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La vida es sueño

Desde sus inicios, Banana Yoshimoto ha cultivado personajes que se encierran en si mismos, se alienan y esperan. Tal vez porque la única respuesta posible a una sociedad tan llena de estímulos, sea volverse hacia adentro mirando hacia afuera. A propósito de la reciente traducción al español de su libro de cuentos “Sueño profundo”, revisamos dos imperdibles de la escritora japonesa, disponibles en Chile.


Por Daniela Herrera



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Mikage acaba de quedarse completamente sola. Todas las personas que llevaban su sangre han desaparecido. Mikage deambula por un departamento vacío de gente, pero repleto de las cosas de los que ya no están. Se acerca a la cocina, vieja y limpia, acogedora y cálida. Se duerme junto al ruido casi amniótico del motor del refrigerador de la cocina de su abuela.

Hay historias simples. Hay libros que si te preguntan, no podrías decir con exactitud sobre qué tratan. Kitchen (1987) de Banana Yoshimoto, es uno de ellos. Trata sobre la muerte, la soledad, la búsqueda de la tranquilidad, las conexiones, las preguntas sin respuesta. Eso y mucho más. Como en un haiku, Yoshimoto ahorra palabras pero dice muchas cosas.

Si Kitchen se desarrollara en cualquier ciudad de Estados Unidos, Guatemala o Chile, sería un libro completamente distinto. Pero se desarrolla en Japón, una dicotomía entre karaokes, supertecnología, y costumbres milenarias.

Los personajes de Yoshimoto parecen vivir ajenos a cualquiera de esas dos fuentes inagotables, pero se nutren de ambas. Viven en la realidad casi paralela de la vida propia, donde solo se tienen noticias de uno mismo; la vida de personajes desolados, en todo el sentido de la palabra.

Mikage de Kitchen ha quedado en el único estado en el que se puede quedar, después de que se muere la última persona de tu familia. Está completamente sola en el mundo, tan sola que difícilmente puede sentir algo. Mikage se mueve por paisajes oníricos sin llegar nunca a una declaración concreta de lo qué está pasando realmente. Hasta que Mikage se va a vivir con un amigo y su madre, una travesti que tiene un bar en el centro de Tokio.

Los procesos son largos y la repetición de un acto puede llevar a un entendimiento mayor. Los orientales dicen que la repetición de un mantra puede llegar a abrir los centros sutiles que cada persona tiene en su cuerpo. Mientras habita en la casa de su familia postiza, Mikage va encontrando la tranquilidad en la cocina de los Tanabe, en la preparación de los alimentos como una terapia que consiste en poner atención a todos y cada uno de los detalles. Repitiendo las operaciones realizadas dentro de una cocina, Mikage busca alinearse de nuevo con ella misma.


La cocina en realidad es una excusa para contar sobre cómo lentamente las personas van sanando después de un tsunami personal. Cómo se busca un refugio y cómo nos vamos armando de nuevo. En el libro, Eriko, la madre travesti que goza de una simple pero efectiva sabiduría oriental, lanza frases que uno quisiera escuchar en el peor de los momentos.

“El mundo no existe sólo para mí. El porcentaje de cosas amargas que me sucederán no variará. Yo no puedo decidirlo. Por eso comprendí que es mejor ser alegre”. Frases simples pero certeras, sobre la vida, el éxito y la muerte, que pueden estar al borde del cliché. Pero todos sabemos que los clichés son casi las únicas verdades universales que van quedando en el mundo.



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The ritual de Banana

Banana Yoshimoto no se llama realmente Banana. Su verdadero nombre es Mahoko Yoshimoto y es hija de un conocido filósofo japonés y hermana de una dibujante de manga. Comenzó a escribir cuando estaba estudiando literatura en la universidad y un día decidió que se llamaría Banana porque ama la flor de ese fruto.

El segundo cuento de Kitchen, “Moonlight Shadow”, ganó un concurso literario en la Universidad de Japón cuando sólo tenía 21 años. La novela fue escrita durante los descansos que le daba su jefe en un restaurant tipicamente japonés. Kitchen ha vendido más de seis millones de copias en todo el mundo y ya tiene más de tres películas basadas en el libro.

Con más de doce novelas publicadas (pero sólo cuatro traducidas al español), Yoshimoto ha desplazando a escritores como Oe Kenzaburo, dentro del siempre mutante mercado japonés. Yoshimoto instaló una suerte de Bananamanía dentro de los jovenes nipones, quienes le han dedicado un culto que solo está por debajo del karaoke. Al googlear su nombre, muchas páginas de fans aparecen. En los foros, postean citas de sus libros como quien postea su canción favorita.

Se le ha acusado de naif y sus detractores la han calificado como la “Isabel Allende japonesa”, por, supuestamente, seguir en sus libros una fórmula estereotipada. La fórmula de una prosa envolvente y sosegada. Casi zen. Los personajes de Yoshimoto se mueven por el mundo como justo después de la siesta, con los sentidos adormecidos, con los pasos livianos, pero a punto de despertar a una realidad brusca, donde los pensamientos se alinean de un lado u otro.

Episodios como caminar por la calle, encontrarse con un amigo o comer en un restaurant, son descritos con una ingenuidad que puede resultar tan encantandora como aplastante. Hay gente que tiene ese don. Que transforma los más simples actos en escenas iluminadas, en epifanías aclaratorias. Dentro del “mundo Yoshimoto” aparecen fantasmas, gente real, episodios de telepatía, cocinas y electrodomésticos con la misma frecuencia. Todos confluyen con la misma naturalidad, sin darles nunca demasiada importancia.

Leer una novela de Banana Yoshimoto, imagino, debe ser parecido a entrar a un templo budista. O escuchar la banda sonora de Lost in Traslation caminando por las calles atestadas de Tokio, amortiguando el ruido como si anduvieras debajo del agua. Sus personajes van directamente a la resurrección, pero antes, tuvieron que pasar por el lado oscuro más personal, un lugar comatoso donde no se está ni muy vivo ni muy muerto, sólo se está.

Para resurgir, según la mirada de Yoshimoto, es preciso completarse en el vacío de una perdida. Recordar y estar en el lugar donde habitan los muertos, un lugar donde siempre está de noche y todo parece un sueño muy real. Uno donde las presencias aún no se han desvanecido del todo. No hay nada surreal ni fantástico acerca de ese mundo. Es una experiencia por la que todos, tarde o temprano, tendremos que pasar. Yoshimoto sólo lo viste de una esencia casi tan etérea como una primavera de cerezos en flor.



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La vida es sueño

En Sueño Profundo (1989), libro traducido al español este año por Tusquets, la protagonista del primer cuento, Terako, sufre ataques de sueño de los que sólo despierta cuando la llama su novio, un hombre que es extrañamente fiel a su esposa en coma. Shiori, su mejor amiga, es una prostituta que sólo duerme al lado de su clientes y que termina suicidándose porque comienza a ser el recipiente de todas las “negruras de alma” de los hombre que la visitan. El punto en común; todos están solos y utilizan el sueño como una forma de evadirse.

Los tres cuentos que conforman el libro, “Sueño profundo” que da título al volúmen, “La noche y los viajeros de la noche” y “Una experiencia”, tratan al igual que Kitchen, sobre la perdida y el duelo, pero de una manera tan eficaz que esas palabras nunca son nombradas. Como si el hecho de decirlas, las hiciera más reales.

Yoshimoto describe a las mujeres dolientes sin caer en sentimentalismos, con una empatía conmovedora. Shibami, del segundo cuento, contiene a las dos mujeres que perdieron al amor de su vida y truncaron para siempre su existencia. Un relato sobre lo irremplazable y la posibilidades abiertas. Los personajes hablan de los muertos como si aun estuvieran ahí, con una cotidianeidad que raya en la locura, pero que en el momento, se reduce a la pena de no volver a verlos nunca más.

El último cuento, “Una experiencia”, es el final perfecto para un libro que continúa en la misma senda de Kitchen. El escapismo. Fumi se emborracha todas las noches para poder dormir. Cada vez que su cabeza toca la almohada, una extraña música comienza a sonar en su cabeza. Según un mito japonés, esa es la forma que tienen los muertos de comunicarse con los vivos. De ahí “Una experiencia” se transforma en un cuento de fantasmas del pasado, pero no de horror. Solo de cuentas por saldar.



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Fotos de Tokio

Extraño país es Japón. Como en un manga, los hechos sobrenaturales y los reales van a la par. Se mezclan templos con tecnología impensada, monjes con adolescentes vestidas como Sailor Moon. Cómo estas dos realidades comparten el mismo espacio es un signo de los tiempos. Los nipones han sabido integrar una a la otra sin demasiados sobresaltos, tal como Yoshimoto pudo hacer una novela llamada Kitchen (cocina), partiendo de la premisa de cómo las cocinas son el lugar que más tranquilidad le traen.

Muchos críticos hablan de los libros de Yoshimoto como la perfecta síntesis de los jovenes nipones, quienes vienen de una cultura ancestral, al mismo tiempo que hoy, en los albores del siglo XXI, tienen la profunidad de un tamagochi y la capacidad comunicativa en niveles casi básicos.

Hikikomori es la palabra japonesa que se ha usado para describir a los personajes que habitan en los libros de Banana y de otros autores. Jóvenes que se rehusan a mantener contacto social por meses o años, buscando evadirse de todo. La presión social al éxito y la propia incapacidad de respuesta, sumado a los factores típicos de la adolescencia, han hecho de los Hikikomori un fenómeno muy generalizado en Japón.

Algo de esto tiene que ver con la literatura que Yoshimoto y Murakami han cultivado desde sus inicios; encierro, evadirse, alienarse, esperar. Tal vez la única respuesta posible a una sociedad tan llena de estímulos sea volverse hacia adentro mirando hacia afuera. Como un Buda apacible.

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ETERNO RESPLANDOR
 

Último comentario:
Murasaki  escribió...

Esta es mi escritora favorita desde hace años y fue una agradable sorpresa encontrar este completísimo reportaje sobre su obra. La verdad es que Kitchen y Amrita me marcaron a fuego en distintas etapas de la vida. Banan ...

2:19PM 16/08/2006

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comentarios (7)

 
 

  

Banana Yoshimoto
(8/8/2006 4:10:00 PM)

Extracto de Kitchen y Sueño Profundo. Gentileza de Editorial Tusquets


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