Pape Luis
Cuando me dijeron que tenía que ir a ver esta película iba preparado a pasarlo el doble de chancho, porque no sólo era chilena (maestra) sino que además era de monitos y basado en un libro famoso que a mis papás hicieron leer muchas veces cuando eran chicos, y que era lo que la llevaba en esa época porque no había Play ni Internet.
Tele había, pero era fome y daban puros programas mula, como ese del guatón que corría en cámara lenta (El hombre biónico) o ese del espacio todo colorinche, con la familia del abuelito reclamón, el robot Tongas y los marcianos con la cara plateada de desfile del orgullo homogay (Los Venegas en el Espacio).
Así que este Pape Luis es el medio ni que fenómeno. Es tan bacán que lo han regalado hasta con el diario, y esa no la hace cualquiera. Hay que ser El Principito, póster de Arturo Prat, facsímil de PSU o revista de JUMBO para que te regalen en el diario, así que más respeto al tiro, cabritos.

Pape Luis es como el Harry Potter chileno, pero sin la escoba mágica. Ni los lentes. Ni los efectos especiales. Ni la compañera mina. En realidad este compadre no se parece en nada a Harry Potter, ahora que lo pienso, pero los dos son basados en libros famosos y siempre el título es el nombre del perico con algo aventurero al lado, onda Harry Potter y la pana del tonto o en este caso, Papelucho y mi amigo Mac.
Papelucho es un cabro chico que tiene la cabeza de Doggie Houser Médico y el cuerpo de Fido Dido Anoréxico. Es fanático de hablar solo, igual que Nicolas Cage cuando era pelado en esa película cuática (El ladrón de Flores), que los mafiosos en las películas de Éscor Cese, y que la viejita esa que pide plata en la feria.
Se supone que es un cabro chico malo de esos que hacen rabiar a los adultos y hacen cosas divertidas, y por lo tanto enseñan que hacer maldades es bueno, pero yo encontré que este Papelucho es como si a Bart Simpson lo hubiese criado Frutillita, porque es todo buena onda. Y aunque inunda todo el barrio igual es tierno y dice “choriflay”. O sea, si fuera compañero mío en el colegio no lo bajaríamos del columpio ni para darle agüita.

(Nota: “Choriflay” es lo que decían los cabros antiguos antes de que se inventaran las palabras “la” y “zorra”, y significaba más o menos lo mismo. Las dos palabras derivaron del quechua “chorrú”, que significa “dícese de algo o alguien que es más bacán que no sé qué”. La dura)
Papelucho tiene por lo menos la voz de Bart Simpson, y me encantó eso porque esta película está hablada en chilensis, pero todo bien pronunciadito y mexicanote como la Chilindrina o igual que Johnny Cien Pesos.
O sea, es una película universal que dice que en realidad somos todos hermanos y “we are the world”, y me encanta que los peliculastas chilenos se la jueguen por la globalización (mil estrellas de bonificación). Como es una película para todo espectador eso sí, nadie dice garabatos porque los cabros chicos no hacen eso (dónde la vieron).

La película se trata de eso, de Papelucho hablando solo en chilexicano, y aburriéndose porque su profesor le pinta los monos y lo reta porque dibuja (paradoja).
Como lo retan en una clase de No Hay Vida Extraterrestre En El Espacio, Papelucho decide vengarse de todos capturando un marciano para que todos le crean y lo respeten y lo bajen del columpio, así que hace una sopa asquerosa con mocos que brilla en la oscuridad (jajaja, mocos) y por accidente se traga al marciano.
Aquí no es por ponerme pesado pero me gustaba mucho más como lo hacían en Mi Amigo Mac, donde el compadre ponía un caminito de M&Ms en el suelo y el marciano caía en la trampa porque, obvio, a todos le gustan los M&Ms. Pero ¿sopa de mocos? (jajaja, mocos).

El marciano de esta película no es tan cool tampoco como el enano en el disfraz de goma de esa película, ni toma cerveza ni se muere y resucita. Es gritón como cabra chica y anda diciendo que quiere pasarlo bien y hace que Papelucho haga el ridículo cuando lo tiene metido dentro y puras escenas chistosas de ese tipo.
Tampoco se cura porque toma cerveza ni hace que el compadre le dé besos a la mina más mina del curso con sus poderes mentales, así que no estén esperando esa escena o van a terminar decepcionados como yo.
Después el marciano se aburre y quiere irse a su casa. Papelucho decide ayudarlo, y entremedio llaman a un doctor porque creen que él está enfermo, y una compañera de colegio descubre que Papelucho está loco, y la empleada pololea con un carabinero, etc. Pasan hartas cosas pero da lo mismo, y en una parte van a Marte, y Marte es igual a Las Vegas. (También hay un perro)

La verdad es que me sentí un poco pailón viendo esta película porque salían puras cosas que no me daban risa y me empecé a sentir como en la típica comida familiar en que a uno se lo calzan y lo dejan cuidando a los cabros chicos más chicos, y ellos ponen el Baby Channel y se quedan hipnotizados viendo todos esos programas con personajes gritones que bailotean y cantan la ronda de los amigos, mientras uno no sabe qué está haciendo ahí y empieza a hacerse preguntas profundas.
Lo que sí, ponen música de 31 minutos cada vez que Papelucho no habla en chilexicano y hace cosas entretenidas como ir al JUMBO a comprar cosas para su invento, o a pararse delante de los letreros de COCA COLA (hay hasta en Marte), o a esperar a que llegue HELP, y eso es bueno porque uno descansa un rato de la voz y lo pasa chancho.

Otra cosa que pasa es que a veces la película se transforma en gráficos futurísticos de computador digital moderno a pito de nada, como cuando Homero se volvía 3D en el especial de Halloween, pero acá no es tan emocionante y Papelucho no se da ni cuenta de que ahora parece videojuego y sigue todo como si nada.
En resumen, una película para chicos muy chicos que dejará loco a cualquiera que sea como la guagua gigante que hace de sol en los Teletubbies, y que queda en trance cuando los guatones de esponja juegan a la escondida. Doce estrellas.
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