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En la ciudad de la furia

Cine gore, intelectuales nazis, rockeros glam y dibujantes de historietas japonesas. Esas y otras historias cuenta Álvaro Bisama en Caja Negra, su primera novela. Un libro delirante que se alimenta de basura pop.

Por Vadim Vidal



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La cultura de la basura

Un oscuro financista de películas gore chilenas se sube a un taxi. En el trayecto hacia una reunión de negocios con un director de cintas clase B, el taxista comienza a explicarle "el secreto del mundo": ni más ni menos, que nuestra realidad transcurre en forma paralela a otras realidades posibles, en mundos que jamás convergen. El financista escucha sin mucha atención hasta que al bajarse frente a un restaurante, estalla una bomba.

Así comienza Caja Negra (06), la primera novela del crítico literario Álvaro Bisama. Un puzzle inconexo de historias disparatadas. Una novela de ficción que transcurre en el presente, que muestra un país y un Santiago que corre paralelo a la realidad que habitamos.

De ahí la acción se disgrega para no volver a cerrarse. Aparecen y desaparecen rockeros glam, cineastas gore, estrellas de cine de quinta clase, asesinos en serie, suicidas, escritores que enloquecen, dibujantes que también enloquecen y un etcétera tan largo como las 213 páginas que tiene el libro.

Si te preguntan de qué se trata la novela de Bisama vas a tardar un momento en contestar. Porque no parece una novela sino un sinnúmero de episodios que se tocan tangencialmente pero nunca se encausan.

¿Qué tienen en común las historias? Primero, un cierto aire apocalíptico. Casi siempre se trata de narradores en primera persona que cuentan una historia que acabó mal, que detonó el fin de un pequeño mundo. Segundo, los referentes pop, pero no a lo "Generación X" sino como una especie de barroquismo. Acá los personajes no citan sino que viven dentro de la cultura pop. No usan artículos desechables, ellos mismos son desechos tóxicos. Y tercero, la ciudad. Vamos por partes.


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Pop Mart

Si leen habitualmente "El come-libros" la sección de crítica que tienen Bisama en la Revista de Libros de El Mercurio, sabrán que él es fanático de los llamados "géneros menores": la novela negra, la ciencia ficción, la novela gráfica y el terror. Pues bien, en su primera novela pone todo eso en una licuadora y aprieta el botón rojo.

De hecho su capítulo más largo, y el leit motiv del libro, es hacer una anatomía del inexistente cine gore chileno. Lo presenta a través de la vida de los gemelos Mori, directores de más de 50 cintas de este género y por medio de un largo diccionario de la A hasta la Z con exponentes, películas y actores del supuesto cine clase B local. Todo inventado, todo delirante, partiendo de los títulos ("Dieciocho Sangriento" o "Shaikers", una versión chilena de los gremlins).

Si bien el abecedario gore es la parte más hilarante y a la que le dedica mayor atención, no es la mejor lograda. Los puntos altos del libro son cuando se acerca a la intriga o roza lo fantástico. Como en el capítulo del asesino que pasa sus días en un hotel de Valparaíso, un hotel con la tasa más alta de asesinatos y suicidios del país.

O la historia de dos muchachos que roban un mapa y van a visitar a un viejo escritor de novelas policiales de la U.P, que se recluyó lejos de la ciudad. Ahí descubren que el novelista ha desarrollado sin quererlo un nuevo "género literario" cercano al dadaísmo, un género que consiste en destruir los textos más que en escribirlos. Ahí hay una pista.

Si al comienzo Bisama traza la línea de lo que va a ser su novela (muchas historias de “géneros menores” que transcurren en mundos paralelos), acá cierra el círculo. Según él, se puede armar una novela de un modo no tradicional: Caja Negra no tiene ni descripciones sicológicas, ni progresión dramática, ni resolución de conflictos. Bisama se olvida de la estructura, sólo suma elementos. Y funciona.


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X Files

Desde la ilustración de la tapa Caja Negra parece ser una novela de ciencia ficción, de hecho toma prestada su premisa (la existencia de mundos paralelos) del clásico de Phillip K. Dick El hombre en el castillo (62), donde Dick se ponía en el caso de que Alemania hubiera ganado la guerra y se hubiera repartido Norteamérica con los japoneses.

Como una historia de ciencia ficción el debut de Bisama tiene un aire de final después de la revelación, una melancolía como la escena final de Terminator (84), cuando el chico mejicano se acerca a Sarah Connor para decirle que una tormenta gigante se acerca.

En Caja Negra las historias se narran desde las ruinas de lo que quedó en pie. Y se cuentan desde un tiempo impreciso que bien puede ser ahora o un futuro próximo.

También es tremendamente sobrecargada y tiene más de un punto débil, pero más que nada se trata de un libro que recicla géneros e historias para armarse. Como si fuera un rompecabezas más que una novela, donde lo que importa es la sensación de caos más que construir personajes o epifanías.


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Santiago cero

Debe haber anteriores, pero el que más se acerca a lo que hace Bisama en Caja Negra es Rodrigo Fresán con Mantra (01). Derechamente: Caja Negra es la hermana menor del libro del argentino.

Si Mantra tiene como escenario (y pie forzado) Ciudad de México, Caja Negra tiene a Santiago. Si Fresán amplifica el universo enmarañado de la capital mexicana (el protagonista es el hijo de un zar de las telenovelas, que se convierte en un guerrillero mediático ocultando su rostro en una máscara de lucha libre), Bisama inventa mundos posibles sobre nuestra capital.

La pregunta es si Caja Negra llega al nivel de delirio de la novela de Fresán (cuyo capítulo final era un remake de Juan Rulfo, con androides que vivían en una ciudad subterránea). No, no llega. Pero tampoco naufraga.

En su primera novela Bisama muestra un Santiago con bombas que estallan, profesores nazis que se toman la universidad apenas recuperada la democracia y cineastas cultores del mal gusto. Quizás su principal mérito sea rescatar la ciudad del letargo en que estuvo suspendida durante los 90 (donde sólo era el decorado de las aventuras puertas adentro de sus protagonistas).

Si la “nueva narrativa” había usado escenarios como el mall (Sobredosis (90) de Fuguet) o la Bolsa de comercio (Oír su voz (92) de Arturo Fontaine), Caja Negra se sitúa en un lugar intermedio entre el Eurocentro y Patronato. Pero no en los reales, sino en lo que podrían llegar a ser. O en lo que son ahora mismo, pero en un mundo paralelo.

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ETERNO RESPLANDOR
 

Último comentario:
Copiapino_escritor  escribió...

Muy bueno alvaro bisama. deberia escribir una novela frwak jajajaja, en serio, tiene talento para darle a carlita ochoa y cote lopez y mas encima le sobra. el deberia salir en los diarios todos los dias. ...

12:54AM 29/12/2006

Ver todos los
comentarios (15)

 
 

  

Caja Negra
(10/16/2006 12:36:00 PM)

Extracto gentileza de Editorial Bruguera

"Soy la única estrella de glam rock de Chile. Se me considera de culto. He tenido cuatro bandas y he publicado veinte discos. Me he teñido el pelo sesenta y siete veces, con cuarenta y cinco variaciones de colores.(...) Una vez estuve con Takeshi Osu, mi ídolo y santo personal. Hablamos en un antro de Berlín oriental sobre las mejores formas de destruir habitaciones de hoteles. Una vez lancé un televisor a una piscina. No tengo panza. Voy al gimnasio cuatro veces por semana. No consumo drogas. Antes lo hacía, pero lo dejé. Nunca probé la heroína, en todo caso. Una vez le disparé a un periodista. No acerté".



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