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LA TIERRA EN QUE VIVIMOS |
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La depresión está aumentando en todo el planeta: según la OMS, el 2020 será la segunda causa de muerte prematura. Ninguna enfermedad, ni siquiera el cáncer, ha aumentado de esta demencial manera. ¿Qué está pasando? ¿Por qué cada vez hay más jóvenes y niños deprimidos? Al parecer, por culpa del estilo de vida actual, así de simple. Acá, cifras y corazones.
Por Luc Gajardo
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TRISTES CIFRAS
“Yo no sé para qué tanta alharaca/ Ya sabemos que el mundo se acabó” escribió alguna vez Nicanor Parra. Sin embargo, la alharaca va en aumento con un síntoma oscuro y negro como un túnel. La depresión, la depre, se empina vertiginosamente como una de las mayores causas de discapacidad a nivel mundial.
Un Informe de Prevención de Trastornos Mentales realizado por la O.M.S,indica rotundo que si en 1990 la depresión era la cuarta causa de impedimento y muerte prematura, para el 2020 ésta va a escalar hasta el segundo puesto. Ninguna enfermedad, ni siquiera el cáncer, ha aumentado de esta demencial manera.
Chile no es la excepción. Al contrario. Según la Encuesta Nacional de Saludel 17,5% de cada uno de nosotros sufre una depresión. O sea, de cada 10 personas, casi 2 están diagnosticados. Si hablamos de percepción, el porcentaje se dispara a un 42% arrojado por un estudio de la Superintendencia de Salud.
Algo anda mal, muy mal. Algo nos enferma hasta cagarnos la siquis. Otro estudio realizado por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile"Breve historia por los estudios epidemiologia psiquiatrica", concluye que Santiago es la capital con mayor tasa de trastornos siquiátricos graves.

Lo peor es lo que sigue, la consecuencia directa. Según cifras que entregó el Centro de Información Toxicológica y de Medicamentos (CITUC), el número de gente que ha intentado quitarse la vida se ha triplicado en los últimos 12 años. La depresión está detrás del 90% de esta autodestructiva tendencia.
¿Qué es lo que pasa? ¿Qué nos enferma? ¿El mundo está mal o simplemente todos nos volvimos locos? ¿Qué pasa que la depresión está afectando incluso a los más jóvenes? Muchos, demasiados niños están deseando morir. Considerándolo en serio.
La Encuesta Mundial de Salud Escolar, Chile 2004,elaborada por el Ministerio de Salud, encuestó a estudiantes de 13 a 15 años pertenecientes a las regiones I, V, Metropolitana y VIII, dando con un resultado brígido: cerca de un 20% consideró seriamente suicidarse. El 15% confesó haber elaborado alguna vez un plan para quitarse la vida.
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AL DIVÁN
Lleno de preguntas, me recuesto en la silla y llamo al Dr. Mario Quijada, siquiatra y Presidente de la Sociedad Chilena de Salud Mental: “Si un sujeto se enferma de un cuadro depresivo, es porque hay circunstancias que lo enferman. La cosa económica, ambiental, familiar, laboral, etc. Todo lo que vendrían siendo los factores sico-sociales”.
-¿Qué más nos está diciendo este aumento?
-Que no estamos bien. Está diciéndole a la sociedad que chante la moto. El hecho de que en un espacio como Santiago haya 6 millones de habitantes, obviamente no puede ser. Estamos hacinados. Es cosa de subirse a una micro o al metro en la mañana o caminar por el Paseo Ahumada. Los tacos interminables. Todo eso es antinatural. Nuestro mundo es cada vez más inhóspito.
Así de claro. Hoy en día 800 mil chilenos sufren de alguna clase de trastorno anímico. Por eso las autoridades reaccionaron. Desde julio de este año, su diagnóstico y tratamiento pasó a formar parte del Plan AUGE. Hoy más de 50 mil personas están siendo atendidas en el sistema público. Tarde, mal, y nunca, pero atendidas al fin y al cabo.

¿Qué está deprimiendo al mundo? Veamos: la enfermedad se divide básicamente en dos frentes. El primero, y cuyos casos se mantienen más bien estables, es la depresión endógena que aparece sin causas aparentes ni factores externos desencadenantes. Está relacionada con un déficit o alteración de los neurotransmisores. Un desequilibrio químico. El segundo es la depresión exógena.
Entonces, ¿qué explica el aumento de la depresión en todo el mundo? “La hipótesis más directa es que hoy en día, hay mayores factores sico sociales que pueden generar depresión”, dice el Dr. Ricardo García, psiquiatra infantil de la Clínica Las Condes.
Factores sico sociales, es decir, externos al organismo. ¿Cuales son?. Si quieres conocerlos haz click acá
Pero basta de cifras. La depresión no es cosa de matemáticas, sino de personas. Personas de todos los estratos sociales. Ahora, sus testimonios.
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ALIENACIÓN ONLINE
Sebastián Álvarez (21),es conocido en el universo virtual como “Mente enferma”. Diagnosticado de personalidad limítrofe, una condición que lo hace necesitar patológicamente la aprobación y buscar cariño, Sebastián, quien vive en La Calera, encontró en Internet una oportunidad de hacer que lo quieran. Y le resultó. Su fotologrecibe miles de visitas diarias y el espacio para doscientos post que tiene se copa a los diez minutos de subir una foto.
Además de sus seguidores nacionales,tiene clubs de fans: en México, Perúy Argentina.
“Todo lo que me pasa lo cuento en mi fotolog. Es como una telenovela, y si tu mostrái un drama, obvio que a la gente le va interesar”, explica el ídolo virtual que fue echado de seis colegios antes de salir de cuarto medio, y que recién el año pasado conoció a su padre.

Y los usuarios de flog enganchan. Por montones. El séquito de “Mente enferma” son chicos y chicas que se sienten solos, que necesitan conectar. Sentirse en línea, acompañados aunque sea de forma digital. Sebastián tiene su propia teoría al respecto.
“En Internet uno puede mostrarse tal cual es. Contar sus problemas sin que los papás cachen. En verdad, claro, igual estay solo sentado frente al computador, pero lo bueno es darse cuenta de que hay mucha gente que también está así”.
Deprimidos. Saturados. Confundidos. Aburridos. La “generación @” tiene en Internet su patio trasero. Su casa en el árbol. En el ciberespacio no hay discriminación, no hay caras, sólo letras, imágenes y sonidos. Sensaciones. La oportunidad de abrirse, de romper la cáscara. Hasta de salir del clóset.
“Me preguntan mucho cosas que tienen que ver con la sexualidad. Gente que no sabe si le gustan los minos o las minas y quieren saber cómo contárselo a sus papás, porque no pueden. Mucha gente lo hace por moda y la weá les termina generando problemas existenciales de verdad”.

“La gente que me sigue tiene problemas con los padres porque como ahora hay tantas modas y estilos, no los entienden, ni su ropa ni su música. Niños de 14 años que tienen problemas con los papás porque se maquillan o se visten de negro. Que no se sienten comprendidos. Y a través de Internet, aunque sea un poco falso, alcanzan grados de conexión y libertad que en el mundo real no tienen”.
Y resume: “Lo que pasa es que el mundo cambió tan rápido que dejó a toda una generación adelantada y a la deriva, con los padres detrás, no entendiendo nada. Eso nos hace sentir solos y deprimidos. Sin ganas de nada más que buscar comunicarse por Internet”.
Sebastián es sin duda un ícono ciber-pop, el epítome de una parte de su generación, un grupo con las pupilas quemadas por la pantalla y los ojos hinchados de tanto llorar. Un grupo que en sus flogs parece decir “a la mierda sicólogos, siquiatras, padres ausentes, profesores y compañeros que nos molestan y abusan”. Al parecer, el nuevo ejército de rechazados y deprimidos se agrupa a la velocidad de la banda ancha.
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ENTRE CUATRO PAREDES
Lejos, muy lejos de la comunidad nativa de Internet, está el mundo real. Infra real.
Avenida Las Torres, Peñalolén. El viento no corre por la calle Los Cerezos. El calor está estancado y rebota entre las piedras del paisaje desértico que contrasta con las eternas filas de casas enanas y multicolores. Las infames “casas Chubi”, viviendas sociales con un dormitorio de 3 x 3 más un baño enano. La falsa promesa que vendieron a los habitantes de la toma de Peñalolén a un costo de 350 mil pesos de pie, y 24 mil pesos de dividendo mensual.
A Gabriel y Carolina, un matrimonio joven, todavía les faltan ocho años para terminar de pagar la casa. Ellos y sus dos hijos, Nicole (13) y Franco (4), viven hacinados en su diminuta casa morada. “Esta realidad es demasiado estresante. Salimos de una toma, está bien, pero al menos ahí era bonito. Nos prometieron áreas verdes y esto parece un desierto. Ni un juego, ni pasto para los niños. Ni siquiera una multicancha. Es como el campamento, pero de cemento y más chico. Los jóvenes no tienen qué hacer, se aburren”, dice Carola.
“Esto es un basural, los chicos andan con cuchillos y yo quiero sacar a mis hijos de aquí”, cuenta su esposo. Nicole, su hija, recorre diariamente casi una hora en micro para llegar a su escuela. Para Carolina ir al supermercado significa un viaje parecido.

Carolina vive estresada. No le dan ganas de comer y levantarse le cuesta un mundo. Su vida de pareja quedó atrapada entre las estrechas paredes donde los cuatro conviven, respirándose en la cara.
Carolina se guarda todo. Sus ojos brillan tristes, pero todo queda ahí adentro. “A mí lo que me gustaría es preguntarles qué clase de arquitecto diseñó estas mierdas de casas. Es una burla, siento que se ríen de uno por ser pobre. Y esto no fue un regalo sino que las estamos pagando. Nosotros nos descrestamos trabajando, y vivir para trabajar y pagar esto es muy frustrante, deprime”.
Ella sabe que no está bien. Que está deprimida. Pero siente que no puede hacer mucho. “Yo creo que la gente que al primer problema que tiene parte al sicólogo, es cobarde. No tienen la fortaleza del pobre para enfrentar las cosas. Uno tiene que ser valiente. Bueno y además, uno no tiene los medios para ir tampoco”, dice antes de abrazar a su esposo.
Casi todos los factores sico sociales que deprimen tienen que ver con una carencia, con el sentimiento o la certeza de que algo falta, explica el Dr. Quijada. Aunque en su mayoría esos factores afectan a los más desposeídos materialmente, la carencia también puede ser emocional. De hecho, el aumento de las depresiones es socialmente transversal. Porque el exceso de dinero y la lucha por obtenerlo, también pueden enfermar, incluso, a los más jóvenes. A continuación un par de casos.
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EL COLOR DEL DINERO
Arturo (23, quien pidió cambiar su nombre para este reportaje) se crió con su nana y la televisión. Sus papás se separaron cuando él tenía dos años. Su viejo se fue a vivir a Alemania donde trabaja como profesor universitario. No lo vio más, no supo de él salvo por la plata que le mandaba o algunas frías llamadas por compromiso. De su madre tampoco tiene muchos recuerdos. Simplemente trabajaba mucho.
Los problemas de Arturo comenzaron en El Salvador. Su madre había vuelto a casarse con un prestigioso médico. Tenían plata, y harta, pero Arturo no se sentía bien. Su madre trabajaba casi todo el día y su padrastro lo mismo. Estaba en quinto básico. Al año se fueron a vivir a Rancagua. Otro cambio de colegio. Otro cambio de casa. Arrancado de raíz, otra vez. Luego de una reunión de apoderados comenzó lo peor. Arturo había bajado sus notas y tenía problemas de conducta. Su mamá lo castigó. Se gritaron. Se dijeron de todo. Su madre simplemente lo mandó a vivir con sus abuelos. Cuando su padre se enteró, le arrendó un departamento en Santiago y lo inscribió para hacer exámenes libres. Estaba en tercero medio.

De ahí vinieron los excesos, la automedicación, una intoxicación con prozac que casi acaba con él. Se metió a estudiar Derecho y comenzó a trabajar, ya que su papá se desentendió de él apenas cumplió 18. Luego de la intoxicación, Arturo le pidió el teléfono de un sicólogo a su nana y comenzó a tratarse. Le diagnosticaron una crisis depresivo-angustiosa. Congeló la universidad y volvió al preu, que también se paga él.
Hoy sabe que sus problemas tienen que ver con su pasado. Ha intentado reanudar los vínculos con sus amigos y apoyarse en la familia que tiene, sus abuelos maternos, con quienes vive en Las Condes.
“La familia es súper importante, los amigos del colegio. Nunca me faltó nada de plata, pero sí el cariño familiar. Puta, de pendejo tenía un departamento para mí sólo en Suecia pero eso al final da lo mismo. No tener el apoyo de tus viejos, escuchándote, conversando las cosas que sólo puedes hablar con ellos. El amor incondicional. Que no te miren raro aunque les digas lo que sea, es algo que no se puede pagar con nada. Y yo que tuve toda la plata para comprar lo que quisiera, lo sé bien. Y sé que todos mis rollos tienen que ver con que echo de menos algo que nunca tuve”.
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QUEJARSE DE LLENO
Aunque en este moderno edificio que achoclona juventud sobre-estimulada aparentemente no falta nada, varios sienten que sobran. Que aunque supuestamente lo tienen todo, siguen insatisfechos.
El aroma de la competencia y la ansiedad por agarrar el éxito, es algo que a Daniela (23, estudiante de periodismo) le tapó los tabiques hace tiempo.
“La universidad me obliga a actuar competitivamente. A pensar en el éxito, y me mentaliza a creer que si no pateo en la raja a los demás, estoy cagada. Lo más triste es que te mencionen la palabra fracaso constantemente cuando no logras calzar en el molde”.
Daniela sufre la oscura sospecha de que es ella la que no está hecha para el mundo. Y sólo tragando Alprazolam como si fueran mentitas, puede sobrellevar ese temor.

“El año pasado me eché todos los ramos por asistencia. Ya casi no veo a mi única amiga y estoy sola. Me deprime que constantemente me estén mostrando un modelo de éxito en el que no encajo. Hasta un comercial de yogurt te dice cómo debes ser: lindo, exitoso, saludable, rico y feliz. Me presiona y me frustra estar tratando de ser parte de esa fiesta de alegría que pintan, y a la que no puedo entrar”.
Antes de apagar su cigarro, Daniela prende otro con la colilla. Confiesa con una sinceridad que aturde, que le avergüenza ser una carga, que su familia no entiende por qué simplemente no puede ser feliz, si se supone que lo tiene todo. Que “se queja de llena” como decía su abuela. Aún así, no piensa tirar la toalla. Quiere dejar de marearse con el devenir del mundo, aprender a pararse en un planeta que, tristemente, gira cada vez más vertiginoso y chiflado.
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EL ORDEN DE LOS FACTORES...
1.- Transporte dificultoso: en promedio, un viaje en micro en Santiago dura 45 minutos
2.- Falta de vivienda: la vivienda social en Chile tiene 34,3 metros cuadrados en promedio y en ellas viven al menos cuatro personas por grupo familiar. Según la ONU, lo mínimo serían 11 mts cuadrados por persona
3.- Hacinamiento: en Chile, el 17,2% de las viviendas tienen más de 2,5% de personas por dormitorio, lo cual incide directamente en el número de abusos sexuales infantiles
4.- Pobreza y desempleo: Según la encuesta CASEN, la pobreza en Chile alcanza al 14,1% de la población, es decir, grupos familiares cuyo ingreso per cápita es de $43.712 pesos.
Además están los créditos de consumo: el 12% de los hogares adeuda diez veces su ingreso mensual. Y casi tres millones de chilenos tiene alguna morosidad en sus deudas, de las cuales un millón probablemente no podrá pagarlas.

Por otra parte, el segmento entre 18 y 24 años es el de mayor cesantía, llegando al 17,5 por ciento. Más del doble del índice nacional.
Otros factores sico sociales son falta de educación, aislamiento y enajenamiento, rechazo de compañeros y acoso moral, migración rural-urbana y vivir eventos de mucha tensión.
Como resulta evidente, los factores sico sociales son problemas que se repiten en todas las ciudades del planeta. En palabras simples: las circunstancias del mundo actual enferman y deprimen a muchos. Cada día a más.
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