Valores familiares
El afiche de Little Miss Sunshine tiene, justamente, la escena que ejemplifica lo que significa ser familia. La vieja van amarilla no puede partir, así que mientras Richard padre se pone a manejar, los demás empujan. Todos juntos. Y mientras el auto empieza a avanzar, van saltando hacia arriba, se estiran las manos, logran todos meterse adentro.
Han echado a andar la estructura que se cae a pedazos. No la arreglan, no la mejoran, no la dejan botada: la empujan, se suben, y siguen en ella juntos. Y están eufóricos por eso.
La idea de la película, en el papel, suena excesiva: Richard Hoover (Grez Kinnear) es el padre de familia que inventó un sistema de nueve pasos para llegar al éxito. Lamentablemente su brillante idea no es nada de exitosa, por lo que su señora, Sheryl (Toni Collette), se encarga de poner comida en la mesa, la que suele ser pollo frito y helado.

El hijo adolescente Dawyne (Paul Dano) está obsesionado con Nietzche y ha decido no hablar más hasta que entre a la escuela de pilotos. La hija pequeña Olive, concursa en certámenes de belleza para niñas, entrenada por el abuelo (Alan Arkin), que vive con ellos después de que lo echaran de un hogar de ancianos por aspirar heroína.
El lindo grupo familiar lo completa el hermano de Sheryl, Frank (Steve Carrell), un especialista en Proust que acaba de tratar de suicidarse luego que su amante gay lo rechazara.
Cuando Olive queda seleccionada para un concurso en California, el Little Miss Sunshine, la familia entera se embarca en la vieja volskwagen amarilla, la que se queda en pana cada vez que se estaciona
Los Hoover son una familia de perdedores en una sociedad obsesionada con ganar. Esa sensación de desamparo, de estar siempre un paso más atrás del resto, es lo que los hace tan buenos como grupo.

Gracias a la simpleza con que los actores interpretan a los personajes, y con que los directores Jonathan Dayton y Valerie Farris (quienes hasta ahora, sólo habían dirigido videos de música) filman, todo se vuelve creíble. Es una película chica, con actores famosos (Steve Carrel, después de Virgen a los 40 y la sitcom The Office, es EL comediante de moda), una combinación rara pero perfecta.
Los Hoover son una familia extraña, pero no más extraña que la de cualquiera. Ésta es como una película de Wes Anderson, sometida a un proceso de normalidad y despojada de tanto teatro. Los personajes, juntos y revueltos, son coherentes, encantadores y divertidos, sin el sabor dulzón que suele acompañar a las comedias. Acá las bromas son satíricamente saladas, por que acá, lo disfuncional es justamente lo que hace que todo funcione.
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