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  Hermes fue a ver Hostel 2 y terminó dándole, nuevamente, el United Colors of Benetton Award “por ser una película que promueve la tolerancia y hace que uno diga “Yankees Go Home” pero en buena”. Y como había tenido la prueba del libro, fue también a El Perfume. “El olor a colorina es para él como la lasaña para Garfield, la espinaca para Popeye o la ambulancia Help para Papelucho”, escribió en esta doble anti crítica.

Por Hermes Antonio
Hostel 2
Todo lo que el dinero puede comprar.
 

EL PERFUME

Esta película está basada en un libro famoso que un profesor de barba todo hippiento nos hizo leer en el colegio el año pasado. Al principio nadie pescó porque tenía más de cien páginas. Después alguien bajó un resumen de estoyqueestudio.com y todos leímos eso y nos fue la zorra.

Pero como a los dos meses la mamá de un compañero hizo el medio atado en una reunión de apoderados, diciendo que el profesor nos hacía leer libros satánicos, que deberían censurarlo y que más encima el profe tenía barba. Y que para deformar la mente de los niños mejor los dejaban en la casa.

Ahí como dos mamás más saltaron y terminaron haciendo la media protesta entre las tres, todo por culpa de este libro. Al profesor hippiento lo terminaron echando y ahora que estaba prohibido, todos corrimos a conseguirnos el famoso libro. (Hasta el simio Olivares lo andaba leyendo, y eso que todos saben que es analfabeto).



Bueno, ahora hicieron la película y mil quinientas estrellas de bonificación al tiro porque hay un libro menos que leer en el colegio y una película más que ir a arrendar el día antes de la prueba.

Se trata de un compadre que es seco para el olfato, y le siente olor a todo. Pero a TODO. Por ejemplo si se para en una calle cualquiera, él es capaz de sentir el olor hasta del VIDRIO del vaso del compadre sudado, que está tomando jugo de cebolla y fumando pipa en la pescadería al lado de la escuela de Karate.

Es tan seco, que si viviera en esta época sería superhéroe y harían una película de él con Luciano Cruz Coke como Cayuyaman. (Y la kriptonita sería un calcetín de mi hermano Gabo)



Lamentablemente Cayuyaman nació en Francia en el año uno, hace tanto tiempo atrás que en Francia se hablaba inglés. Más encima era medio chalado el pobre así que no tenía por dónde ser superhéroe. Cuando es guagua todos lo basurean y a medida que crece lo van adoptando pura gente mala onda que le saca la contumelia y/o lo hacen trabajar como bestia.

Cuando está más pailoncito, Cayuyaman se encuentra con una colorina toda hot en la calle y queda alucinando pesado, porque el olor a colorina es para él como la lasaña para Garfield, la espinaca para Popeye o la ambulancia Help para Papelucho. Ralla la papa heavy.

Lo único malo es que los olores desaparecen si uno abre las ventanas o mueve las sábanas (menos mal) así que Cayuyaman se achaca en mala y se desespera, porque lo que a él más le gusta se lo lleva el viento (pobre).



Pero aquí descubre que hay viejos que trabajan haciendo perfumes y a él se le prende la ampolleta. Si aprende a hacer perfumes, va a hacer uno con olor a colorina y está al otro litro. Así que de eso se trata la película. Cayuyaman vaga por toda Francia consiguiéndose puras pegas que tienen que ver con las técnicas olorísticas milenarias que sabían los viejujos de la época, y él va aprendiendo.

Toda esta parte me gustó mucho porque es como cuando Luke Skywalking hacía flotar las piedras y se daba volteretas con Yoda de mochila, pero con colonias en vez de piedras, y menjunjes en vez de Yoda.

Para hacer olor a minoca eso sí, obviamente Cayuyaman tiene que ir agarrando a las minocas, hervirlas, pasarles el uslero, destilarlas, rallarlas, echarles clavo de olor, etc. Y como las mujeres son el sexo débil, la mayoría de las veces terminan muriendo en el proceso, así que además de Cayuyaman, el perico es asesino. O sea, es un personaje lleno de contrastes. (Mil estrellas).



Un amigo nerd (vive con su abuelita) me dijo que esta película era de un director alemán todo pintamonos, el mismo que hizo esa película de la colorina tecno que corría para que al pololo no le robaran el maletín con la plata (Corre Forrest Corre).

Yo me acuerdo que después de esa película terminé con epilepsia porque había dos mil cortes por segundo, y el director hacía puras chorezas para llamar la atención.

En esta película no es tan terrible pero igual hay partes en que el compadre no hallaba qué hacer. Como quería decir que las cosas eran perfumadas, o que los personajes estaban sintiendo olor, hace puras leseras como mover la cámara a toda velocidad desde una nariz aleteando hasta el pelo de la comadre, o mostrar en cámara lenta que caen las flores/gotitas/pañuelos.



Incluso en una parte un viejujo huele un perfume que es tan rico, pero tan rico, que el peliculasta hizo que aparecieran puras flores y cascadas de efectos especiales modernos alrededor. Hasta hizo que apareciera una minoca de la nada, le diera un beso en la mejilla al viejo y le dijera “I love you” (no es chiste).

O sea, EL MEDIO perfume. Mejor que el Coral, el Ego, el Denim, el Old Spice y el Flaño, todos juntos y combinados. (A lo más cuando uno huele esos aparece una abuelita tomando té y te dice “hola mijito”, pero eso es todo. Ni cascadas, ni flores, nada).

Al final esta película es igualita igualita al libro, pero por más que el compadre hace efectos raros y muestra narices en primeros platos, uno igual siente el puro olor al cine. Igual pasan hartas cosas cuáticas y si uno no leyó el libro encuentra que la película es más rara que no sé qué. Pero este Cayuyaman no es algo que uno ve todos los días, así que maestro igual.

Ciento quince mil ciento cuatro estrellas perfumadas.

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HOSTEL 2

Esta es la segunda parte de esa película donde los compadres andaban turisteando por esos países cuáticos, donde todos hablan puros idiomas que parecen inventados. Lo que sí, acá los compadres se ponen apestosos al tiro y se rallan tanto con que “dóundei están las minoucas”, “vamous a Suecia”, “el piscou es wricou” y “el wregueitoun es la zouwra”, que en castigo los mandan a una residencial chanta.

La residencial en verdad es un negocio todo clandestino, donde a los pobres pelmazos los agarran unos viejos millonarios aburridos y los dejan para el gato a puro taladrazo, cuchillazo y malas ondas afines. Porque hay cosas que el dinero no puede comprar, pero para todo lo demás existe Mastercard.



La gracia de Hostel Parte 1 es que los gringos eran tan pero tan pelmazos, que a los diez minutos de película uno quería meterse en la pantalla, agarrar la sierra y dejarlos a todos como tomaticán por giles. Pero cuando las cosas se ponían más brígidas uno se arrepentía de haberles tenido mala, y se mordía las uñas para que el último compadre (pelmazo) se arrancara.

O sea, era una película que promovía la tolerancia y hacía que uno dijera Yankees go home, pero en buena y con cariño. (Cien mil estrellas de bonificación y el United Colors of Benetton Award de una).

Ahora para la segunda parte, en vez de los tres gringos hombres pusieron a tres comadres gringas mujeres para que a las pololas les tocara por fin su turno de vitrinear, porque de seguro quedaron chatas después de tanta minoca en Pelotillehue que salió en la otra película.



La mala noticia, pololas, es que primero esta película no tiene tanto minoco pilucho como minocas tenía la otra (no se hagan ilusiones). Y segundo, acá cambiaron la trama porque resulta que estas tres comadres no andan de jarana, sino que se las engrupen con que en la residencial chanta hay el medio ni que spa (“piscinas calientes, masajitos, máscaras de barro, velitas y Enya” en inglés).

En resumen y para que no se pierdan: Hombres = califa. Mujeres = superficiales. Millonarios = Locos. (Spoiler)

Lo bueno de esta película es que uno puede ir a verla aunque no se acuerde ni por si acaso de la primera parte, porque al principio tiene unas escenas que tienen hasta flashpacks de lo que pasó en la otra, así que uno vuelve a disfrutar de escenas como cuando al compadre le cortan los dedos o al otro le taladran el muslo (con un taladro).



A propósito. Que las mamás que quieran llevar cabros chicos al cine no se engañen por el póster de la comadre pilucha que tiene en las manos su propia cabeza cortada (ese que ponen en el metro). Esta no es una película para niños.

Pololos: vayan sacándole las pelusas al polerón y échense colonia en el brazo, porque ahí es donde la comadre les va a poner la cara todo el rato. Sobre todo si su polola es de esas que se tapan los ojos y hacen escándalo hasta cuando una enfermera le saca sangre a alguien en una película. (Si la comadre se tapa los ojos y hace escándalo cuando una enfermera le toma la presión a alguien en una película, mejor que no vaya a ver ni una cuestión).

Igual esta no es tan terrible como la parte uno. Parece que el director cachó que lo podían demandar por tanto infarto y le bajó un poco las revoluciones a las escenas de terror. De hecho, el que lo pasa peor yo cacho es uno de los malos. No voy a decir nada, pero ouch. (Ya van a ver)



La dura, en esta el director se embaló más con el negocio clandestino de la residencial chanta, que con el susto del corre que te pilla el millonario. Ahora uno se entera de cómo funciona la cosa y así se inspira y se mete a Pyme.

Incluso hay escenas en que puro muestran a los millonarios locos y las minocas dan lo mismo (están en el spa), pero eso es bueno porque uno reflexiona y hace crítica social (le agarra mala a los millonarios).

No falta el degenerado que encuentra que la película tuvo muy poca sangre o muy pocas minocas piluchas, pero yo encontré que igual da susto. Así que ya saben, si les gustó la primera, con esta la hacen de oro.

Setenta mil quinientas dieciocho estrellas.

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Último comentario:
Lothwen...  escribió...

Muy buena la critica.... si igual uno tiene que tomarse esto de los comentarios de cine con humor..... no nos hagamos los sabelotodos... ni que queremos un comment cultural... porque eso no se los cree ni su abuela..... para esa ...

3:52PM 29/06/2007

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comentarios (119)

 
   

 

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