El 2005 Manuel García se transformó en un referente para la nueva generación de cantantes con guitarra de palo. Ahora vuelve con Témpera, un disco dónde abandona la trova para volcarse al folk. Rock sin enchufes para gente tranquila pero rabiosa.
Por Vadim Vidal.
PAMPA ILUSIÓN
Había una cita obligada, casi un rito, durante las tardes de sábado en el caserío de pescadores que era entonces el Cerro la Cruz de Arica. Todos veían Sábados Gigantes religiosamente, desde el almuerzo a la cena. Bueno, casi todos.
Manuel tenía 13 años, desde los ocho que declamaba poemas en el colegio y desde hace un año que empezaba a crecer una melancolía rara para un niño nortino que vive frente al mar. Entonces escapaba de la risa multiplicada de Don Francisco que se colaba entre las paredes de cholguán de su población camino al desierto. Llevaba un termo con café que le preparaba su mamá y unos sándwich dentro del bolso de mezclilla. Y la guitarra.
“El desierto hace que las cosas se vean distintas, si ves una silla vieja que alguien botó en la pampa, adquiere un significado tremendo. Lo mismo pasa con las ideas. A medida que te internas en él, tus ideas del mundo van cobrando relevancia. Además también sientes un miedo a esa soledad gigante que existe. Se produce un sentimiento de recogimiento que yo utilizaba para escribir y componer”.
Aunque viva hace 14 años en Santiago aún hay algo de ese desierto en García, un tipo sereno, medio tímido, que habla despacio y se toma su tiempo en ir de una idea en otra, como si hablara consigo mismo aunque tenga una grabadora delante. Manuel García, el cantautor que en un par de años se transformó en un fenómeno raro, en una especie de referente para sus numerosos fans, en la cabeza de una generación espontánea de cantantes folk rock.
Pánico (05) , su debut como solista, tiene que ver con sus meditaciones pampinas, pero también con las largas sobremesas de día domingo donde su padre guitarreaba con los “paisanos” quechuas y aymaras, que venían del altiplano a pedirle que les tramitaran sus papeles en los juzgados de Arica.
García guarda todo eso. Lleva un anillo de plata con un pez dibujado en él, en memoria de un vecino que les fiaba pescados cuando estaba mala la cosa y que un día se lo llevó una ola. También una corbata de aguayo, típica del altiplano, del colegio donde trabajó su papá como inspector y su mamá en la cocina. Se sube al escenario así, para ir con “símbolos de los lugares a los que siento que pertenezco”.
Si alguien está preparando el documental de la nueva camada de cantantes con guitarra de palo tiene que poner su banderilla de inicio el 2005, el año en que aparecieron Gepinto de Gepey Pánico de García.
Antes de eso García tocaba en Mecánica Popular,una banda de excelentes discos, buenas críticas y escasas ventas, que entre otras cosas, musicalizó aquel extraño reality virtual que fue “Vivo on line”, donde un estudiante universitario pretendía vivir un año sin salir de casa y conectado a internet. La banda que compuso Fatamorgana (03), disco que junto a Pulmonía (08) de Jirafa Ardiendo,son los mejores acercamientos del rock nacional al sonido de Radiohead.
Pero justo ahí vino el viraje a la trova. Y el reconocimiento. Pasó de tocar en locales como el Naitún de Cumming o La Máquina a llenar teatros, e incluso, a pararse delante de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción para cantar las canciones de Víctor Jara.
Su debut, un disco meditado, abrumador en su calma y preciosista en sus arreglos, dio medio a medio en el corazón de los fanáticos de Silvio Rodríguez, pero también en quienes desempolvaban sus discos de la Nueva Canción Chilena o idealizaban los años del Café del Cerro. Y también dio medio a medio, en el corazón de la crítica.
La Rolling Stone lo ubicó en el séptimo lugar dentro de su lista con los 50 mejores discos de la historia de la música popular chilena. E incluso revistas como Rockaxis lo destacaron como uno de los mejores álbumes de aquel 2005.
Todos conformes, menos su autor. “Mientras los grababa escuchaba dos cosas: las últimas grabaciones de Violeta Parra y las sesiones de la BBC de los Beatles. Y cuando llegaba a grabar me decía: “hay que ser choro para grabarlo todo con un bombo y una guitarra, pero no tengo la médula para hacer esto” e iba arropando los temas con arreglos”.
García dice que el viaje hacia lo crudo comenzó durante las presentaciones en vivo. Ahí se dio cuenta que la misma gente le pedía que tocara cada vez más desprovisto de acompañamientos. Casi con la pura guitarra.
El resto lo puso un tipo desconocido que llegó un día desde San Antonio a pedirle que lo dejara ser su telonero.
La historia es la siguiente. García se presentaba en el Consejo de la Cultura de Valparaíso, algo grande y bien producido. Un día antes del recital el director del Consejo le pide que deje que lo telonee un chico sorprendente que viene de San Antonio y toca en bares del puerto.
“Yo dije que no, porque me parecía que era tarde el aviso, y ya antes me había pasado que se subían a dar la lata y no se bajaban más”. Al otro día el director llevó al muchacho a la prueba de sonido y, un tanto forzado por la circunstancia, García decidió escucharlo. “Y se sube a tocar el Chinoycon su guitarra de palo destartalada y me cautivó al segundo que se puso a cantar”.
“Él tenía eso que estaba buscando, eso de agarrar elementos más crudos desde el rock pero llevados a la guitarra. Simples, con naturalidad, pero al mismo tiempo con un bombardeo de imágenes surrealistas que, extrañamente, también tienen que ver con el lenguaje de la calle”.
Su nuevo disco, Témpera no sólo tiene un epígrafe de una canción de Chinoy.También algo de esa desprolijidad.
Un trabajo ya no tan preciosista, con canciones como “La gran capital (el provinciano)” que recuerdan el foxtrot que rescataron Los Tresde Roberto Parra o la sorprendente y pegote “Piedras” que guiña al rock setentero argentino, con un in crescendo para cerrar recitales. O “Los Colores” que es lo más cerca que se puede estar de Violeta Parra sin faltarle el respeto, pasando por canciones “pánicas” como “Barco de Cristal” o la inquietante “Canción y Plegaria”. Un disco para quienes lo siguen y para quienes no. Folk y rock sin enchufes. Un imprescindible.
— Dices que Témpera (08) es más rabioso, ¿de dónde viene esa rabia? ¿De tu vida en Santiago?
Ya estoy bien adaptado, como que me he acercado a otros grupos de gente, a los punkies por ejemplo. Porque al final igual tengo que hacer la cola del Transantiago como ellos. De hecho me compré unos bototos para poder zapatear más fuerte en el escenario.
— Igual Témpera es más… poético. No tan de contar historias como Pánico.
Témpera está escrito más desde la guata, es más visceral y Pánico es más de reflexión, más intelectual. En Témpera hay más preguntas, más rabia y necesidad de ser escuchado. No de decir “te vengo a contar una historia, escúchamela”, es más: “¿Me pueden disculpar por rasguear la guitarra? ¿Tuvieran la amabilidad de dejarme poner una canción entera entre cuerdas porque lo siento así? y por último, ¿me dejan hacer un disco con todos mis referentes pero hacerlo en crudo?”.
— Pero cuando uno tiene rabia no anda pidiendo por favor las cosas.
Pero uno puede establecer un reclamo rabioso con amor. Como estar frente a una ventanilla de la Caja de Compensación o en la cola del Hospital Salvador, diciéndole a la persona de la ventanilla: “¡Le estoy diciendo que estoy haciendo la cola hace dos horas y le pido por favor, que me atienda!”. Con rabia, pero pidiendo que entiendan esa rabia.
— ¿Crees que al seguidor que hiciste en Pánico lo puedes perder con este disco que es más rockero?
Creo que tengo un público con el que puedo contar para mostrar estas expresiones, ya les daré otros discos, pero por el momento, literalmente, me aproveché del pánico.
— ¿Qué sientes que se te presente como el cabecilla de un “movimiento” de cantantes folk?
Cuando hice Pánico no sabía que venía una camada de cantautores nuevos y que iba a haber una especie de “movimiento”. De pronto los medios empezaron a hablar de tendencias folk pop y rock que antes no era tan evidente, pero que nosotros con Mecánica Popularlas veníamos recogiendo del Canto Nuevo y del rock, hace rato.
— La gente nueva con la que te relacionas, Nano Stern, el mismo Chinoy, siempre citan influencias de La Nueva Canción Chilena, por ejemplo. Pero no tienen el contenido social de ese movimiento, al menos no de manera evidente.
No lo quería decir, pero me encerraste y no me queda otra que responderte: La canción “Ninguna Calle” está dedicada a Pinochet, imaginándolo como un niño cruel al cuál tu le dices: “si sigues trinchando insectos, si sigues cazando angelitos, vas a terminar matando personas y vamos a terminar nosotros como Jesús trinchado como un bichito con alfileres en una pared”. En “Témpera” hay un homenaje a la Brigada Ramona Parra y al graffiti: “difícil tratar de decir, si no es con las manos gritando en los muros”, me refiero a la gente expresándose políticamente en las calles. “Pañuelí” habla de una madre que se despide de su hijo y que tiene mucho que ver con los detenidos desaparecidos.
— Súper sutil
Es que trato de evitar el discurso facilista, coyuntural, a modo de panfleto. Porque está muy usado y porque, a última instancia, no se me viene así artísticamente. Aparece en mí porque yo tengo esa preocupación, pero no voy a decir: “la canción se debe construir desde aquí y la que no nace desde el discurso político no vale”.
— Mecánica Popular vuelve a tocar en septiembre, ¿no tienes miedo de que la gente empiece a conocerla como “La banda de Manuel García”?
Ese riesgo lo corríamos si no me hubiese independizado como solista. Habría terminado haciendo todo esto, medio mezclado con Mecánica Popular y habría habido una presencia muy fuerte de lo cantautoral. Antes de grabar Pánico veníamos tocando muy fuerte con Mecánica, algo muy potente, entonces meter esas canciones era como tener una moto y manejarla a ritmo de bicicleta.
— Tu público habitual ya conocía muchas canciones de Témpera porque las adelantabas en tus recitales. ¿Va a pasar algo parecido ahora?
Sí, hay un par de “discos invisibles” como yo los llamo, que son los inéditos que hemos tocado. Y están ahí para quién quiera buscar el material, en dos Tocatas Raras (de R&P), en conciertos, etc. Suman diez canciones, es como un “hágaselo usted mismo”.
Ahora estoy tratando de hacer otro con siete u ocho canciones inéditas que quiero empezar a tocar junto con Témpera. Las voy a tocar para que la gente las grabe en los teléfonos, por la radio, o no sé cómo. Unas canciones errantes, que son como en agradecimiento para el público y, al mismo tiempo, sirve para salirse del mercado. Como para decir que no todo el arte tiene que pertenecer necesariamente al mercado.
El lanzamiento de "Témpera" es el viernes 22 de Agosto en el Teatro Oriente, Pedro de Valdivia 099. Las entradas, de $6.000 a $10.000 por Ticketmaster, boleterías del teatro y sin recargo en Sello Alerce, Simón Bolívar 3275, Ñuñoa.
Mecánica Popular toca el Viernes 12 de septiembre a las 23:00 hrs. En el Club Rock y Guitarras, Av. José Pedro Alessandri 233, Ñuñoa . $5.500 (Feria Ticket)
Youtubazos:
"El Cangrejo Azul" de Témpera en TV regional
”Témpera” de Témpera en TV regional
”Tu ventana”, de Pánico
Con Chinoy en Radio Uno
Mecánica Popular cantando “El sol a veces se equivoca”
Mecánica Popular cantando “El Arado” con Inti Illimani
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2.- Rufus Wainwright: "Cigarettes and chocolate milk"
3.- Bach: "B minor mass"
4.- Sufjan Stevens: "Chicago"
5.- Gillian Welch: "Everything Is Free"
Último comentario: Mauricio escribió...
Yo también estoy sorprendo con la música de Manuel García. De hecho, he vuelto también a escuchar a Silvio, cosa que no hacía hace mucho tiempo después de vagar por el rock, el punk y la cumbia.
El d ...