EL EXTRAÑO MUNDO DE CHUCK

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EL EXTRAÑO MUNDO DE CHUCK

Un crítico español lo resumió todo: “corra a comprar los libros de Palahniuk. Vaya a la biblioteca del barrio. Pídaselos a un amigo. Róbelos. Pero léalo. Ya está tardando”. Chuck Palahniuk, el autor de “El club de la pelea”, un escritor de culto para gente “no culta”. A continuación, un safari por el extraño mundo de Chuck, incluido Fantasmas su última novela traducida al español.

Por Marcelo Ibáñez



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EL MONO PIENSA, EL MONO HACE

“Es por eso por lo que escribo. Porque la mayoría de las veces la vida no es divertida hasta que uno la revive. La mayoría de las veces no se puede ni aguantar (…) porque la vida nunca funciona salvo si miras hacia atrás. Y escribir le hace a uno mirar hacia atrás. Porque como es imposible controlar la vida, por lo menos puedes controlar tu versión de la misma”.

(Chuck Palahniuk, “Error Humano”, 04)


No hay nada más tramposo que vender una obra de ficción diciendo “hey, esto realmente sucedió”, todo ese recurso barato de “basado en hechos reales”. En ficción, a diferencia del periodismo, lo que importa es la verosimilitud de la historia (que resulte “creíble”) y no la veracidad de los hechos (que hayan realmente sucedido como se relatan).

En el mejor de los casos la ficción nos hace creer, y desear, que esos personajes viven allá afuera. Un paso más allá (¿o más acá?) está la materilización de la ficción, su puesta en escena, la gente que se compra un gorro como el de Holden Caulfield (“El guardían entre el centeno”, J.D Salinger, 1951) o cree que bebiendo en bares va a vivir la intensidad de Bukowski.

Ok, esto que suele definir a un escritor de “culto” habla más de las obsesiones, miedos y deseos del lector, que de la calidad misma de la obra. Pero cuando el grado de identificación raya en el fanatismo, ¿no se deberá a que esa obra atrapó un buena porción de las obsesiones, miedos y deseos de su época?

Con su primera novela publicada, la tercera que escribió, la más famosa, la que apenas vendió ejemplares y que sólo se recuperó del olvido gracias a su adaptación cinematográfica (El club de la pelea, 1999), Chuck Palahniuk logró todo eso.

Lo cuenta en su ensayo “Monkey think, monkey do” (Error Humano, 2004 , traducido vergonzosamente como “Si no hago lo que leo, me meo”). Ahí cita a Kierkegaard para intentar explicar por qué la gente pasó de preguntarle dónde quedaban los verdaderos clubes de la pelea, a crearlos ellos mismos.

Y así con un montón de escenas del famoso libro.


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EL MÉTODO

“De esta forma, incluso el acto solitario de la escritura se convierte en una excusa para estar con gente. Y, a su vez, la gente alimenta la narración. A solas. Con gente. Realidad. Ficción. Es un ciclo… Y funciona, pero sólo si uno no se queda demasiado tiempo varado en uno de los dos lados” (Chuck Palahniuk, “Error Humano”, 04.)


Palahniuk está a medio camino entre el periodista que es a tiempo parcial, y el escritor que es a tiempo completo. A medio camino entre dos arquetipos literarios: el de los escritores vitalistas, aquellos que supuestamente sólo escriben lo que viven (Bukowski, Henry Miller, Heminghway y todos los beatniks) y aquellos que postulan lo contrario: que mientras mayor sea el porcentaje de imaginación en una novela, mayor es su mérito (Borges o Jhon Irving en su novelón “El mundo según Garp”, 1978).

A medio camino, además, entre un MUY buen escritor y un GRAN escritor.

Palahniuk asegura que su mérito es mínimo. Que él no podría imaginar ni una décima de las historias que aparecen en sus libros. Que él no hace más que idear una manera ingeniosa de encajar los bloques, pero que muchas de las piezas que arman sus relatos (esas asombrosas historias que generan rechazo, fascinación o un choque perverso entre ambas sensaciones según quien las lea), no salen de su imaginación.

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Meseros hastiados escupiendo sobre los platos antes de servirlos (El club de la pelea, 96), un grupo que visita casas en venta aún habitadas, sólo para robar los barbitúricos que encuentran en los baños (“Monstruos Invisibles”, 1999) o el tipo que perdió parte de su intestino al quedar atrapado en el filtro de una piscina mientras practicaba una peculiar forma de onanismo (“Tripas” (06), la parte de la bizarra práctica se la contaron, lo de perder el intestino se lo inventó), por ejemplo, son todas historias “reporteadas” y no imaginadas, asegura.

¿Cómo?

Acá va una clave del método Palahniuk: Toma lápiz y papel. Entra a bares, cafeterías, salas de espera, cualquier lugar donde la gente esté aburrida y dispuesta a contarte alguna historia. Cultiva de preferencia a esos tipos frikys a los que nadie oye. Hazlos hablar, no los juzgues, dales confianza, ríete con sus historias.

Anota todo en un papel.

Reúnete con tus amigos, sírveles vino, cuéntales una historia de algún tema particular que necesites desarrollar, consejos caseros de limpieza, por ejemplo (Superviviente, 99), o las cosas que los albañiles esconden dentro de los muros (Diario, 03). Sírveles vino, anímalos a que te cuenten las suyas. Anota. Vuelve a llenar las copas.

A esto Palahniuk lo llama “sembrar en el grupo”.

Si aún no es suficiente, llama a líneas eróticas para encontrar esa historia que te dé el giro necesario para tu nueva novela, esa sobre una ex súper modelo desfigurada, una drag queen devora hormonas y su novio secuestrado (“Monstruos Invisibles”, 99), hazte voluntario en una institución benéfica de enfermos terminales (“El club de la pelea”, 96), visita grupos de apoyo para adictos al sexo (“Asfixia”, 02), ahí siempre se cuentan grandes historias.

Anota, anótalo todo.

Ahora ya tienes suficiente material para tu próxima novela.

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El método de Palahniuk es periodístico, eso de “reportear” las historias en lugar de imaginarlas. Su ética, la de un escritor: simplemente se salta la molesta parte de verificar si lo que le están contando realmente sucedió.

Por eso sus novelas son tan fantásticamente reales. Historias increíbles (pero siempre creíbles, ahí está la gracia) como tomar los mejores mitos urbanos, las noticias más extrañas de LUN o los relatos más torcidos de Pasiones, el Chacotero Sentimental y Pablito Aguilera, y reciclarlas en literatura.

Por eso sus libros dan la impresión de ser un delirante tobogán sobre filo que hay entre la ficción y la realidad. Algo así como “realismo mágico” sin imaginación, ni selva, ni romanticismo de izquierda. Acá hay suburbios, minimalismo literario, semanario de lo insólito, mitos urbanos, técnicas periodísticas, manipulación de datos y nihilismo punk.

Todo el resto: la estructura, el guión, cómo encajar las historias, cómo torcerlas hasta hacerlas delirar de dolor, asco, tristeza (o cualquier emoción intensa que quiera exprimir de ellas), el discurso personal, en síntesis, el estilo que indudablemente posee, es un arte propio de Chuck el escritor.


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CHUCKY, EL ESCRITOR DIABÓLICO

Todos los libros de Palahniuk son una aventura sin freno. Sus novelas, veloces, se devoran así mismas. Acción pura y enemiga de las descripciones. Su pluma es una cámara que proyecta imagenes sobre el papel con una precisión magnífica.

Sus novelas son vertiginósamente cinematográficas, explosivamente pop y políticamente incorrectas, repletas de personajes obsesivos, emocionalmente fracturados, de discurso nihilista y necesidades profundamente románticas: todos intentan desesperadamente conectar con los demás.

El discurso de contrabando que pasa Palahniuk entre tanta aventura delirante es lúcidamente antisistémico: una crítica divertida al consumo, los medios, la sobreinformación, el ruido, la vanidad, y, sobre todo, la falsa promesa de libertad del mundo moderno.

Quizás todo esto explica que cada uno de sus libros hayan vendido los derechos de adaptación cinematográfica. Quizás esto explica también, que sólo uno de ellos finalmente se haya filmado. Basta leer una breve sinopsis de sus novelass para entenderlo. Como ejemplo, las mejores tres, las imperdibles. Literatura pop para leer este verano:

Nana (02): Lejos el mejor de todos, puro pulso y precisión en el relato, giros de timón increíbles y una metáfora tremenda sobre la globalización y la sobreinformación.

Un periodista, Carl Sterator, debe armar un reportaje sobre la muerte súbita En el transcurso de la investigación descubre que la causa es una nana, una canción de cuna africana, un conjuro publicado dentro de un libro de Rimas y Poesías que los padres le leen a sus hijos antes de hacerlos dormir. Y los matan sin saberlo.

Ahí parte una road movie para buscar las copias del libro, protagonizada por Carl, Helen Hoover Boyle (una agente inmobiliaria que vende mansiones embrujadas a los incautos, para comprarlas baratas y venderlas caras otra vez), Ostra (un hippie eco terrorista que pone avisos falsos en los medios, del tipo: “si usted almorzó recientemente en el restaurante del hotel Hyatt y adquirió salmonella, puede participar de una demanda colectiva”) y su novia Mona (una chica new age, que busca un libro de conjuros para hacer el bien).

Una gran familia putativa, una premisa sci fi, y todo lo que pasa entre medio. Uno de esos libros que uno no quiere que terminen nunca.

Asfixia (01): Victor Mancini es un adicto al sexo en rehabilitación, un ex estudiante de medicina que en cada mancha, ojera o cabello ve síntomas de enfermedades futuras.

Mancini trabaja en un parque temático del siglo XV. En sus ratos libres va a restaurantes donde simula asfixirase con la comida para obtener dinero, y pagar así la clínica donde su madre está internada. La misma que antes de tener Alzheimer era una radical activista política buscada por la policía y obsesionada con los verdaderos significados detrás de los avisos en los lugares públicos.

Como cuando dicen en el metro: A-1, A-1, y en “relidad” es un código para decir que alguien se tiró al metro.

Una novela que debajo de toda su extraña superficie, trata de la redención, de cómo todos necesitamos salvar a alguien o hacer algo por el otro para sentirnos bien.


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El club de la pelea (96): ¿Qué más se puede decir? Seguro ya vieron la película, sino arriéndenla. Mientras tanto, acá un extracto del libro, una definición exacta, de la postura política del escritor:

"La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida.

Somos los hijos medianos de la historia, educados por la televisión para creer que un día seremos millonarios y estrellas de cine y estrellas de rock, pero no es así. Y acabamos de darnos cuenta. Así que no intente jodernos"
.

“Fantasmas” (06) es su último libro editado en español. Dos textos en uno: una mediocre novela y veintiún relatos cortos, muchos de ellos sublimes, incluido “Tripas”, un cuento que según la prensa provocó desmayos y vómitos en la audiencia durante las presentaciones del escritor.

Gente sensible. A mí me hizo reír.

“Fantasmas” (06) nació como una recopilación de los cuentos que el autor presentaba en sus lecturas (para devorarlos, la mayoría de ellos) que terminaron siendo incluidos dentro de una novela mayor (bastante mediocre).

La novela trata de un grupo de aspirantes a escritores encerrados en una especie de reality. La idea por sí sola suena rancia. Y lo es. Aunque tiene ritmo y páginas notables, finalmente el escritor comete todos los pecados que en sus anteriores libros (siete novelas escritas en diez años) supo sortear con estilo.

El libro se extiende innecesariamente, es groseramente exagerado (mutilación, tras mutilación), facilista (escritores dispuesto a “todo” por la fama), poco creíble (mutilación, tras mutilación) y extremadamente predecible (escritores dispuesto a “todo” por la fama).

Para alguien que ha leído todos los libros de Palahniuk, el escritor comienza a mostrarse atrapado en su molde, un molde propio y único pero cómodo y predecible Es cómo lo que sucede con Tarantino: nadie lo puede copiar, pero Kill Bill no alucina tanto como cuando uno vio Pulp Fiction: ya le conocemos los trucos.

Habrá que esperar su libro anunciado para este año: Rant, la biografía de un personaje que nunca aparece, construida mediante lo que los demás dicen de él, un nuevo intento por salirse del molde propio.

Por lo demás, el resto de su bibliografía sigue siendo todo un espeluznante y divertido viaje. Como la mejor de las montañas rusas en medio de la casita del horror.

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ETERNO RESPLANDOR
 

Último comentario:
Raul  escribió...

Que manera de postear gente de mierda por aca, superficales, frios y pseudo intelectuales al peo.... esto hace la tele. El texto esta bueno, divertido y rescata mucho el estilo de chuck. Si, ya no es noedad, pero su nuevo libro l ...

4:12PM 24/03/2007

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