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LA GUERRA Y LA PAZ
  República del Congo, Palestina, Sri Lanka, Líbano, son países donde un misil puede aterrizar en tu casa o una mina personal puede hacerte pedazos. Una realidad que conocen de cerca varios chilenos que un día, cansados de ver matanzas por la tele, se fueron a la guerra. Pero a salvar vidas. Un vistazo a los conflictos mundiales, desde la trinchera de la paz.

Por Leonardo Núñez

Payasos sin fronteras
Haciendo reír en el Libano.

Tsunami
Sri Lanka, las pequeñas víctimas.
 

LA MUJER QUE CURA

La República Democrática del Congo (RDC) es uno de los países más ricos del mundo en diamantes, oro, cobre, coltán y uranio, pero la población ni siquiera tiene ambulancias. En Kabalo, una ciudad a orillas del río Congo, cuando una mujer va a tener un hijo hay que llevarla montada en una bicicleta al hospital. Y si no hay bicicleta, no queda otra que improvisar una sala de emergencia en medio de la selva o en una choza a medio maltraer.

Si el parto se complica, la diferencia entre la vida y la muerte la pueden hacer las manos de Elsa García (en la foto), una matrona chilena que lleva 15 años trabajando en África y hace uno y medio en la RDC. Los primeros auxilios que da en sus paseos diarios por Kabalo, han salvado la vida a muchas mujeres y sus bebés.

Elsa es parte de Médicos Sin Fronteras (MSF), una agrupación internacional que se dedica a ayudar a poblaciones en situación precaria por conflictos bélicos, hambrunas y catástrofes naturales. Hace nueve meses llegó a Kabalo, una localidad de 20.000 habitantes de diversas etnias y grupos sociales. “Aquí, en época de lluvia la hierba crece tanto que en algunos lugares no se ve el camino”, cuenta Elsa.

Pero Kabalo no es un lugar hermoso para sus habitantes. Es una de las localidades de la RDC que más ha sufrido las secuelas de la guerra que azotó al país entre 1998 y 2003, dejando 4 millones de muertos en el camino. En Kabalo si no se tiene cuidado, se puede pisar una mina antipersonal o un grupo armado descolgado del ejército o de los rebeldes, puede desalojar una casa, matar a los que se resistan y convertir a las mujeres en esclavas sexuales. Y allí está Elsa García.

Elsa ingresó a MSF cuando supo que necesitaban a una matrona. Querían que capacitara a personas africanas para ayudar a disminuir la tasa de mortalidad neonatal y materna en el continente. “Mi vocación empezó en Lautaro (IX región), yendo a varios trabajos de verano. Allí pensé que si quería ayudar de verdad, el paso más lógica era partir al África”. Y en eso ha estado la última década y media, volviendo a Chile sólo de manera esporádica.

Foto gentileza de MSF

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ÁFRICA NEGRA

Los analistas internacionales han calificado al conflicto de este país como la I Guerra Mundial del África. Por la cantidad de muertos y las naciones involucradas. Y aunque los congoleños han debido convivir con guerras internas desde los 60s, el conflicto más crudo empezó en 1997, cuando Laurent Kabila derrocó al dictador Mobutu Sese Seko.

Tras su triunfo, Kabila se olvidó de la democracia y la paz prometidas. Prohibió partidos de oposición y expulsó del territorio a las tropas de Ruanda que lo habían ayudado a llegar al poder. La “traición” provocó una revuelta dentro del propio ejército congoleño y con ello vino el caos que perdura hasta hoy: rebeldes y militares se enfrentan en las calles, se reclutan menores y se asesinan familias completas. Además, como ya ha ocurrido antes, siempre está el peligro de ser atacados por países vecinos como Ruanda, Uganda y Angola.

La ONG española “Comité Internacional de Rescate”, estimó en enero de este año, que cada día mueren en la RDC al menos 1.250 personascomo consecuencia de los problemas de salud provocados por conflictos armados. Eso significa que El Congo es escenario de un tsunami como el que afectó a Asia en 2004, cada seis meses. ¿La diferencia? No lo verás en CNN.

Y allí está Elsa García, confiando en que los resultados de las últimas elecciones tras el asesinato de Kabila en 2001 (que se conocerán a fin de mes) traigan la paz. “Esto situación de guerra permanente”, explica, “se arrastraba desde la repartición de África entre los colonizadores sin respetar etnias ni fronteras culturales. Cada uno se quedó con lo que le convenía y más tarde, desde 1958, las independencias se negociaron, dejando en el poder a hombres que no eran los más capacitados”. Así fue como surgieron dictadores y guerras civiles.

Lo único que no ha cambiado dice Elsa, “es que las ganancias del oro y los diamantes siguen financiado compra de armamento, si es que no es robado por políticos corruptos, o continúan llenado de dinero a las empresas internacionales, sin dejar nada para la población”. Por eso aunque la guerra ha terminado oficialmente, los civiles siguen sufriéndola.

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EL SHOW DEBE CONTINUAR

Ya todos lo hemos visto en las noticias. Desde el pasado mes de julio, tras una incursión fronteriza de la milicia de Hezbollá que terminó con la muerte de ocho soldados israelíes y el secuestro de otros dos, el ejército de Israel no ha dejado de bombardear el Líbano. La justificación: acabar con el grupo islamista que tiene sus cuarteles centrales en ese país, y que funciona casi como un Estado dentro de otro. Pero los niños mutilados y las bajas civiles han sido el resultado más notorio.

Fundado en 1982 para combatir la ocupación israelí en el sur del Líbano, Hezbollá tiene un brazo civil y otro armado funcionando en el mismo país donde un payaso chileno, con sus zapatos gigantes y nariz roja en la maleta, quiere ingresar para hacer reír a los asustados niños libaneses. ¿Su rutina? Las típicas cachetadas con guantes gigantes, luchas en cámara lenta y trucos de magia.

Se trata de Mikio Tsunekawa (33, el de la izquierda en la foto), el primer chileno miembro de Payasos Sin Fronteras (PSF), una agrupación internacional que nació en 1993, con la misión de mejorar el estado psicológico de las poblaciones que viven en situaciones de posconflicto, exclusión social o que han sufrido una catástrofe natural.

foto

“En un mes más con PSF voy a ir a Palestina. Nuestra intención es pasar a Líbano”, dice Mikio (33 años, una hija), quien reside actualmente en Barcelona, donde tiene un taller de actuación y acrobacia en un siquiátrico infantil.

“Sé que es peligroso, pero sería un acto simbólico si logramos llegar a Líbano en medio de tanta muerte y desastre. Yo no soy partidario de Hezbollá, pero pienso que la reacción de Israel ha sido desproporcionada”.

Si logra entrar, no sería la primera misión de riesgo para Mikio. Antes ya estuvo en Palestina —en el 2002, en un momento muy duro por la violencia que generó la II Intifada—, Sierra Leona y Mali. Éste último es el tercer país más pobre del mundo, “donde los niños con SIDA están tan enfermos y hambrientos que no son capaces de pedir nada, sólo miran”.

“Los payasos hemos sido testigos de golpizas brutales; nos han apuntado con fusiles y hemos tenido que actuar con bombardeos en campos de refugiados palestinos. Y sé que lo que hacemos no soluciona nada, pero aunque sea por un rato, le levanta el ánimo a los más chicos”, reflexiona Mikio.

“Recuerdo que una vez había un niño que había sido herido por una bomba y al verme actuar, pasó del llanto a la risa altiro. Eso te marca. Igual cuando vi a niños Palestinos jugando con granadas a inmolarse como mártires. Es algo tan demencial, que cuesta digerirlo al principio. Y eso que antes, en Sierra Leona, vi a niños de 12 años que integraban el ejército”.

La otra intención de los viajes de Mikio, que es periodista de profesión, es terminar Diarios de Guerra de un Payaso, una proyecto que ha postergado varias veces. El final del documental, dice Mikio, espera encontrarlo en Palestina o Líbano, si es que regresa.

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LA INFORMANTE

Una de las cosas que aprendió Lorena Brander (35, en la foto) al llegar a Batticaloa, un poblado de 10 mil habitantes ubicado en la costa oriental de la isla de Sri Lanka, fue a orinar desde arriba de los autos. Así se disminuyen los riesgos de pisar las minas que le arrancan las patas a elefantes y vacas.

Lorena Brander fue corresponsal de varios medios chilenos y extranjeros en Ginebra, Suiza, por cuatro años. Mientras trabajó como periodista cubrió Derechos Humanos y el aéra de ayuda humanitaria, interesándose tanto en el tema que, en el 2002 decidió dejar la “redacción” por la “acción”.

Postuló a la Cruz Roja y fue aceptada. Después de un mes de entrenamiento en una sede de la Cruz Roja cercana a Ginebra, fue enviada a Sri Lanka. Su misión: monitorear que se respetara el Derecho Internacional Humanitario (DIH), luego del acuerdo de paz firmado en el 2001, por las dos etnias mayoritarias de ese país, los cingaleses (83% de la población) y tamiles (8,9%).

Su primer destino fue Batticaloa. Allí, cualquier día miembros del movimiento insurgente de Liberación Tigres de Tamil Eelam (LTTE) pueden aparecer en tu casa exigiendo comida y llevándose los pocos bienes que tienes. Es su estrategia por estar en desventaja numérica y de armamento con el ejército oficial.

Aunque se arrastran por siglos, las tensiones entre ambas etnias recrudecieron a partir de 1983, después del asesinato de 13 soldados del ejército de Sri Lanka en Jaffna. Este llevó a que se produjeran revueltas en todo el país. En venganza, se mataron a cientos de tamiles en tres días.

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¿DÓNDE ESTÁN?

En ese ambiente, Lorena visitó centros de detención de gendarmería y territorios ocupados por los rebeldes. También mantuvo contacto con familiares de detenidos para evitar, en lo posible, que se convirtieran en futuros detenidos desaparecidos. “El tema era muy fuerte, porque nunca más se supo de muchos soldados desaparecidos en ambos bandos durante la guerra”, cuenta.

Su otra misión consistía en velar para que la población civil no fuera afectada por la guerrilla ni por el ejército. “Tenía que hacer informes de lo que pasaba en las cárceles y dejar constancia en caso de que nos enteraramos de reclutamientos de menores de 16 años. En ese caso, debíamos solicitar formalmente al interlocutor de la guerrilla, que fuera liberado”.

Lorena dice que vio y supo de muchos horrores cometidos contra los civiles, pero que no puede hablar de ellos. “Nuestra misión es hacer informes de la situación en las cárceles y la población civil, y hacérselos llegar a las autoridades del país para exigirles cambios. Hay un reglamento de la Cruz Roja para no contar a nadie de lo que somos testigos”.

Eso no impide que los informes se filtren, como ocurrió con las torturas a prisioneros iraquíes por parte de soldados estadounidenses, publicadas por el Washington Post. A la Cruz Roja, según se reveló en ese momento, le complicó mucho que se dieran a conocer esos hechos, porque se pierde la confianza de las autoridades locales y se puede prohibir la entrada de los médicos humanitarios. Y si no pueden entrar a un país, es casi imposible detener los abusos.

En Baticcaloa la Cruz Roja logró muchos avances. “Pudimos evitar que se elevaran las muertes cuando ayudamos a evacuar a 3 mil personas del norte de Batticaloa, después que los rebeldes le informaron a la población civil, que se iban a enfrentar entre ellos en esa zona”. No obstante, lo que no hizo la guerra sí lo hizo la naturaleza.

“Estaba en Suiza cuando supe lo del tsunami en Asia. Uno de los lugares más afectados fue Batticaloa, donde murieron 3 mil personas. Perdí a muchos amigos y casi a todo un grupo de 20 niños con los que jugaba en la playa. No lo podía creer. Ellos sobrevivieron a la guerra, al hambre y al dengue, pero el tsunami los mató. Quedé devastada”.

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LA TIERRA PROMETIDA

Hay gente que de un día para otro ya no pudo ver ni hablar con sus vecinos, porque un muro de ocho metros de alto se instaló entre su casa y la de él. Personas que no pueden vivir tranquilas, porque en cualquier momento la onda expansiva de un misil destinado a matar a un presunto terrorista, los puede alcanzar. Gente que va de urgencia a un hospital donde los médicos ni siquiera tienen aspirinas para tratarlos.

Ese fue el panorama con el que se encontró la chilena Cristina Chahuán (25, en la foto) cuando viajó a Palestina, la tierra de sus abuelos.

Recién titulada como enfermera, Cristina quería saber cuáles eran las necesidades más urgentes de los palestinos en materia de salud. “En Palestina hay hospitales privados manejados por entidades europeas, lo que garantiza que parte de la población tenga atención digna. Pero los pobres la pasan mal. Para ellos no hay medicamentos y tampoco personal lo suficientemente preparado. Los profesionales prefieren irse de Palestina por la inseguridad”.

Los conflictos en el Medio Oriente parecen nunca acabar y remontarse a tiempos bíblicos. Pero no siempre fue así, hubo un tiempo en que en Palestina se podía salir a la calle sin temor a ser herido por una bala perdida.

Después de la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, las Naciones Unidas (ONU) otorgaron el mandato de Palestina y Transjordania al Reino Unido. El territorio a administrar incluía todo lo que es actualmente Israel, Cisjordania con Jerusalén Este, la Franja de Gaza y Jordania. Eso, hasta que en 1947 la ONU aprobó el Plan de Partición de Palestina, que propuso su división en dos Estados, otorgando a la comunidad judía, con alrededor de un 30% de la población, el 55% del territorio. Los judíos aceptaron el Plan y los árabes lo rechazaron.

Un año después, cuando finalizó la administración británica, se creó el Estado de Israel, lo que provocó la primera guerra árabe-israelí. El triunfo fue para Israel que conquistó un 26% adicional del territorio adjudicado en el Plan de Partición. Tras la guerra, el 70% de la población árabe de Israel abandonó sus hogares, pasando a ser refugiados.

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LA PAZ NO CRECE EN EL DESIERTO

Los intentos por alcanzar la paz han fracasado desde entonces. Palestina sigue acusando a Israel de invadirlo, impidiendo el libre tránsito con la construcción del muro dentro de sus propias fronteras y los puestos militares para la inspección de personas, además de tener "una política genocida" hacia ellos.

Israel, en tanto, argumenta que los territorios ocupados le pertenecen por mandato divino y por raíces culturales, que las medidas son necesarias para mantener la seguridad y evitar los ataques terroristas.

Entre medio de estas posturas, los civiles nuevamente son los más perjudicados.

“La partición de Palestina ha provocado el estancamiento de la economía e impide que los medicamentos puedan llegar a los hospitales públicos”, asegura Cristina, quien actualmente junto a otros profesionales de la salud de origen palestino, organizan una campaña de recolección de medicinas para enviarlas a la Franja de Gaza por intermedio de la ONU.

“Atendiendo enfermos me di cuenta de lo estúpido de algunas medidas. Hay tantos check points que muchas mujeres tienen sus guaguas ahí y no alcanzan a llegar al hospital. O se impide el paso de una ambulancia, y el enfermo se tiene que bajar para tomar una que lo esté esperando al otro lado”.

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El estudiante de ciencias políticas Xavier ABud Eid (25, en la foto) también viaja a Palestina todos los años, como parte de la organización “Abran Belén”.

Xavier, cuyo abuelo palestino llegó a Chile en 1951 huyendo de la inseguridad, dice que entiende que después de la II Guerra Mundial, los judíos sionistas vieran la creación del Estado de Israel a través de la ocupación de Palestina, como su única salvación.

“Pero esto no justifica que mantengan a los palestinos aislados, usando su capacidad bélica de manera desproporcionada, como ahora pasa en Líbano. Eso sólo provoca que la gente con más recursos emigre y los con menos acceso a la educación se queden. Esto es caldo de cultivo para ser seducidos por el fundamentalismo. Entonces, no reclamen después si Hamas gana las elecciones”.

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Último comentario:
Eoghan  escribió...

Todos concuerdan que el pueblo judío sufrió grandes atrocidades pero bueno muchos pensamos que ellos no serian capaces de cometer las mismas atrocidades pero con el pueblo palestino incluso bush habla de terrorismo glob ...

1:12PM 04/09/2006

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