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¿Qué dice el público? |
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Todos hablan de educación pública. Pero ¿cómo es una educación pública de buena calidad? Consultamos los resultados de las pruebas internacionales y buscamos ejemplos de países donde ir a un colegio fiscal es un privilegio y no una desventaja.
Por Vadim Vidal y Carlos Salazar
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No hacían falta miles de pingüinos enojados tomándose sus colegios para darse cuenta que la educación fiscal en Chile, por decirlo suavecito, no andaba bien. Sirvió para que más gente tomara conciencia, pero síntomas había. Era cosa de consultar los resultados de las mediciones internacionales en los que participa nuestro país. Ahí estaba más que claro. La medición internacional TIMMS(Third International Mathematics and Science Study), del 2000, ubicó a Chile en el lugar 36 de 46, en ciencias y 39 de 46, en matemáticas. Este año el Ministerio decidió no participar en la medición.
La prueba PISA(Programme for International Student Assesment) programa de evaluación de capacidad lectora, dejó a Chile en un lugar 35 entre 38 países. Aún más un estudio de la OECDdel 2000 reveló que el 60% de los chilenos apenas entendía la fórmula para preparar una mamadera, impresa en la etiqueta de un tarro de leche en polvo.
Las autoridades dijeron que eran las primeras mediciones internacionales en las que participaba Chile. Y que nos comparábamos con países con mayor desarrollo y gasto en educación que nosotros. OK. Pero ¿hay algún factor que aúne a los países que obtienen buenos resultados? Varios. Acá vamos a presentar y ver cómo se financian algunas de las mejores educaciones públicas del mundo. Para aprender algo de los que lo hacen bien. A ver si el Consejo Asesor de la Presidenta concluye lo mismo.
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El orden de los factores
Raúl Sohr es el analista internacional que se tutea con Paulsen en el noticiero de la medianoche. Para él, los países con buenos resultados son los que invierten fuertemente en la educación. “Lo común que tienen es la inversión que hacen, porque hay una sola gran verdad, la educación de calidad es cara. Y si no la financian los privados, la paga el Estado”.
Formas de hacerlo hay tantos como modelos políticos, pero él resume esencialmente en tres: “El socialismo autoritario, que es cuando un estado nacionaliza sus bienes y reparte las riquezas de forma centralizada. Aún existen países con ese modelo como China y Cuba. Después están los que reasignan recursos por vía de impuestos, principalmente Europa, donde toda la educación es pública y gratuita. Y finalmente Estados Unidos, que tiene tan largos períodos de crecimiento que el chorreo funciona.”
Según el informe “Una Mirada a la educación”del Mineduc, el gasto total en educación en Chile es del 7.5 % del PIB, más alto que el que destinan países como Canadá, Corea, España o Estados Unidos. Claro que estos países tienen mayores ingresos que el nuestro, por lo que el gasto por alumno de ellos es mucho mayor. Si Chile destina cerca de 2 mil dólares por alumno en su educación primaria y secundaria, los países más desarrollados invierten el doble y hasta el triple.
Para Rodrigo Cornejo, coordinador ejecutivo del Observatorio de Políticas Educativas de la Universidad de Chile, sea cuál sea el modelo político y el nivel de gasto, lo primordial es la responsabilidad del Estado en la educación. “Se puede descentralizar, o sea, delegar la administración de los recursos a gobiernos intermedios, pero el Estado debe tener un fuerte vinculo de fiscalización”, la cual en Chile prácticamente no se aplica. Cita el ejemplo inglés donde el estado capacita a sus fiscalizadores.

Otro tanto con la labor de los profesores. El ideal es que se dediquen en exclusiva a un sólo colegio. Claro que en Chile, el 13% de los profes trabajan en más de uno, según un estudio hecho por CENDA (Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo), lo cual implica focalizar menos tiempo en los alumnos y una sobrecarga a la hora de revisar pruebas.
Aparte, ocupan toda su jornada laboral solamente en hacer clases. “Como un cirujano no está toda la jornada operando, los profesores deben ocupar del 30 al 40 por ciento de su tiempo preparando clases o capacitándose”, señala Rodrigo Cornejo. Según cifras del Colegio de Profesores, la Jornada Escolar Completa, JEC, al ampliar a 36 horas docentes, sólo le dejó 1 hora semanal a los profesores para preparar sus materiales, algo así como el 4%.
Otro tanto con el número de alumnos por curso. Chile promedia 33 alumnos por curso en Enseñanza Media, según datos de Unesco. Estamos entre las 15 más altas del mundo, al nivel de países como Filipinas, Camerún y Pakistán.
Javier Corvalán, estudioso del CIDE (Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación), dependiente e la Universidad Alberto Hurtado, cita un estudio de la UNESCO, el que señala que sobre 35 alumnos por sala, perjudica principalmente a los niños de cursos básicos y a los de sectores más vulnerables. “Porque un niño pequeño necesita una atención más personalizada y porque un niño de baja condición, necesita de apoyo o reforzamiento para nivelarse con sus compañeros”
Esos son los criterios, ahora mostramos ejemplos de países exitosos y cómo es su enseñanza pública. De todas las variedades y gustos para elegir.
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Colors by Europe
Si pensabas que Europa era el paraíso en materia educativa, no estabas tan equivocado.
Pascale (en la foto) es una holandesa que está de paso por nuestro país aprovechando de aprender español en el Instituto Chileno de la Lengua. Cuenta que en su país es impensable una manifestación como las que vio en las noticias acá. “Allá el mobiliario (infraestructura) es bueno, los libros son gratis, hay gimnasios techados y el equipamiento de computadores y todo eso its good. Y la diferencia entre colegios públicos y privados no es notable”.
Holanda figura sexto en la TIMMS de matemáticas y octavo en la de Ciencias, entre los niños de octavo grado.
Desde 1848 existe allá la libertad de enseñanza, una especie de LOCE que permite a un sostenedor crear una escuela de acuerdo con su propia concepción de la vida o fundamentos pedagógicos. Sin embargo lo que obtiene como subvención, la corona se preocupa de que lo invierta únicamente en su colegio. En Chile, el Estado le entrega el dinero a los sostenedores (plata de todos) y prácticamente no fiscaliza.
Por eso casi tres cuartos de las escuelas en Holanda son privadas, pero recibiendo un aporte estatal muy importante. Y los sueldos son pagados en su totalidad por el Reino.
Desde el 2001, el 5,3% del Producto Nacional Bruto de Holanda, se invierte en enseñanza. Algo más de 5 mil dólares por alumno. Y hasta los 16 años del alumno, no llega ninguna boleta al bolsillo de los papás. Al contrario, por cada hijo estudiando la familia recibe un subsidio estatal o “voucher”, para que los padres puedan elegir el colegio donde meter a sus hijos. Acá también se aplica el “voucher”, pero lo reciben los sostenedores (dueños de los colegios). Y si casi no se fiscaliza, bueno, ya saben lo que pasa.
Según Javier Corvalán estudioso del CIDE, Pascale pertenece a la Europa más descentralizada, la que tiene una educación pública fuerte, con participación de los padres y privados. “Es gratuita, tienen excelente infraestructura y se apoya a las privadas sin fines de lucro, como las que dependen de las iglesias. Además tienen ‘school choice’, o sea, que los padres pueden elegir dónde matricular a sus niños, al igual que Inglaterra, lo que no tienen ni Estados Unidos ni Francia”.

Vanessa (26, a la izquierda en la foto) es hija de chilenos y ha sido criada y formada en el sistema educacional galo. El tradicional, el estatal. Hoy está pasando el concurso de profesora y se desempeña como inspectora en un collége. Uno de tantos cuyo promedio de alumnos por sala es de 20,6.
Cuenta que en Francia (noveno en la prueba PISA) la educación es obligatoria desde los seis hasta los dieciséis años, y es gratuita en todos sus niveles, desde los jardines infantiles hasta la universidad. Destinan para ello el 5.1%, del Presupuesto Nacional.
Se divide en una primaria de los 6 a los 11 años; Collége de los 11 a los 15 y Liceo de los 15 a los 18. Antes de eso los niños pueden asistir a la escuela local de párvulos (“maternelle”), que está fundada por el estado y administrada por las autoridades municipales.
Tal como en Italia (otra nación con similares características), existe una educación centralizada donde se asignan un colegio según el sector donde vivas. Parece el mundo al revés, pero allá los colegios privados son donde van los alumnos que han quedado rezagados de la educación pública. Y no son del todo privados, porque igualmente reciben una subvención por alumno.
Los que siguen los pasos más académicos van al lycée para preparar el baccalauréat (más conocido como bac), ese es el diploma del liceo que garantiza la entrada en la universidad.
“El sistema no es malo –explica Vanessa- Los colegios formadores para alumnos con deficiencias escolares son mal vistos (privados), como que los alumnos que son dirigidos hacia esas escuelas son tontos, es como una vergüenza. No se dan cuenta que ahí se forman los obreros con calificaciones, que pueden ganar muy bien”.
Claro, un profesor como ella puede ganar entre 25 mil dólares anuales y si tiene más de 15 años de servicio, puede llegar fácilmente a los 40 mil, lo cual genera interés en estudiantes con buenos puntajes para seguir una carrera pedagógica. Comparaciones odiosas: en Chile el ingreso mínimo docente es de 303 mil pesos mensuales.
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China Pop
China en un minuto: antes de que se instaurara la República Popular China en 1949, el 80 por ciento de los 500 millones de habitantes de China, eran analfabetos. A partir de ahí, la enseñanza secundaria obligatoria se difundió en el 91 por ciento, la tasa de ingreso de los niños en edad escolar a las escuelas primarias se acercó al 99 por ciento.
Después de las reformas impulsadas por Deng Xiaping en 1978, donde la economía del gigante asiático se abrió al exterior, y se solventó una estructura mixta (socialista y capitalista), la educación china se disparó. En la actualidad la tasa de alfabetización es del 87,3%.
A 1999 había 145 millones de alumnos en las escuelas primarias y alrededor de 90,7 millones de estudiantes en las secundarias y se estima que unos 12,1 millones de estudiantes están inscritos en una de las mil universidades chinas. Actualmente ocupan los primeros lugares en la medición TIMMS de cuarto y octavo grado, en ciencias y matemáticas. Kui Xin tiene 30 años y estudió su enseñanza primaria en Pekín. Cuenta que tenía una jornada completa de lunes a viernes. Desde las 7.30 de la mañana a las 5 de la tarde, con una hora de colación. En la mañana la instrucción era teórica y en la tarde eran ramos prácticos además de arte, música y caligrafía. Y asistía los sábados en la mañana a clases de Educación Física.
En China la educación inicial se clasifica en enseñanza primaria (6 años), secundaria del primer ciclo (3 años) y secundaria del segundo ciclo (3 años). Las enseñanzas primaria y secundaria de primer ciclo son obligatorias.
“El colegio en China es mucho más exigente que en Occidente. Hay más dificultad, se dan tareas muy dificultosas y se presiona a los niños a sacar buenas notas. Los cursos son según el nivel de sus alumnos, desde los mejores hasta los con peores rendimientos. Las familias pagan cursos auxilares dentro del mismo colegio para los que se quedan atrasados. O los mandan los fines de semana afuera a reforzar, en escuelas que son como los pre universitarios de acá”, señala Kui Xin. Además cuenta que hay de 30 a 40 alumnos por clase y se designan los colegios por zona. Y como todo sistema estatista, los libros son gratis y tienen el mismo plan de estudios.
¿Como se financia esto? Con muchísimo dinero. El gigante asiático destina el 3,41% del PIB a la educación y pretende elevarla al 4% en dos o tres años más. Y ojo que sólo en 2001, el producto interno bruto de China alcanzó los 1,15 billones de dólares. Además tiene importantes impuestos a las empresas, el 14 por ciento para las extranjeras y 24 por ciento para las empresas nacionales. En Chile es del 17% para todas.
¿Problemas? El sector rural, donde habita el 60 por ciento de la población, no tiene los mismos cánones que la educación urbana. Y no hay ningún tipo de libertad, ni para elegir establecimientos, ni en los currículos. Socialismo de viejo cuño. Aunque financiado cada vez más por platas de afuera.
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El tigre de la malasia
Malasia es un país del sudeste asiático. Uno de los que más rápido ha crecido en los últimos 25 años, de aquellos con que Chile se comparaba en los 90. Ustedes saben, el jaguar latinoamericano y todo eso. ¿Por qué? Porque es un país pequeño, de algo más de 22 millones de habitantes, con un ingreso per cápita de nueve mil dólares que destina el 7.2 por ciento de su PIB a educación. Un poco menos que Chile (y el equivalent en dólares es muy similar en ambos países), pero obteniendo mejores resultados (figura 14 en TIMMS y sus resultados promedio son idénticos a los que consigue la elite chilena. Y su elite está entre las 6 primeras de la medición).
Suena conocido, pero Malasia dependía de la producción y exportación de materias primas, hasta que en 1970 introdujo cambios políticos y económicos radicales. Hoy la industria y los servicios aportan más del 90% del PIB de Malasia y más de la mitad de sus exportaciones son productos electrónicos. Si antes la mayoría de la población vivía en zonas rurales y gran parte de ella era pobre, hoy sólo el 7% de la población vive debajo de la línea de pobreza, y está entre los 30 países más competitivos.
¿Cómo hicieron eso? Liberalizando los mercados, pero no a la chilena. Tal como en Corea del Sur, Taiwán, y otros "tigres asiáticos", lo de ellos es un capitalismo dirigido por el Estado. Donde se apoya a la empresa privada, pero se reserva al gobierno un estricto control político y social.
En educación tienen un sistema de enseñanza gratuita pero no obligatoria, de los 6 y 16 años. La primaria dura seis años y tiene al inglés como segundo idioma obligatorio. Su promedio de alumnos por profesor es de 22. Tienen cobertura total en la enseñanza primaria, pero un alto porcentaje de abandono en la secundaria; sólo la mitad de los alumnos de primaria pasan al primer nivel de la escuela secundaria y algo más de 53.400 estudiantes va a la segundaria superior.
Se ha hecho una costumbre que la élite intelectual de Malasia haga estudios de posgrado en Inglaterra y Australia. Todo planificado por el Estado y financiado por el comercio exterior.
También sueñan con llegar a ser verdaderamente desarrollados, de hecho tienen un plan llamado “Vision 2020”, fecha en la que quieren lograr esa meta. La Organización Mundial de Comercio dicen que para logar eso deben cuadriplicar su ingreso per cápita, pero al menos ya tienen las bases para soñar con ello.
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Esto no es América
Te dicen Estados Unidos y piensas: los reyes del neoliberalismo. En materia de educación no es tan así porque el 90% de sus niños estudian en un colegio público de acceso gratuito. El único requisito es que los padres presenten un certificado de residencia para comprobar dónde vive el alumno.
Al igual que acá, allá la educación es descentralizada y cada Estado se encarga de sus escuelas, entregando la administración de ellas a sus distritos, que pueden estar formados por una o varias ciudades o incluso por un solo pueblo. En cada Estado hay jefes estatales de educación, que analizan los desempeños de las escuelas.
María Teresa Lepely, fundadora del Global Institute for Quality Education, de Estados Unidos, cuenta que cada estado decide cómo conseguir los fondos para sus escuelas y qué reforzar de sus programas educativos. “Hay estados que cobran impuestos específicos a las industrias o a las personas para costearlas. Hay tanta independencia que, por ejemplo, en Florida existe una lotería cuyas ganancias se invierten directamente en educación”.
Así es normal que jóvenes pobres puedan salir de la pobreza una vez salidos del colegio. Por algo un hijo de campesinos jamaicanos como Colin Powell, puede llegar a ser Secretario de Estado. De Bush, pero Secretario de Estado al fin.
Al contrario de lo que ocurre acá, la enseñaza secundaria no es el fin de la educación. Los que no entran a la universidad pueden seguir cursos en los llamados “colegios comunitarios”. Éstas son instituciones públicas con programas escolares de 2 años, financiados con impuestos. Son menos costosos que las universidades. Allí los estudiantes pueden recibir un título asociado de artes o, si quieren, posteriormente pueden continuar sus estudios en la educación superior, con créditos y becas.
Si te dicen Estados Unidos, tu también dices “la mayor potencia del mundo”, claro que no en educación. Ellos figuran décimos en la prueba Timms y es una realidad que los tienen de cabeza ya que cuentan con una de las inversiones más importantes del mundo en educación (un 5,4% del gasto público. O sea, 8.855 dólares por alumno secundario).
Para Lepely se debe a que falta poner más énfasis en tecnología y en materias que preparen mejor a los estudiantes para el mundo de hoy. Dice que ni los alumnos eligen las materias más rigurosas a la hora de elegir su currículum, ni los profesores se perfeccionan como deberían. Pero que ya hay programas estatales para corregirlo. El papá Estado, como siempre.
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Estudiando como coreano
Youngmin Kim y MiYoung Lee (en la foto) son dos estudiantes de intercambio que estudian en el Campus San Joaquín de la UC. A duras penas se hacen entender para manifestar que es algo inaudito para ellos, que estudiantes de secundaria se sienten a dialogar con un ministro o el senado como ha sucedido acá. ¿Por qué? Porque en Corea del Sur todo es rigor.
Un ejemplo: Youngmin (25) usa el mismo corte de pelo de César Valenzuela, el dirigente pingüino local. Claro que en Corea del Sur no lo podía usar así. De hecho, MiYoung (24) recuerda que hubo una protesta secundaria para que los jóvenes pudieran usar el pelo más libremente. Claro que la manifestación se hizo sólo por internet.
Pese a cualquier crítica, hoy, Corea posee una de las más caras tarifas educativas del mundo. No por nada invierte un 4,3% de su PIB en educación (4 mil dólares por alumno secundario) y lidera casi todas las pruebas de calidad mundial (segundos en PISA y dentro de los cinco mejores en todas las mediciones Timms).
Él proviene de un colegio privado y ella de uno público. Pero cuentan que allá la calidad de la educación es igual para todos. Se estudia 12 años antes de ir a la universidad. Y dan un examen de admisión que es más barato que nuestra PSU (cuesta algo así como 5 mil pesos chilenos).
MiYoung: “En Corea no es distinto colegio de ciudades y pueblo. Hay pocas escuelas privadas, pero si hay academias, institutos privados donde las familias mas ricas envían a sus hijos a hacer fuertes repasos de la materia de la primaria y la secundaria”, explica en el mejor castellano que puede. Claro que este precalentamiento se paga caro. Muy caro.
Con todo, la chica recuerda una estadística que les recitan todo el tiempo en clases: “Un 70 u 80% de los estudiantes que salen del colegio llegan a la universidad. Pero la prueba de selección es muy, muy, muy difícil”. Claro que aún así tan sólo un 10% de esa cifra logra un puesto importante en alguna repartición de gobierno o una empresa grande. “Los demás no obtienen un buen trabajo aunque hayan graduado universidad. Los que no llegan a la universidad, no tienen oportunidades”, remata. Ernesto Schiefelbein fue Ministro de Educación en 1994 y visitó Japón y Corea el 1993. Cuenta que tanto en la tierra del sol naciente como en Corea, la preocupación por la labor del profesor es fundamental. “Ellos trabajan bajo un sistema de inducción, al llegar a un colegio no trabajan directamente con los niños, lo hacen con un mentor que les va enseñando durante un año entero hasta que estén listos para hacerlo solos”. Dedicación esmerada.
“En mi país el gobierno paga colegio y los colegios públicos son muy equivalentes a los privados. Pero sí hay una gran diferencia entre Chile y Corea —dice Youngmin, y se lleva las manos a la cabeza para recordar alguna palabra en español—: acá hay gran diferencia entre pobre y rico, en mi país no. Pero si eres de clase baja, si eres pobre y estudias mucho puede subir a clase alta. Por lo que he visto acá por raza y por dinero, es mucho más difícil. ¿Se entiende? ”. Lamentablemente, sí, se entiende.
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