Hermes, The Peliculastas. Hoy: Alfred Hitchcock.
Yo cacho que Hitchcock le pega ciento veinte mil patadas a todos los giles que andan dirigiendo películas hoy día. Al director de Paranoia no sólo le pega ciento veinte mil patadas, sino que además le insulta a la familia, se agarra a la hermana, le pone el gorro y la deja llorando. Y cuando lo encuentra durmiendo agarra un plumón, le pinta bigotes Dalí y monóculo, le saca fotos y después las sube a su flog.
Cuando me acordé de lo bacanes que eran los pedazos de las películas que nos mostraron en el taller de cine del colegio (eran los mejores pedazos de película que he visto en mi vida), decidí hacer una tesis analítica fliméfila sobre las películas de este caballero, y partí al video club a arrendar todo como loco, y por fin ocupar el maldito cupón “arriende tres pague dos” que no sirve para nada.

Les aviso al tiro que este viejito tiene mil quinientas ocho películas así que tuve que elegir las más famosas y/o las que me gustaban más. Pero primero, una biografía cortita del compadre para que se hagan una idea.
Alfred Andrés Hitchcock nació en un país que no es Chile, y desde pequeño le gustó todo lo que era bacán como el bicicross, los tatuajes y el karate. Como era gordito, pelado y se vestía de terno y corbata, todos lo molestaban y ninguna minoca lo pescaba, así que empezó a odiarlas a todas, sobre todo a la vecina rubia mina que le ponía sobrenombres y le decía guata de lápiz, Jaime Palillo y bombón de manteca (entre otros).

Hasta que un día su papá le regaló una cámara de video digital bacán y empezó a hacer películas donde mataba a todas las Barbies de su hermana, en venganza contra la rubia mala onda, seguramente. Un día la mataba con un cuchillo, otro la dejaba en un árbol para que la picoteara una paloma, etc., todas las cosas que hacen los cabros chicos con las Barbies de la hermana.
La cosa es que el compadre aprendió a hacer las medias escenas, con los cortes precisos y le ponía siempre tanto color (hasta cuando las películas eran en blanco y negro), que después cuando se hizo viejo todo el mundo se mataba de susto de sólo pensar en sus películas. Y ahí se ganó el primer sobrenombre en su vida que no lo hacía llorar: El maestro del suspenso. Obvio, mucho mejor que El maestro del charquicán, como le decía la rubia mala onda.

En las películas del Hitchcock siempre actúa algún viejujo empaquetado, y todo se ve como la foto esa donde el abuelo de uno sale mino. O son enteras brillositas con los colores bien saltones, onda El Mago de Oz, donde todo parece de mentira.
La gracia es que sus películas siempre tienen mínimo, UN pedazo en que uno queda con la boca abierta y que es más maestro que cualquier otra cabeza de pescado de las que estrenan ahora, porque se nota que el viejito la piensa entera, y nos deja todo clarísimo.

Siempre está haciendo efectos cuáticos o movimientos pintamonos con la cámara, pero siempre es porque le sirve para la historia y no porque aprendió a hacer efectos en el computador como los de ahora.
Hacía cosas raras como poner la cámara adentro de una copa gigante, o inventar chorezas como ese efecto cuático para mostrar que a un compadre le dan vértigo las alturas, en esa película famosa de él, El Compadre Con Vértigo (1801) , o como cuando hizo la escena famosa de la ducha en Psicosis (1809) y le puso tanto color que en NINGÚN solo plano se ve el cuchillo clavándose en la comadre (rubia), pero a uno le duelen hasta los dientes viendo la escena.
Todo eso y más hizo el viejito y hoy día todos le prenden velitas y le quieren copiar. Seco. Estas son las que más me gustan a mí:

La Ventana Indiscreta:
Título alternativo: El viejo sapo: The Movie
Esta es la película que han copiado todos porque es tan buena que nadie se aburre del concepto. Desde Bart Simpson cuando está con la pata enyesada y sapea a Flanders con el telescopio, hasta el loser califa de Paranoia que se pone a sapear al vecino porque el pobre no tiene nada más que hacer aparte de jugar X-Box, navegar por Internet o ver alguno de los cien canales de cable que tiene.
En la original el viejo empaquetado de siempre, se quiebra una pata y se instala en la ventana a copuchar el edificio del frente con una cámara que tiene el medio zoom. La gracia es que en el edificio del frente está todo pasando: Tiene unos vecinos que pelean, una minoca (rubia) que hace ejercicios, y por supuesto, un vecino asesino.

Él termina sicoseándose heavy, al punto que termina mandando a su propia minoca (rubia) a echar un lookin, y obvio que todo mal y que él no puede hacer nada, porque está en silla de ruedas. O sea: Muérdete las Uñas: The Movie.
Lo mejor de esta película es que el Hitchcock se embala mostrando todo lo que pasa en el edificio, y cuenta todo lo que pasa con las puras tomas y moviéndose de allá para acá con la cámara.
Uno ni siquiera tiene que estar leyendo los subtítulos porque es tan maestro que todo queda clarito. Y más encima uno se da cuenta de que es igual que el compadre de la silla de ruedas, porque lo único que hace es sapear y para eso se va al cine. Heavy. Diecisiete mil millones de estrellas.

La Soga
Esta es la película que hace llorar a todos los pericos que estudian cine porque se hizo todo el rato usando plato secuencia, que es la técnica fliméfila esa en que uno empieza a grabar y no para hasta que a la cámara se le acaba el casete. O sea, no hay ningún corte y todo pasa soplado.
Los compadres se hacen pis de emoción porque significa que los peliculastas y los actores tuvieron que ensayar caleta y no condorearse nunca. (Después van al teatro y ven a los actores actuando al hilo sin equivocarse por siete horas y ni se sorprenden. Ven diez minutos en una película y quedan para dentro. Son raros los que estudian cine).

En fin, esta película parte con dos compadres que se echan a otro ahorcándolo con una soga porque le tenían mala. Los dos son medio homogay encuentro yo, y se pelean todo el rato porque uno se cree la muerte y no está ni ahí con que los pillen, y el otro tiene más miedo.
Con tanta mala suerte que empieza una fiesta en la casa y llega el profesor clever (el mismo viejo empaquetado de la otra película) y cacha que hay algo raro y de a poco empieza a resolver el misterio, mientras los otros tratan de que no se vea el muerto ni la soga.

La gracia de esta película es que además es en “tiempo real”, o sea que si la película dura dos horas, pasaron dos horas también para los compadres que están adentro de la película. No tengo idea por qué esto es bacán, pero a todo el mundo parece que le gusta. (Mi vida es en tiempo real todo el rato y qué tanto)
Pero para qué ando con cosas, la película es la zorra. (De hecho “soga” es “zorra” en francés) Uno jura que a cada rato los van a pillar a los compadres y aunque son pelmazos uno no quiere que los pillen. Pero de pronto uno le agarra buena al profesor que está cachando todo, y se da vuelta y se cambia de personaje, y así todo el rato y faltan uñas para comerse. Y todo con tres compadres en un departamento discutiendo. Maestra.

Psicosis
Título alternativo: Luz Prendida Toda la Noche: The Movie.
Si las películas de terror fueran gángsters, esta película sería El Padrino, y todas las demás vendrían a pedirle favores cuando se casa su hija.
Para los que no se acuerdan (giles), esta película es todo lo que pasa antes y después de esa escena famosa en que a la comadre (rubia) la mata en la ducha la abuelita de Piolín, mientras ponen esa música de violines que ahora de tanto darle como caja en otras películas, ya es chistosa. (Igual que la música de Tiburón).

La gracia de esta película es que uno es la pelota y Hitchcock es, eh, ese futbolista famoso que hace lo que quiere con la pelota. O sea, el compadre nos zamarrea como quiere, y cuando nosotros juramos que va a pasar esto, pasa lo otro y ahí quedamos.
Primero nos engrupe para que juremos que la protagonista es la rubia, pero él va y la mata cara de palo a los veinte minutos. Después uno se queda con el pobre gil que jura es goma de su vieja, pero espérate no más.
Al final el asesino de esta película es tan bacán que todos los asesinos que vinieron después hicieron lo mismo que hizo este: volverse locos por culpa de la vieja. Váyanse por la sombrita con la vieja. Chorrocientos millones de estrellas Golden Premium VIP.

Los Pájaros Título alternativo: The Buin Zoo Horror.
Esta película la rompe tanto, que no puede entrar a ninguna cristalería, tienda de antigüedades o asilo de ancianos.
Cuando me contaron de qué se trataba yo me maté de la risa y dije “la media cuestión, nadie le tiene miedo a los pájaros”.Pero justo después pasé por la Plaza de Armas y caché que una señora horrible estaba tirando migas de queque al suelo y tenía como doscientas mil palomas esperando a sus pies, además de los dos millones que estaban paradas en los bordes de los edificios.

Ahí me agarré el pompis a dos manos, porque si todos los pájaros del mundo decidieran odiar a los seres humanos, hasta ahí no más llegamos, y ni con un ejército de gatos karatekas nos salvamos.
Bueno eso es precisamente lo que pasa en esta película, menos los gatos karatekas. Una comadre (rubia) se va a la playa a pasarlo chancho con la familia, pero en cuanto llega descubre que los pájaros andan en puras cosas raras, sobre todo cuando ella va en una lancha feliz de la vida comiéndose una palmera y le sale una gaviota brígida que la agarra a picotazo limpio y peor, le tira la palmera al agua.

La comadre queda toda chascona y con hambre, pero de ahí en adelante todo empeora porque empiezan a atacar de a poquito todos los pájaros y la pobre familia termina encerrada en la casa, tapando todas las ventanas y escondiendo el arroz y las marraquetas como locos.
La gracia de esta película además, es que el peliculasta no está ni ahí con explicar qué les pasa a los pájaros. No hay ningún discurso del presidente, ni ven las noticias para cachar qué pasa. Aquí los pájaros de pronto deciden ponerse mala onda y listo. Eso es todo. Vamos atacando, vamos arrancando y vamos escondiéndonos.

Además tiene hartas chorezas, por ejemplo que la película no tiene ninguna música famosa y los únicos ruidos que se escuchan para que uno se asuste son los ruidos que hacen los pajarracos.
Los efectos especiales son medio ordinarios pero da lo mismo, porque la gracia es cómo el compadre calienta la sopa antes de que salgan los pájaros, y uno está tan bien preparado que después salen los pájaros y da lo mismo que se vean más falsos que billete de tres mil. O sea, todo lo contrario de Transformers.

A veces pienso las cosas que haría este viejito si tuviera los efectos especiales modernos que hay ahora y me da tanta pena que se me arruga la pera. Porque claro, el compadre se murió, y ni un Óscar le dieron siquiera. (Spoiler).
Cada vez que veo un gordito de terno llorando porque una rubia no lo pesca me alegro, porque pienso que a lo mejor él es el que va a hacer películas tan buenas como Hitchcock. Y ojalá, porque no quiero estar viendo Paranoias todas las semanas. Pónganse las pilas, peliculastas. Plis.
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