INDIANA JONES
Ayer jueves estaba pero es que Liz Taylor para ir tempranito a ver la famosa Indiana Jones y la Calavera del Rey del Cristal y de pronto zuácate. Llega mi vieja y me dice que no puedo salir a ninguna parte porque tengo que quedarme con mi abuelo Gaspar, que es más mañoso que no sé qué.
Yo me hice el leso nomás, y en cuanto nos quedamos solos empecé a tratar de engrupirme al viejo para que fuéramos al cine. Pero él dele que no, que le dolía todo, que iba a haber mucha gente, que en el cine ponen el sonido muy fuerte, que las cabritas le dan la diabetes, que hay muchas escaleras y la cuestión.
Yo le puse la mejor cara de pena y le dije que cómo a mi primo Jano lo había llevado a la Feria del Libro, y listo. Hasta en taxi nos fuimos porque el viejo no camina ni al baño.

Y para qué les cuento. Quería puro ver esta cuestión hace como mil años. Por si no cachan se trata del Indiana Jones (Han Solo), un compadre que anda disfrazado de vaquero pobre y que anda con látigo porque nunca sabe cuando le va a salir Gatúbela, o un esclavo ladrón. También tiene un bolsito al lado porque es metrosexual.
Es arqueólogo además (zzz), y para él las cosas antiguas son lo más importante que hay, así que pasa puro profanando tumbas y alumbrando la pintura rupestre con la antorcha hecha con un hueso y el pedazo de vestido de la minoca. También arranca de las piedras gigantes, pelea con los indios, lo arrastran de los camiones, y siempre pero siempre se encuentra con cuestiones asquerosas, onda culebras, bichos, ratones y Nazis. (Jajaja, tomen Nazis).
Siempre anda buscando reliquias cuáticas también, onda el arca de Noé o la hawaiana de Jesús el Lazareno, y para variar hay como cincuenta pericos buscando las mismas cuestiones al mismo tiempo, porque se ponen de acuerdo para salir a buscar cachureos que llevan como siete mil millones de años botados.

(También nos enseña que hasta en los lugares más raros donde no entra nadie siempre llegan primero las arañas, porque chita que hay telarañas oh. Cuando uno va, ellas vienen de vuelta)
Las películas de este compadre son tan, pero tan la zorra que uno no puede cerrar la boca ni aunque quiera porque siempre está riéndose de las medias tallas, gritando de emoción cuando el Indiana Jones se salva por un pelo, diciendo chuata cuando sale el medio efecto especial, haciendo arcadas cuando salen los bichos, o bostezando cuando los viejujos se pegan las medias explicaciones de por qué Hitler quiere apoderarse de la zunga de Judas, o lo que sea que andan buscando.
La cosa es que no coman chicle viendo estas películas, porque la cuestión les va a quedar intacta en la boca y seguro termina en el suelo lleno de baba, y no es la idea.

En esta nueva el Indiana está como veinte años más viejo, pero igual apuesto que le saca la contumelia a todos los que estábamos en el cine viendo la película, sobre todo a un flaco pecoso loser que no se podía ni las cabritas y después decía que todo era falso (ah no, si va a ser de verdad).
Al principio la película parte toda piola y se va tranquilita por las piedras, pero a los tres minutos agarra las piedras y se pone a jugar a la payaya extreme. Después dice chao con la payaya y agarra a todo el mundo a peñascazo limpio. Y uno empieza a pasarlo tan pork como con las películas de antes. La dura.
A mí al principio me dio lata ver al Indiana Jones más arrugado que la plata del pan y con la cabeza blanca, pero Han Solo lo hace tan pero tan bien que a uno se le olvida al tiro que es abuelito y siente de una que está viendo las mismas películas de siempre, no como las nuevas de Star Wars que la única que era como las otras era la tres. (Menos mal)

Ahora la reliquia que andan buscando todos es la calavera del rey del cristal, que se supone es la media cuestión, y en vez de nazis (buuu), los malos son los rusos, que siempre han estado con sangre en el ojo con los gringos porque siempre los ponen en las películas hablando como giles, y con sombreros ridículos.
La más mala es la comadre esa que hacía de Galabriel y que hablaba como pérsonal con las pilas gastadas en el Señor de los Anillos, pero ahora con peinado de señorita Astrid y sin las orejas del Spock.
Al Indiana Jones siempre le toca meter la cuchara en las cuestiones que están pasando en su época (es como el Forrest Gump) y si antes tuvo que pelear con los Nazis y el Hitler (en los años no sé cuánto), ahora en esta le toca pelear con los rusos, escuchar Rock and Roll, ver puros compadres onda Volver al Futuro y urgirse con la bomba atómica (la bomba mala onda culpable de las atrocidades de las Terminator, Matrix y Godzilla).

También es la época donde los gringos empezaron a vender la pomada con Roswell y los extraterrestres, así que en una de esas también le lleva de eso, pero no pienso irme de tarro.
Salen hartos personajes más, por ejemplo un guatón que es como amigui de Indiana Jones, un viejo loco y un cabro chico (el mismo de The Transformers) que al principio pensé que iba a puro embarrar la película porque es todo Rebelde sin Causa, pero que después uno le agarra buena porque es abacanado y puro le falta el respeto a Indiana Jones. (También sale una comadre que tiene onda con el otro).
Sale la típica escena del mapita donde se va dibujando la raya que es por donde va el avión con los compadres, y la musiquita bacán. También salen las junglas, y lo que más les va a gustar a los chilenos: Puros peruanos. (Y con música mexicana, para demostrar que son universales y no creen en las fronteras. Secos)

Típico que los que andan transmitiendo con que el vino lo inventaron en Chile y no en Perú ahora salen con que Indiana Jones en realidad vino a Chile, y que la película debería llamarse Indiana Jones y el reino del Mote con Huesillos o algo así. Pero yo encuentro que mejor agachar el moño y aceptar que nos pegaron cien patadas nomás. Buena onda, Perú. (Por lo menos en Jurassic Park los dinosaurios comen vaca chilena, wuaja, viva Chile)
Hay como cinco partes aventureras a toda raja en que me dieron ganas de haber nacido con un hermano siamés pegado para reírme y decir ándate cabrito al mismo tiempo, y ver la misma película por primera vez, dos veces y simultáneamente.

Es que con estas películas uno se lo cree todo, y aunque obvio que tienen tallas tontorronas que salen con efecto cri-cri, o alguna escena en que a uno le viene la vergüenza ajena (como la parte Tarzán), el resto de las escenas son tan pero tan buenas, que agarran a la vergüenza ajena a coscacho limpio, y la mandan a la casa llorando y pidiendo disculpas.
Al final guatea un poco también, pero me da lo mismo. No voy a andar llorando porque me salió un nervio en el medio bistec a lo pobre. (Nunca tan mamón).
Hay un montón de detallitos de las otras películas que acá usan para hacer algún chistecito, y aunque uno igual entiende lo que pasa, si tienen los DVDs de las antiguas igual péguenles una miradita antes de ir al cine para que después no estén preguntando de qué se reía el guatón nerd que estaba sentado al fondo, o quién es ese que salió en la foto, o por qué tanto atado el Indiana Jones con las serpientes. Ya saben ya.

Yo creo que esta película le va a gustar a todo el mundo, menos a las siguientes personas (ojo):
a) Los ultrafanáticos de las películas antiguas del Indiana Jones que no quieren ver nada nuevo y van a comparar esta con las otras con microscopio y van a reclamar hasta por si acaso (Nunca van a ser felices).
b) El señor Burns.
c) Los nerds esos que discuten puras leseras, onda “Chewbacca debería tener la nariz mojada siempre porque si no, es porque está enfermo” o “En El día de la Independencia los marcianos no podrían haberse infectado un virus terrícola porque los marcianos tienen Mac”.
d) Mi tía la profe de Historia. (Pasa metida en el Precolombino)
e) El compadre de La Momia (de puro picado porque por más que le copia al Indiana Jones, no pasa nada)
f) Mr. Magoo.

El resto yo cacho que lo va a pasar tan bien como yo con mi abuelo Gaspar. Con decirles que a la salida del cine el viejujo no se quejó por nada, y hasta le hizo el quite a la escalera mecánica y subió por las otras, muerto de la risa.
Después se rajó con una hamburguesa y no quiso tomar taxi. Dijo que nos fuéramos caminando nomás a la casa, por si en el camino encontrábamos alguna aventura. Rejuveneció el viejo y no se dio ni cuenta. Catorce mil millones siete mil setecientas veintidós estrellas.
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