de una carpa y en las cuatro esquinas habrá carritos de comida con cabritas, manzanas, confites, maní, mote con huesillos y algodón de dulce. Así está estipulado en las notas de Cage por tratarse de un circo. Aunque en el original se incluyen sidra y choclo por una cosa cultural”.
Mientras explica la puesta en escena que podremos ver el domingo 9 de noviembre de 18 a 20 horas en el Centro de Extensión de la UC , Sebastián entra en éxtasis, enciende su tercer cigarro y explica gesticulando:
“En la bóveda y los arcos habrán 28 unidades musicales de tríos, cuartetos y un coro de 12 personas. En el sector del Aula Magna otras 28 unidades más, y arriba habrán 30 unidades musicales. Finalmente, en el centro de la plaza, 12 unidades que salen hacia la calle”. Porque otra de las indicaciones del autor es que el evento no sea elitista, y que integre incuso a las personas que van pasando por la calle.
Al revisar los 150 músicos que darán vida al circo sonoro de Cage, la lista se vuelve un bestiario extravagante de gente y disciplinas que difícilmente vamos a oír algún día salvo en un canal de documentales. Entre los pendientes está un músico que saca melodías con copas de agua, un señor de cantos mapuches auténticos y los gaiteros de “Los Andes Higlanders”, otros grandes entusiastas.
Entre los ya confirmados hay música tradicional de Sri Lanka con tambores autóctonos, música ceremonial japonesa y china con instrumentos que ni siquiera Jatz ha escuchado jamás, como el shakuhachi, un tipo de flauta hecha de bambú, roca o mármol blanco, rapa nuis percutiendo el pahu y el toere, intérpretes como Lukax Santana (en la foto) —un multi instrumentista que compartió escenario con Los Jaivas—, un tanguero que toca el bandoneón, un clown de la Plaza Yungay que interpreta el serrucho.
Los intérpretes del azar que hablan, aleatoriamente, a continuación.
Casi contemporáneo a Cage, el theremínes uno de los primeros instrumentos musicales electrónicos. Fue inventado en 1920 por un físico ruso llamado León Thereminy es el único instrumento que se interpreta sin tocarlo, porque funciona a base de ondas magnéticas.
De seguro lo has escuchado en el soundtrack de las películas de terror de los años ’50 o discos de Pink Floydcomo el Saucerfull Of Secrets (1968) , otros de Nine Inch Nails,Radiohead,Portisheado en vivo, si has ido a algún show de La Mano Ajena.
Uno de los pocos intérpretes y fabricantes del theremín en Chilees Cristián Torres, profesor de música en el Bernadette College de La Florida, otro de los convocados para el Musicircus, la obra que nunca suena igual.
“Yo creo que debe sonar lo más parecido al ruido blanco, ese donde no hay nada, solo interferencias. Para descifrar algo habría que prestar atención a cada instrumento. La música de Cage es música incomprendida, tanto así como el theremin”, dice acariciando el aire que rodea su juguete favorito, antes de citar como ejemplo al “Cuarteto para helicópteros y cuerdas” de Karlheinz Stockhausen, que no es la gran cosa, salvo cuatro músicos tocando al unísono sobre sendos helicópteros, cómo pueden ver en el siguiente video.
De las aulas Sebastián convocó a Christian Hirthy Enrique Siqués, integrantes del grupo de música experimental Code, creadores de la “Estación Mandala”, un instrumento de percusión inenarrable, formado por una estructura cúbica de dos metros cuarenta, que incluye dos paredes de cuerdas y dos paredes de percusión, una marimba de espátula y unos gongs, entre medio de otras aplicaciones.
“Es un invento de nosotros. En la universidad se tocaba mucho de John Cage y otros contemporáneos que usaban el concepto de tocar instrumentos no tradicionales o hacer música que usa al público como parte del espectáculo”, recuerdan.
Lejos de la Academia y más cerca de la Plaza Yungay, Sebastián encontró a Justo Estay, un clown que como el protagonista de Delicatessen (1991) , toca a el serrucho sueco Stradivari a la salida del Metro Plaza de Armas
El clown cuenta que un día Sebastián le preguntó si quería participar en el tributo a Cage con su instrumento. Fue el día que se lo llevaron preso por el terrible y surreal delito de tocar un serrucho en la vía pública, y pensó la invitación de Jatz en el calabozo de la Primera Comisaría de Santiago,
“Tengo una performance para micro y otra para la calle, pero para el festival quiero hacer algo experimental, algo de circo”, adelanta. Para la ocasión llevará a sus colegas Margarito Flores del Campo en acordeón, Aquiles Baeza en piano y Lucho en guitarra y canto.
“Con el serrucho se puede tocar de todo, depende de tu capacidad. Yo saco el Danubio Azul, Love Story y una canción que inventé yo y que es como un tango”.
Ellos son algunos de los intérpretes que armaran el circo. Un circo que tiene mucho de imaginario, ya que nadie sabe cómo va a sonar ni qué va a suceder realmente. Sebastián Jatz, el organizador: “No sabemos qué expectativa tienen ellos para el evento. Eso va a ser interesante. Dos horas es suficiente tiempo para que se molesten, se cansen se aburran o para cualquier cosa. Nadie sabe qué va a pasar ese día.”
Aunque no conoce a Cage, el clown Estay logra definir a la perfección el espíritu que inspira todo esto. Y lo hace con una historia propia:
“Una vez estaba sacando un tema de Víctor Heredia con el serrucho y un socio me dijo ‘no, este tema no es pa’ ese tipo de instrumentos’. Creo que la gente —como en la época del señor Cage— tiene miedo de innovar. Pero yo creo que él me podría entender, porque mucha gente no comprende lo que hago. Siento que el Musicircus es una gran oportunidad. Quiero que ese día todos seamos felices y ojala la gente lo pueda apreciar. Como los niños cuando juegan y pueden estar dejando la embarrada pero uno termina riéndose con ellos”.
Yo voy, sin duda. Cage de loco no tenía nada, era un weón coherente pa los no músicos, diciéndoles que pueden meter ruido prácticamente con cualquier cosa y lograr obras interesantes. No me lo pierdo nica! ...