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RAROS PEINADOS NUEVOS (y otros clásicos) |
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Desde el Pokemón, ese extraño corte de patillas largas y nuca desordenada, hasta el chocopanda fashion, la versión universitaria del clásico corte de heladeros y futbolistas noventeros, pasando por las señoras que se creen Bachelet. Recorrimos Santiago para encontrar esos locos peinados de moda. Acá, el bestiario de lo que hallamos.
Por Arturo Galarce |
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EL POKEMÓN
Hace cuatro meses Carlos (15, en la foto) le preguntó a su primo mayor cómo lo hacía para tener “el pelo tan bacán”. Gentil, su primo le reveló el secreto Pokemón. “Me mandó altiro a comprarme una alisadora, una nueva que se calienta en 10 segundos. Así que partí y comencé a peinarme con style”.
¿Su estilo? El corte bautizado popularmente como “Pokemón”: patillas largas y lisas, chasquilla recta y una especie de choco desordenado en la parte trasera, que asemeja a un Pokemón en plena evolución. Un peinado que partió siendo propiedad de los amantes de la música hardcore y que luego fue tomado por los cultores del perreo nacional.
Para Carlos ser Pokemón es un orgullo. “Yo le copio la pinta a los hxc pero bailo reggaetón. Si me huevean los hxc no pesco. No estoy ni ahí. Yo soy Pokemón”.

Hoy Carlos no lo puede creer. Jamás vio tantas chicas coqueteándole en el Lola Lola, Luxor, Vallarta, K-Masú y Excalibur. Todo gracias a su pelo, asegura. “Loco, andai con el corte y las minas pescan altiro”.
Hoy Carlos está en búsqueda de un colegio que le permita ir a clases con sus patillas y choco evolucionado. “Ya tengo algunos datos, cachay, es que no estoy ni ahí con que me hueveen por el pelo”, dice, mientras piensa en el futuro de su colectivo: Washones_Crew,los amigos de la plaza y sin alcohol que pronto tendrán flog propio.
Fotos: Ninion.
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TODAS IBAN A SER AMELIÉ
De un momento a otro cientos de chicas indies tomaron sus bicicletas vintage, esas con ruedas grandes y canastitos, y comenzaron a dar vueltas por el barrio Lastarria. Antes de eso fueron a la peluquería más oldie del barrio y pidieron una chasquilla recta y morena, como la de la icónica Javiera Mena. Todas claro, habían visto Amelié.
Bueno. Todas las chicas indies son tan indies que ninguna quiso mostrar su flequillo en este reportaje. Todas salvo Pola (17, en la foto), una lola tan desafinada como la Mena y con su misma chasquilla, la que usa desde hace tres años cuando no tenía idea de quién era Javiera Mena.

“Yo no la conocía. Sólo me enteré de ella gracias a unas chicas me dedicaron un par de canciones de su disco. Y claro, me gustó”. Luego vinieron las comparaciones, y ahora en el colegio todas sus compañeras la molestan y la encuentran parecida.“Me dicen que soy igual a ella, en todo sentido”.
En todo sentido. Y eso a Pola, no la incomoda.
Foto 1: Flog de Pola. Foto 2: Ninion.
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LA PELOLAIS
Ricas, de buen colegio y con gustos refinados. No visten cualquier cosa ni te bajan de Plaza Italia. Nada de tijeretazos histéricos, ni peinados extraños, ni colores fluorescentes: ellas llevan el pelo liso y largo, como una especie de certificado genético. Son las pelolais y están orgullosas de serlo.
Nicole Pogorelow,(16, en la foto), una modelo que desde los cinco años participa en comerciales (Falabella, Omo, Savory, Mackay, etc.) pasarelas y sesiones fotográficas, nos explica el concepto: “Según los fotologs, las lais son las típica minas ABC1, de pelo liso y bien producidas. Pero eso no es todo, también está el estilo, la ropa. Por ejemplo los accesorios Louis Vuitton o Zara. Usar falda o vestido y no andar tan sport”.

Paula Echeverría (17), Pelolais y moderadora del fotolog Lais Ondulais,es una experta en la materia. A ella le preguntamos ¿pueden haber Pelolais en Conchalí por ejemplo? “No, mira, la pelolais debe ser ABC1, no sirve sólo que tenga el pelo liso. A mí a veces me llegan fotos de chicas feitas, crespas, que me piden que suba sus fotos al flog pero es imposible. Ellas no son pelolais”.
Según Paula los lugares donde encontramos a la comunidad lais son: Boulevard del Parque Arauco, Plaza San Enrique para los carretes, vacaciones en Cachagua, y fiestas privadas a cargo de alguna productora en el sector oriente. ¿Y bajo Plaza Italia? Paula: “Sólo cuando toca alguna acción benéfica con el cole o la iglesia. Aunque hay muchas que también van al centro y a Patronato”.
Foto: Sebastián Sepúlveda.
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EL MOLKO MORENO
Luego de ver el video de “The Bitter End”de Placebo, Felipe Espinoza (17, en la foto) imprimió imágenes con distintos perfiles de Brian Molko y corrió a la peluquería. Entonces lo apodaron “Niño Molko” en el colegio, y comenzó a visitar las peluquerías. Obviamente, las del Eurocentro.
“Cada vez que salgo me lo aliso, y con una peineta intento dejarme la chasquilla lo más recta posible”, cuenta Felipe. Así puede pasar más de 40 minutos frente al espejo, retocándose el cabello y despertando dudas en su familia.
“Igual me molestan en la casa, mi hermano mayor dice que soy como una mina, y mi viejo tenía dudas de mi sexualidad hasta que me pilló con una mina en la calle”, dice.

Finalmente, “Niño Molko” está listo para partir rumbo a la Blondie junto a los chicos del foro. “Voy finde por medio. Típico que allá alguien te reconoce por el fotolog.Una vez una mina me encontró igual a Molko. Me dijo que bailaba igual, que tenía el mismo pelo, todo, y por eso me quería conocer”.
Hoy Felipe lleva el look del video “Twenty Years”,y espera mantenerlo hasta que en el colegio lo obliguen a cortárselo. Felipe: “Eso es lo único malo de llevar un corte como este. Además de aguantar que todos te traten de gay, claro”.
Foto: Edgar Pinto.
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EL PELAO PARRÓN
Antes de seguir con nuestra súper lista estilística, es hora de un clásico eterno: el combover, conocido en estas tierras como “parrón”, la creación más delirante que un casi calvo pudo idear.
Hace diez años don Roberto Rosas (52, el pelado de la foto) perdió casi todo el cabello. En vez de recurrir a jockeys, peluquines o a algún espray negro, Rosas recurrió a un verdadero clásico: El Parrón o “Tony Caluga” como el mismo lo llama.
“Entraba a la ducha y las manos me quedaban llenas de pelos cuando me lo lavaba. Eso era muy frustrante”.

Mientras veía cómo el resto de sus cabellos se esfumaban, Don Robert dejó crecer los del costado. “Así puedo cubrirme la pelada. Pero imagine lo que soy yo en la mañana, un chiste. Yo era hippie, yo escuchaba Los Galos y tenía el pelo largo. Yo tenía el pelo largo”, repite con una tristeza infinita.
Todos los días don Roberto humedece los pocos cabellos que le quedan, los cruza de un extremo a otro y reza para que no corra el viento. No aplica gel, ni nada, pues teme a que los químicos lo dejen absolutamente calvo.
Combover. Así llaman los gringos a este estilo. Incluso le hicieron un documentalque pasan de vez en cuando en el cable. Y como son gringos, lo patentaron bajo el nombre de “Método Para Ocultar la Calvicie Parcial”,claro que la patente perdió vigencia en 1994 así que don Roberto no le debe un peso a nadie.
Foto: A. Galarce.
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LA CHICA EMO
Volvamos con los chicos modernos.
Después de los hxc clásicos, aparecieron a principios de esta década otros hxc que cambiaron la rabia por la pena. Colocaron un mini-peluche al cierre de la mochila, partieron al Forestal, al Euro, dejaron las chelas y empezaron a llorar. Son los Emos y sus locos peinados, esos que mezclan rasgos punk con visual japonés.
Para enamorarte de tu chasquilla tienes que ser Emo. Pero de verdad, como Daniela (16, en la foto). “La chasquilla es lo más importante que tengo, la amo. La cuido demasiado, es la única parte de mi pelo que peino”.
Daniela es Emo y su peinado, una declaración de principios: “Muchos usan la chasquilla Emo porque sí, y ni siquiera son Emos. La chasquilla que tengo es para cubrir intencionalmente uno de mis ojos. Los ojos dicen mucho, cachay?, son la ventana del alma. Y a mi no me interesa que el resto de la gente vea lo que siento. No quiero que vean mi sufrimiento”.
Hoy Daniela ya no alisa su chasquilla… lo hizo tanto que ya quedo lisa para siempre. “Jamás me la cortaré, es tan mía, he pasado tantas cosas junto a ella que me sería imposible perderla”, dice, mientras camina con mirada de pena por el Forestal, donde el otoño ya se hace sentir.
Fotos: Ninion.
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LA TÍA MICHELLE
Desde las presidenciales pasadas se desató el boom. Y no sólo el boom de los derechos de la mujer, la igualdad de género y todas esas cosas que siguen casi igual. Además aparecieron por todas partes las creadoras de una nueva tribu urbana que aún no obtiene el sitial que se merece: “The Bachelet’s”, miles de señoras teñidas igual que la Presidenta, con el mismo corte y encajonadas en un traje de dos piezas. Incluso hay algunas que usan lentes y llegan a dar susto.
Puede ser tu tía, tu profe, la señora de la panadería o incluso tu mamá. Todas quieren ser Michelle Bachelet. La señora Edith siempre ha sido una de ellas.
Cada vez que la señora Mariela (en la foto) sale a la calle, una broma tiene que caer. En la micro, la fila del banco y hasta en su propia casa (su marido la llama “Michelle” cuenta, antes de asegurar que es ella la que manda en la casa).

Mariela asegura que no es una seguidora sino una trendsetter, una de las mujeres que impuso la tendencia. “Esta melena la tengo de antes que saliera la Presidenta. Siempre la he usado, los lentes igual”, aclara.
En un principio no le pareció mal pero hoy está un poco cansada: “Incluso me han parado gringos para tomarme fotos, diciendo que soy la Presidenta de Chile. Ya decidí que me voy a cambiar el peinado”. Por las bromas y porque cada día más Bachelet’s se le cruzan por la calle. “Es verdad, cada día se ven más Michelle’s. Imagínese lo incómodo que es toparse con ellas cuando la quedan mirando. Si yo no me parezco
Foto: A. Galarce.
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EL KUDAI
Si los Pokemones parecen brit/hxc pero no escuchan ni brit ni hardcore, también hay Emos que no escuchan Emo, pero que gracias a MTV sí lo parecen. En realidad se trata de fanáticos de Avril Lavigne, y obvio, de Kudai. Así como Kail (17, en la foto).
A Kail todos le gritan “Kudaaai!” en la calle. Todos lo hacen. Y el siente orgullo. “También soy fanático de Avril Lavigne. Y como ella es rubia y se tiñe mechones negros, yo lo hice al revés y me teñí mechones rubios. Claro que cuando voy a una peluquería y me preguntan cómo quiero el pelo, yo digo “como el chico de Kudai”.
Sus compañeros y profesores lo apodan “Kudai”, e incluso ha imitado a la banda junto a algunas chicas del Carmela Carvajal. “No me molesta que me encuentren parecido ni que me llamen así. Porque igual me gusta el grupo, sobre todo el último disco que es más agressor y con más contenido”.

Kail se tiñe tanto el pelo que debe utilizar antioxidantes, acondicionadores y champús de buena calidad. “Luego de usar todo eso durante el baño, me aliso el pelo con una plancha iónica”, la misma con la que ahora peina a su papá.
“Al principio se asustaba, porque esta onda igual tiene cosas femeninas, y a veces creía que hasta los neonazis me podían golpear”. Pero ya se le pasó y ahora le pide que lo peine.
Fotos: Ninion y EMI.
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EL CHOCOPANDA
Un verdadero seleccionado nacional. El corte de pelo de la transición. Un clásico de la estilísitca nacional, quizás el único que ha pisado el Bernabéu y más encima fue Pichichi. Uno que nace a finales de los 80s gracias a un ídolo nacional actualmente caído en desgracia: El Bam-Bam, el mismo que lo batía al viento desde que cabecera por Cobresal.
Luego de él lo siguieron Richard Zambrano, el Fabi, Ivo Basay y toda una camada de futbolistas chilenos que lo masificaron, llevándolo a las calles, al hincha. El mismo que le puso nombre a mediados de los 90, cuando prácticamente todos los vendedores de helados lo llevaba. Así nació el Chocopanda, un clásico inmortal.

El “Indio” Marco (48, en la foto) es chocopandero de profesión. Uno de los pocos fieles al chocolito que van quedando. El resto ya sucumbió a la fuerte demanda del mora crema, asegura. “Yo soy araucano, nací en Freire y me vine jovencito pa acá. De chico que me decían “insignia del Colo” porque siempre he tenido el mismo peinado, y ahora me dicen “Indio” por la misma cuestión del pelo”.
Lamentamos decirlo, pero este look no es 100% made in Chile. Los gringos también lo tienen. Allá le llaman Mullet y le rinden tributo,algo comprensible pues nadie es capaz de odiar un Mullet. Como dicen sus más acérrimos cultores “si lo criticas es porque lo quieres”.
El “Indio” Marco define su corte como el corte del rubro. “Cuando empecé a vender helados me fijé altiro que los colegas como que se identifican con él. El chocopanda, como le dicen. A mi me gusta, siempre me ha gustado, como que tiene estilo, cachay. Más encima me lo corto yo solo”.
Foto: A Galarce.
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EL CHOCO FASHION
Para terminar, una reversión. A diferencia del clásico corte que lo inspiró, el “Choco Fashion” es un “Mullet” vanidosamente cultivado, un chocopanda con aspiraciones de pasarela.
El clásico corte de futbolistas y heladeros, esta vez aparece reversionado en las nucas del clásico universitario humanista de izquierda. Algo así como lo que pasó con las cumbias. Ellos tomaron el corte de pelo cuando para todos era una vergüenza, y lo estilizaron. Lo mezclaron con dreads, lo tiñeron o le pusieron elementos de los mohicanos. Es decir, le dieron onda.
Tanta onda, que a principios de esta década el corte pasó de las cabezas de estudiantes de teatro, gestores de la cultura popular y malabaristas del Forestal, a la cabeza de las “ovejas sicodélicas ABC1”, ese típico hermano descarriado de la “pelolais”, amante de las fiestas electrónicas y las drogas de diseño, que siempre termina exiliado por su familia en Barcelona o San Pedro de Atacama. Con todos los gastos pagados eso sí.

Christian Quezada (22, en la foto) es un cultor del Mullet fashion sin filo político. Un futuro periodista con su propio choco de diseño. Christian carretea en Iluminati, Espantagruélico, o en el Living del Cine Arte, donde según él, siempre es posible encontrar buenos Chocos Fashion. “Creo que quienes usamos un Fashion Mullet es más que nada para romper esquemas y llevar un corte que antes era muy cuma y que mezclándolo con accesorios y buena ropa, arma un conjunto más estético”.
Fotos: Ninion.
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