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  Cachureos es algo más que el grito, Epidemia, un tiburón de esponja que se tragaba cabros chicos o la mosca que se cayó a la sopa. También es una historia de peleas, acusaciones entre su creador y sus personajes y muchos, muchos gritos. Acá, la historia detrás de Cachureos.

Por Vadim Vidal y Guillermo Scott

Me vuelvo mono

La historia de los personajes
 

¡EL GRITO, EL GRITO, EL GRITO!

Cachureos es un clásico pop, no hay duda de eso. La generación que creció en los 90s puede definirse gracias a él: mientras los mateos miraban El mundo del Profesor Rossa, los desordenados del curso amaban Cachureos. Un clásico de los niños ritalín, gritando para ganarse una caja de chicles.

Cachureos era un gran recreo, una hora de bulla constante con juegos como meterse dentro de una juguera gigante a reventar globos o tirarse a una pared de velcro para ver quien quedaba pegado más arriba. Todo eso con grandes canciones de fondo y mucho ruido.

Si los grandes tenían Sábados Gigantes, tú tenías Cachureos, un lugar donde podías gritar sin que nadie te hiciera callar, escenarios muy ochenteros para los 90 y una leyenda que contaban algunos de los afortunados que iban al programa; que a veces el inagotable Marcelo dejaba de ser tu cómplice de travesuras, para convertirse en un Gárgamel de carne y hueso. Y uno se convertía en un pitufo más.

Los que fueron a Cachureos descubrieron antes que en ningún otro lado que la magia de la televisión era una farsa. Que si ibas a una de las eternas grabaciones de los sábados por la tarde, no ibas a salir al otro día, sino meses después. Y que los personajes que veías en la tele eran una maraña de espuma con alguien dentro.

Lo que no se sabía es que fuera de pantalla, esas personas se quejaban porque, según ellos, el tío Marcelo les pagaba pésimo, los hacía trabajar 16 horas al día, no les reconocía sus aportes y no los dejaba ir a otros programas para armar una carrera televisiva.

Esto es Cachureos, la historia real, una muy parecida al fin de nuestra infancia. Y, al igual que ella, nos enteramos sólo cuando ya la habíamos perdido.

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ESTAMOS TODOS, SÓLO FALTAS TÚ

Lo que para los niños era un recreo, para la gente del programa era simplemente una pega estresante. Tener a 200 cabros chicos haciendo “el grito” toda una tarde, cansa a cualquiera. Tenerlos todos los fines de semana durante los cuatro meses que duraba la grabación de una temporada, era un deporte extremo.

Ir a Cachureos, era como estar en el recreo: aunque la mayoría la pasaba bien, siempre estaban los castigados por el Inspector. Javiera Bongardt (22) fue a una grabación a los 6 años: “Mis hermanos me metieron cuco con el Tiburón y yo me asusté tanto que me puse a llorar. Al rato se acercó Marcelo, me miró con desprecio y dijo saquen a la cabra chica llorona", cuenta.

"Ahí se me acercó una parvularia que me agarró de la mano y me sacó del estudio. Yo seguía llorando. Para que me callara, me dieron un mono de lo más ordinario del mundo: una bola azulina con ojos de cartón y relleno de plumavit”.

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Muchos de los que fueron también cuentan que se hacía un casting por apariencia. Los más telegénicos e hiperkinéticos adelante, los demás atrás. Pero todos obedecían a Marcelo, el que dirigía el espectáculo con un pito de árbitro colgado al cuello.

“Marcelo como que estaba perdiendo la paciencia con los cabros chicos. Los gritoneaba, algunas veces los monos le decían que no los tratara así o se acercaban ellos mismos a los que se ponían a llorar para tranquilizarlos”, cuenta un asistente de cámara de TVN, donde se desarrolló la época dorada de Cachureos.

Gabriel Bravo fue director del programa cuando se cambió a Canal 13. De ese tiempo recuerda: “Marcelo podía ser realmente espantoso cuando se enojaba… Marcelo es de los que les gusta mantener a su equipo constantemente en tensión para trabajar”.

Tensión que iba más allá del estudio.

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NOS SUBIMOS, A UN COHETE...

Antes de Internet, el cable y Google Earth, estaba Marcelo y sus monos recorriendo el mundo: Miami, los Estudios Universal, Sea World, Europa, Argentina y Chile de norte a sur. La familia de Cachureos acumulando millas de vuelo.

A Waldo Astorga, camarógrafo del programa, le tocó ir a los primeros viajes: “Salíamos a grabar temprano y viajábamos mucho. Marcelo manejaba porque le gustaba llegar rápido a todos lados. De colación nos comíamos un sandwich y rápido, no había tiempo de sentarse a comer".

Waldo continúa: "En la noche tampoco te podías relajar, Marcelo nos decía que íbamos a ir a un pueblito cercano de Miami para conocerlo de noche, pero nos pedía que igual lleváramos la cámara. No íbamos a pasear como se suponía, íbamos a trabajar”.

La rutina comenzaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 9 de a noche para los personajes. Después los técnicos se dedicaban a revisar el material registrado hasta la una de la madrugada. Así los 20 días que duraba el viaje.

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Habla Epidemia: “Viajábamos en agosto, temporada baja acá. Allá era pleno verano, con 35 grados a la sombra y 95 por ciento de humedad, y nosotros con traje de espuma caminado. El calor adentro era fuerte, había que hidratarse mucho”.

En los primeros viajes, Marcelo incluyó a sus hijos y algunos familiares. Claro que no en plan de vacaciones. Astorga recuerda: “El 89 fuimos con dos hijos suyos. Al niño mayor igual le metía disfraces, lo hacía trabajar. Aparte fuimos con dos niñitas chicas, por lo que Marcelo llevó a una cuñada suya para que las cuidara. Era como la tía que les iba a comprar dulces”.

Juan Pablo Hernández, hijo del animador y cantante de pop más conocido como “Pali", viajó en aquella ocasión: “En el “Knott's Berry Farm” de Los Ángeles, que era como un Disney para granjeros, yo no hacía nada, jugaba en los juegos no más y me grababan, pero menos que al resto. No fui como el hijo de mi papá a colarme, fui a trabajar también”, dice. Tenía 10 años.

Para abaratar costos, viajaban uno o dos actores que hacían hasta cuatro papeles distintos, lo que implicaba cambiarse de traje varias veces al día. Por esa razón, para Epidemia, Disney era igual al paraíso, simplemente porque no les permitían entrar con los disfraces puestos. “En otros lados apenas podíamos asomar la cabeza un par de minutos para sacarnos un foto de recuerdo”.

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ME VUELVO MONO

Clases de historia: Cachureos parte en octubre de 1983 con estrellas preadolescentes como los sobrealimentados hermanos Jara, el taquillero Roberto Cárcamo y la inocente Barbarita. Unos péndex tirados a grandes, que hablaban y cantaban en una buhardilla.

Claro que al tiempo entraron los personajes. El primero fue “Mr. Punch”, un mono corporativo de un auspiciador del programa. Cuando Marcelo vio que le llegaban más cartas que a los niños, abrió bien los ojos y paró las antenas: esa era la fórmula. Adiós gorditos, bienvenido Señor Lápiz.

Con los monos viene la época de gloria. Y los problemas.

El Señor Lápiz con voz de pito, fue el primero de los personajes. El hombre dentro del grafito era Jaime Rodríguez, un adolescente que había ganado una bicicleta, dibujando en un concurso de habilidades en la época de la buhardilla.

Los del equipo lo ubicaron y lo pusieron dentro del disfraz. De su pluma, además, saldrían los bocetos de sus demás acompañantes. Todo esto con la venia de sus padres.

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Era 1988 y el equipo funcionaba a full. Cuando el jefe no estaba, los camarógrafos se divertían. De algunas de esas travesuras salieron ideas, entre ellas, el tercer gran hit del programa después de la canción que abría el programa y el Señor Lápiz. Un nuevo clásico: El Tiburón.

El destartalado disfraz de escuálo tenía su historia, había quedado botado en una bodega del canal luego que lo usaran en un estelar ochentero. Solamente los utileros se metían dentro de él, para espantar a los visitantes y perseguirlos por los pasillos. Un chiste que le paró nuevamente las antenas a Marcelo.

El jefe puso a Jorge Garrido (el inolvidable Juan Segura y Telín) dentro, para que correteara niños y se los tragara cada domingo ante miles de televidentes. Fue un éxito avasallador.

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Habla Garrido: “Yo hacía al Tiburón y como le estaba yendo tan bien, se me ocurrió buscarle un compañero y así inventé al Epidemia. El traje lo diseñó el Señor Lápiz y la personalidad y la voz se la puso un actor llamado Beto Espinoza”.

Marcelo dice que la idea es de él y nació luego de que vio un comercial de un trapo de limpieza. Como sea, había nacido el personaje más querido por todos, el sucio y cochino Epidemia.

Epidemia debutó la primera semana de abril de 1990. Marcelo en un principio no estaba convencido con el personaje, porque pensaba que no transmitía buenos valores. Recuerda Beto: “Cuando aparecía, los niños me pifiaban. No me sentía cómodo haciendo el mono”.

Ahí viene la transformación. Habla Beto: “Después le creé la personalidad dicharachera, Epidemia pasó a ser el tallero, el simpático del lote. Epidemia decía lo que todos pensaban pero nadie decía, a lo chileno: por abajo, echando la talla. A él le acomodaba más ser el antagonista de Marcelo, no de los niños“.

Todos amaban a Epidemia: los televidentes, los niños y los compañeros de trabajo de Espinoza. Mediante el personaje, Beto le quebraba la mano al jefe, de hecho le decía “Guena cabezón”, ofendiendo sin ofender. Pero siempre en buena, algo así como el Mandolino de Don Francisco. Y la cosa terminó parecida.

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SOMOS TÍTERES NADA MÁS

Si hal algo que no se puede negar de Marcelo es que tiene ojo para los negocios. Y que toma precauciones. Aprendió a hacerlo después de que el socio con quien había ideado el programa, y con quien se lo vendió a Canal 13 en 1981, inscribiera el nombre original (“Súper Peque Club”) sin avisarle.

Marcelo buscó otro nombre y lo fue a inscribir de inmediato. Y decidió que haría lo mismo cada vez que se le ocurriera alguna idea. “Cosa que me ha acarreado gran cantidad de problemas, porque hay muchos piratas que usan la marca Cachureos y cada vez que me he defendido, he quedado yo como el malo”, dice Marcelo.

Eso hizo con Epidemia y con los demás personajes. Porque, según el animador, él inventó todos los monos. “Nadie puede decir que un personaje le pertenezca, el que lo diga es un malintencionado o un resentido”.

Claro que Jorge Garrido asegura que él creó a Epidemia. Y Roberto Vega, el hombre dentro del Conejo Wenceslao y guionista de “La casa encantada” de La Red (1992, programa producido por Marcelo, paralelamente a Cachureos), dice que la autoría del Gato Juanito y del León Chester le pertenecen. Que los hizo por encargo de Marcelo, pero que son creación suya.

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“En esa época me pidió que le armara unos libretos para “La casa encantada” y yo inventé esos personajes. Cuando terminó el programa, fuimos e inscribimos sus nombres en el Derecho de Autor. Pero como éramos muy amigos con Fernando Ortiz (el actor detrás del Gato) yo le di a él los derechos sobre Juanito”. Ortiz respalda la versión de Vega.

El problema detonó cuando los tipos dentro de Epidemia, Juanito y Wenceslao fueron a pitutear en el verano del 95, al olvidable programa “El Chapuzón” de Felipe Camiroaga e Ivette Vergara. Un desastre de sintonía amenizado con una piscina como centro de la precaria escenografía.

Ahí no salían con los disfraces pero hacían las voces de los personajes. Eso, sumado a que había concursos de poleras mojadas y doble sentido a destajo, disgustó al gran jefe que los despidió del equipo. Ellos dicen que la causa fue que Marcelo les exigía exclusividad con Cachureos.

Otro punto de conflicto eran los sueldos. Los ex monos de Cachureos cuentan que Guru Guru ganaba 600 mil pesos mensuales y el mejor pagado de ellos apenas superaba los 200 mil. Un ex camarógrafo del programa y otro ex asistente de cámara en la época de TVN, respaldan la versión. Cuentan que habitualmente usaban entre ellos la frase “eres más amarrete que Marcelo”.

Mientras tanto, el programa generaba millones.

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Un ejemplo: Cachureos vendió más 500 mil copias de todos sus discos. Y todos fueron editados bajo la firma MHR (Marcelo Hernández Rozas). Los monos que cantaban en esos discos, sólo recibían comisiones por las actuaciones masivas.

Actualmente, Marcelo tiene todas las patentes comerciales (registro de marca) de los personajes del programa. En el caso del Tiburón o de Epidemia, todo es más discutible, ya que el traje del Tiburón existía con anterioridad y nadie nunca inscribió la autoría de Epidemia. El caso del Gato Juanito, en cambio, demuestra la astucia del Tío Marcelo.

Fernando Ortiz inscribió al Gato Juanito en el registro de Propiedad Intelectual, pero por desconocimiento, dice, no hizo lo mismo con la patente comercial del personaje. Ese derecho, el de explotación comercial que prima por sobre el de autoría, fue inscrito posteriormente por Marcelo Hernández Producciones. En síntesis, aunque legalmente Ortiz es el creador del Gato Juanito, es Marcelo quien tiene la licencia para lucrar con su imagen.

Marcelo dice que a Beto Espinoza (el hombre que definió la personalidad de Epidemia), como a todos, solo le dio la oportunidad de meterse dentro de un muñeco. Eran títeres, nada más.

Aunque el animador asegura haber creado todos los personajes, nunca los inscribió como de su autoría, tan sólo se concentró en obtener las patentes comerciales. Las que valen. ¿Siniestro? Habla Jorge Garrido: “Yo sabía como era el negocio, yo creaba una idea para la productora y ellos me pagaban por eso”. Tan sólo las reglas del juego.

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YO SOY TU AMIGO, MARCELO

Luego de esas deserciones, los que eran parte del equipo pasaron al bando de los piratas. Y no hay nada que Marcelo odie más, que los que usan “sus creaciones” sin su autorización.

Dice que ha habido políticos que usan la marca Cachureos para convocar gente a sus proclamaciones, que ha sabido de Gatos Juanitos actuando borrachos en provincias. El 2002 demandó a la productora de la que era socio el cantante Douglas, por usurpación de personajes (Juanito y Epidemia) y el 2003 impidió que Zoolo TV de Mega los usara dentro de un reality de monos televisivos. Siempre por la misma razón. La piratería. Un justo derecho.

Antes, en 1999 le impidió al mismo Fernando Ortiz (dueño de la propiedad intelectual del Gato Juanito) usar ese personaje en la obra “Alejandra Herrera y sus amigos”, donde Ortiz actuaba junto a su esposa y Walala, un personaje “parecido” a Epidemia que interpretaba Beto Espinoza.

El mismo Espinoza recibió una orden de arresto por no presentarse a un careo por esta causa. Al final, el juez comparó la imagen de Walala con la de Epidemia y cerró el caso en favor de Espinoza.

Abajo las fotos comparadas. Juzgue usted.

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Marcelo se defiende: “Yo sé que conmigo hay un mito, que soy estricto, que soy fregado, pero no es auténtico. Yo soy un gallo profesional. Una persona seria y honesta, no tengo problemas ni con impuestos, ni con drogas ni con mujeres”.

Cuando el programa salió del aire en Canal 13 el 2003, luego de veinte temporadas seguidas, Marcelo convirtió a las actuaciones en vivo en su principal trinchera. Recién para la Teletón del 2004 volvieron a reaparecer en pantalla y desde el año pasado que están en La Red. Muy temprano en la mañana, con mucho menos presupuesto, una escenografía pequeña y marcando pocos puntos de rating (1,68, desde el 6 al 20 de agosto de este año, según Time Ibope).

¿El ocaso? Para Marcelo, definitivamente no.

“Acá estuvimos dos años y medio sin salir, pero en esa época nos empezaron a pasar en Sorpresa TV, un canal de cable filial de Firestone en Dallas. O sea, nunca hemos estado fuera de pantalla. El 2004 nos pasó Azteca América TV, en Miami. El último semestre de este año estaríamos saliendo por ahí de nuevo. Vamos a estar tres meses de prueba con los programas que se pasan por La Red, si funciona bien, tendríamos que ir a producir allá”.

También cuenta que está en negociaciones con Ecuador y Honduras.

Continúa: “Son más grandes mis éxitos y los momentos de alegría que el programa me ha dado, además de las posibilidades de ayudar a muchas personas. Para mí eso es mucho más importante que lo que digan personas que salieron por cosas chuecas de programa. Y que les duela a lo mejor que tú todavía estés”.

Después nos pide que seamos leales con él en el reportaje. Lo pide el dueño del club donde estaban todos y sólo faltabas tú.

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Último comentario:
La mosca en el consome  escribió...

Deberian preguntarle a vasco moulian por que lo echó cagando del trece...periodistas muevanse.!!! ...

12:06AM 12/09/2006

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