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Fantasías dibujadas de ayer y hoy
Aplaplac sacó tres libros de dibujantes nacionales en edición de lujo. Chancho Cero de Peirano, los grandes éxitos de Rodrigo Salinas y las tiras políticas de Hervi. Humor para grandes, chicos y chicos encerrados en cuerpo de grandes.
Por Vadim Vidal

CHANCHO CHILENO
Sí, Peirano es uno de los cerebros detrás de Plan Z. Sí, el mismo que hizo Factor Humano y 31 minutos. El hombre que todo lo que toca se transforma en hito de culto ñoño. Pero, para que sepan los fans, él siempre quiso ser caricaturista. Desde chico. De hecho cuando estudiaba en los Sagrados Corazones de Alameda publicó “Huiroman”, una historieta que salía en la última página de un periódico mimeografiado, donde el malo era “Fernandosqui”, el profesor de química. ¿Suena conocido?
Después entró a estudiar periodismo en la Chile (donde, cuenta el mito, los alumnos sacaban la cubierta de los bancos donde él hacía sus dibujos, para tener “un Peirano legítimo” en la pieza), siempre con la idea de dedicarse a las caricaturas.
Cuando hizo su práctica profesional en TV y Novelas, le tocó dibujar los monitos del zodíaco, que al final le tocó también escribir. De ahí a Canal 2 y dejar de dibujar por un tiempo largo. Hasta que lo llamaron de LUN para que hiciera “Las aventuras de Toñito Taloman”, la tira de una revista infantil. De ahí, la Zona para hacer Chancho Cero.
“Me llamaron para hacer una historieta cada semana, el editor quería que fuera una historia unitaria por capítulo, pero yo quería que fuese una historia continuada, de hecho, siempre lo pensé como una publicación como la de ahora”. La primera compilación la sacó por El Mercurio el 2002 con un tiraje de 10 mil ejemplares. La nueva reúne lo aparecido en esa publicación, más lo que iba a ser el segundo libro de la colección, el que no alcanzó a aparecer.
Quienes hayan seguido la historia saben de qué se trata: de la vida en la Escuela de Lobotomía de la Universidad Nacional. Hasta donde llega un chancho que los alumnos adoptan y lo utilizan para enfrentar a todos sus enemigos. ¿Cuáles?: los ganadores de las carreras con futuro, el decano, la policía, los estudiantes de intercambio, los micreros, etc. El cerrado universo de la vida universitaria.
“Yo lo veía como una aldea pitufa, con un Gárgamel, que era el decano Avellana. Yo creo que los estudiantes de Ciencias Sociales se sienten identificados con la historieta, porque todos son más o menos mediocres. Uno toma esas carreras para capear la posibilidad de trabajar”. Cuenta que una vez le preguntaron si tenía un espía dentro de una carrera de la Católica, porque pasaban cosas idénticas a las que dibujaba Peirano en la página de atrás del suplemento.
En este universo de mandos medios, mediocridad y luchas inútiles, como es la universidad, Peirano vio la posibilidad de contar las historias que más les gustan. “Me caen bien los malos, están tan felices de ser malos que monologan sus planes. Les tengo una simpatía torcida. Muchos de los comics empezaban con la amenaza de malo, siento que es lo más atractivo. La única gracia de los buenos era qué les iban a hacer los malos”.
"Chancho Cero" lo encuentras en librerías a un precio referencial de $18 mil.

FLASH GORDO
Una vez tenía que hacer una de esas revistas que le piden a uno en la universidad. Y en una de las notas hablamos con el guatón Salinas cuando exponía unos cuadros del Hombre Araña en el Salón Anual de los estudiantes de arte de la Chile. Esa vez le pregunté qué quería hacer de ahí en adelante y él me dijo que quería dibujar libros para niños.
Años después fue parte de 31 Minutos, el programa que cambió la televisión infantil chilena. Y ahora lanza “La calma después de la tormenta” la recopilación de todos sus libros y tiras cómicas que hizo desde ese momento hasta ahora.
Guatón dibuja siempre aventuras insólitas de héroes sin poderes. Porque lo superhéroes no existen y todos los que les tocó hacer algo heroico por alguna circunstancia, al final terminaron mal. Como Arturo Prat, en “Arturo Prat is not dead”, donde el capitán de la Esmeralda se cae del barco y vuelve a la ciudad sin poder decir que es él porque arruinaría la fiesta.
Después vino Massachussets (que era el mismo Prat, ya viejo que tomaba una nueva personalidad y adquiría superpoderes cuando se meaba), Carlitos Marx (una mezcla del protagonista de Peanuts con el filósofo alemán. Perdedores los dos) y ahora último, Winnis. Que es él mismo disfrazado con una polera vieja con el logo de una marca de lubricantes y un gorro de Mickey Mouse. Cuyo único poder es la voluntad, por lo que camina sólo para adelante.
Una apreciación personal: siempre pensé que 31 Minutos tenía dos tipos de humor: uno filosamente irónico y otro ingenuo, infantil, medio loser. El primero lo hacían —según yo— Díaz y Peirano, y el otro Salinas y la gente de La Nueva Gráfica Chilena(el colectivo que fundó para editar libros y trabajos gráficos). Unos eran Tulio y Bodoque y otros Juanin y Mario Hugo.
Las historias recopiladas en “La calma después de la tormenta” son como esos personajes, naif, de situaciones disparatadas, tremendamente ingeniosas, con citas a iconografía pop, pero siempre con un contexto rudo. Un ejemplo extremo de esto aparece en “La Isla del NO”, donde dos indiecitos de Leche Sur dialogan con esas caricaturas de “Un amigo en su camino” de Carabineros en los 80. Una parodia ingenuamente feroz de la transición, donde unos eran los perseguidos y otros los antiguos opresores que intentan rehabilitarse (adivinen quién es quién).
Salinas: “Con el humor te saltas el intelecto, te ríes primero y después cachas lo que estas viendo. Es súper de niños, como la crueldad de los cuentos infantiles. Como La Caperucita Roja o El Señor de las moscas: si te das cuenta Juanin es súper tierno, pero es explotado, los carabineros de “la isla…” eran torturadores y los indiecitos quieren enjuiciarlos. Es una hueá terrible”.
“La calma después de la tormenta” lo encuentras en librerías desde mediados de mayo y en el stand del Museo de la Plaza de la Moneda, frente al Palacio de La Moneda a $15 mil. También puedes mandarle un mail a: elrodrigosalinas@hotmail.com y él te lo deja en $10 mil.

RÍE CUANDO TODOS ESTEN TRISTES
Si Álvaro Henríquez tiene a Roberto Parra y los Chancho a Flor Motuda. Peirano y Salinas tienen a Henán Vidal, Hervi; el caricaturista que comenzó ayudando a Pepo en Condorito en los años 50 y que ganó el Altazor 2006 en la categoría “Diseño gráfico e ilustración”. El que dibujó en las revistas de la antigua editorial Zigzag y llegó a ser Jefe de arte en la editorial Quimantú hasta 1973. Después se especializó en humor político en la época en que en Chile la política estaba proscrita. Primero en la Revista Hoy y luego en el diario La Época. Una especie de sobreviviente de los tiempos duros, cuando hasta a un dibujante lo podían amenazar de muerte por lo que decía en sus viñetas.
Pero lo que hacen Salinas y Peirano no es un homenajeo kitsch o un rescate friki. Ellos mismos acusan influencias. Salinas confiesa que dibujó “La isla del NO” luego de encontrar un póster que hizo Hervi en los tiempos del plebiscito, donde todo tenía forma de un NO gigante. También comparte su gusto por los superhéroes más humanos que los humanos. Súper Cifuentes (el cesante que volaba en la mítica revista “La Bicicleta”), es antecedente directo de sus superhéroes.
Peirano, comparte el humor grotesco, pero también el formato de viñetas que utilizó Hervi en su colección “Sucede” de 1978-1990, donde, en un mismo paisaje, hay cientos de personajes opinando de distintos temas contingentes en muchos puntos: “En Chancho Cero pasa lo mismo, hay una historia central, pero también están las tallas paralelas, las más divertidas, me gusta esa idea de que todos tengan derecho a hablar”.
Hervi es un tipo serio. Medio grave. Curtido por el tiempo en que le tocó ser gracioso. Él mismo lo dice: “Yo hacia esas payasadas como forma de escape mental, para no meterme en cosas subversivas. Siempre fui un pacifista. Pero pude dar algunas pataditas en las canillas a través de estos dibujitos”. Golpecitos suaves y otros más duros.
En “Chao no más” donde se recopilan sus trabajos en Hoy y La Época se pueden ver varios de ellos. La mayoría muy contingentes, con emperadores con estrellas en la solapa, tipos con lentes oscuros y chapas. Y otros más callejeros, de gente que no se cree lo que dicen los diarios. Como en uno en que dos mujeres caminan por la calle y una le comenta a la otra: "En la casa tenemos solo $50 para gastar en el mercado. ¿Será esto lo que llaman Economía de Mercado?". O cuando un empresario explica su concepto de neoliberalismo: "Yo recargo solo un dos por ciento. Lo que compro en cien lo vendo en doscientos". En esos tiempos la crítica al modelo cabía en viñetas. Y la leían los mismos que ahora lo administran.
“Chao no más” de Hervi. En librería a un precio referencial de $19 mil
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