INCREÍBLE PERO CIERTO

PEOR ES MASCAR LAUCHA

GRANDES Y CHICOS

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EL INCREÍBLE
  En una época en que las cintas “para niños” suelen seguir un aburrido molde, Brad Bird apareció para salvarnos. El tipo partió a los 14 años trabajando en Disney, siguió con Los Simpson, debutó con una joya perdida en el estante “infantil”, la rompió con Los Increíbles, y ahora nos trae uno de los mejores estrenos del año: Ratatouille. Imperdible. Acá, una revisión a su carrera.

Por Diego Muñoz.
Ratatouille
El estreno animado del año. Para grandes y chicos.
 

GRANDES Y CHICOS

Las películas “para la familia” se han transformado hoy por hoy, en películas “babysitter”: lo único que hacen es calmar al cabro chico durante dos horas, metiendo uno que otro chiste de doble sentido para el adulto que lo acompaña. Una lata.

Afortunadamente existe Brad Bird (en la foto), un director que trata a los niños como espectadores que se merecen todo el respeto del mundo. Y lo hace entregándoles entretención, personajes que importan, historias que emocionan e imágenes que se quedan en la retina por mucho tiempo.

Brad Bird bordea los cincuenta años pero tiene cara de cabro chico. Es colorín, pecoso y tiene dientes de conejo. Sí, igualito a Syndrom, el malo de Los Increíbles (04), su primer gran hit.



Bird empezó trabajando como ayudante de animador en Disney a los catorce años. A los veinte ya diseñaba personajes y hacía storyboards, y antes de cumplir treinta estaba instalado en el talentoso staff de Los Simpsons dirigiendo episodios, diseñando personajes, y aportando su granito de arena para dejar esa serie en el salón VIP de la historia de la televisión y la cultura pop.

Fue después de este insignificante “pololito” que quiso ampliar sus horizontes y emigró a los grandes estudios con un proyecto propio bajo el brazo: El Gigante De Acero (99). Una joya perdida en tu videoclub preferido.

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LA JOYITA DE ACERO

Si buscas con paciencia la encontrarás en la colorinche repisa “infantil”, acumulando polvo entre todas las Cenicientas 2, los Teletubbies Vol. 7 y los High School Musicals. Una flor en el desierto.

El Gigante De Acero (99) es la clásica historia del niño solitario que encuentra un amigote sobrenatural, onda E.T. (82), Gremlins (84) o Los Exploradores (85), con la diferencia de que esta vez el amigote es un robot gigante algo torpe, que no sabemos de dónde viene ni para qué sirve.

Niño y robot se hacen amigos. Lo pasan chancho, juegan en peladeros, leen cómics y hacen maldades. Hasta que descubrimos para qué sirve el robot. Sorpresa, es un arma. Y su naturaleza destructiva entra en conflicto con todo lo que aprendió jugando con el cabro chico.



Muy pronto los militares buena onda descubren la presencia del robot y le tiran cuanto tanque y cohete tienen encima. Las cosas se ponen feas. El gigante de acero no quiere pelea, quiere pasarlo bien, quiere ser Superman porque leyó toda la colección de su amiguito. Conflictazo.

Es una historia que entretiene y conmueve, que uno ve con ojos de niño. No por nada está ambientada en los años cincuenta. Con sus diseños retro y su simplicidad busca apelar a una infancia más limpia, más llena de imaginación, de escuchar historias y recrearlas jugando al aire libre.



Es también un homenaje a las películas de esa década, pero no se nota: Más que guiño y saqueo posmoderno, esta película es una gran historia que habla de lo importante de nuestras propias decisiones.

En otras palabras, Brad Bird prometía. Era un narrador nato. Sabía armar personajes, hacer chistes y emocionar. Demostraba amor por el arte de la animación y era capaz de meter grandes mensajes en frascos de entretenimiento para cabros chicos. Y lo mejor estaba todavía por venir.

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INCREÍBLE PERO CIERTO

Los Increíbles (04) fue su primera película con la omnipotente dupla Pixar-Disney. Y aunque él quería hacer su película con animación tradicional (en 2D), muy pronto sus nuevos socios lo convencieron de cambiarse a la animación digital. Y el resultado volvió a volarnos la cabeza.

Esta vez echó a la juguera historias de superhéroes, películas de espías de la era dorada de James Bond, complejas relaciones familiares versus obligaciones laborales, y finalmente, el tema de descubrirse a sí mismo y aceptar los propios talentos.

Guionista y director de sus películas, Brad Bird parece tener un poder especial para mantener todo balanceado, y aunque hasta ahora todas sus películas han tenido un “mensaje” detrás de la aventura, este mensaje nunca entorpece el placer de meterse en una historia muy bien contada.



Pese a la competencia (nunca como en nuestros días se han adaptado tanta historia de superhéroes al cine), Los Increíbles (04) es la única película que logra establecer de manera tan satisfactoria y entretenida, la dinámica de la doble identidad, los súperpoderes y hasta el disfraz.

Díganme que la explicación a los disfraces de Los Increíbles (04) no es genial. Spiderman diseña su propio traje en un cuaderno y después suponemos que lo zurce él mismo en la máquina de coser de la tía May. Sí, claro.

Los Cuatro Fantásticos sacan su traje de un ropero, igual que los X-Men, y no se molestan tanto en darnos detalles. Superman es otro que aparece con el traje puesto por arte de magia. Batman (Begins) (05) le puso más empeño. Pero Los Increíbles (04) los dejaron a todos en ridículo.



Brad Bird nos presenta a Edna Mode (a la que él mismo le presta la voz): de pronto los trajes son hechos por una diseñadora altanera que idolatra a los superhéroes y los trata como dioses, experimenta con materiales especiales para cada súperpoder, y de paso nos da la explicación más hilarante de la historia del cine, de por qué las capas son inútiles en esto del superheroísmo. Brillante.

Tal atención a los detalles es lo que hace que sus películas sean un universo completo: Cada cosa ingeniosa que se le ocurre le sirve a la historia, cada chiste tiene que ver con la naturaleza de sus personajes, y a la hora de la aventura, uno está completamente atrapado en ese mundo que no conocía, sin querer salir de él.

Los que piensan que el cine para niños no puede ser intenso y emocionante, simplemente no han visto esta secuencia en que Dash, perseguido por los malos, descubre que puede correr sobre el agua.



Después de Los Increíbles (04), Brad Bird nos tenía a todos en el bolsillo. Lo que hiciera a continuación sería esperado con ansias. Y entonces llegó su nueva película, sobre un ratoncito amoroso que quiere ser chef.

Prejuicio: No se me ocurre una idea más fome para hacer una película animada. ¿Qué de atractivo podría tener? ¿No estamos cansados ya del chistecito del ratón que todos quieren matar? ¿Más animalitos que hablan? Por favor, Brad, ¿nos estás tomando el pelo, verdad?

Cinco minutos de película y Brad Birdme había hecho cambiar de opinión. Porque Ratatouille (07) es EL estreno “infantil” del año. Mejor, quítenle el “infantil”: Es una gran película para todos, grandes y chicos, así de simple.

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PEOR ES MASCAR LAUCHA

Como en sus dos películas anteriores, Ratatouille (07) es algo nuevo y único: El amor por los detalles es lo primero que nos va a seducir. Cuando ya pensábamos que nada nos podía impresionar en animación digital, llega esta película a dejarnos con la boca abierta.

Las texturas de todo, desde la comida hasta el pelaje de los ratones, la manera en que la cámara se mueve por los rincones invisibles que uno nunca ve, y el puro diseño de los personajes hacen que esta película valga el precio de la entrada. Pero la técnica en sí no es suficiente (¿cierto, Cars (06)?). Y es aquí donde más se nota la mano de Bird.



De alguna manera el cineasta se las arregla para que el sueño de Remy, el ratón protagonista, nos importe y queramos verlo realizado. Sus pequeños éxitos nos emocionan y cada vez que pasa algo malo, lo lamentamos. Son tantos los matices de los personajes y tan complejo el viaje que viven, que resultan muchísimo más humanos que los de cualquier película con actores de carne y hueso estrenada en la temporada.

Los grandes temas de la historia cuajan lo suficiente como para hacer que un pailón como yo se emocione y quede pensando, y para que un niño como cualquiera lo absorba todo feliz, prácticamente sin darse cuenta.



Pese a que esta película habla de la búsqueda de los propios sueños, de la naturaleza del trabajo creativo e incluso del rol de la crítica en el arte, se las arregla para no tener ni una sola secuencia aburrida o excesivamente parlanchina. Y esa es una lección que muchos cineastas deberían aprender.

Muero de ganas de hablar de una secuencia en particular que ejemplifica perfectamente lo último que acabo de decir, pero prefiero que vivan la historia limpiamente y sin nada que se las arruine. Ya saben, como haría un niño de ocho años. Bon apetit.

Para ver el trailer de Ratatouille pincha aquí

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Último comentario:
Elwikis  escribió...

Bella, evocadora, entretenida. La musica.... de lujo. Hasta los aromas era posible apreciarlos. Chorrocientasmil estrellas. Hermes, espero tu articulo de hoy. ...

12:25PM 06/07/2007

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comentarios (29)

 
 

 

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