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LAS PARTES SE VENDEN POR SEPARADO |
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Actualmente todo tiene su precio, incluyendo los espermios, el pelo, la sangre y los óvulos. Y si hay gente dispuesta a comprarlos, hay gente dispuesta a venderlos. Aquí, el lado B de un negocio en el que para ganar plata, hay que perder un poco de sí mismo.
Por Leonardo Núñez
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OH MY GOD!
El pelo y la sangre no son los únicos productos del cuerpo con cotización en el mercado. El avance de la ciencia le puso precio a varios fluidos corporales, entre ellos a los espermios, muy valorados por la medicina reproductiva. Pero no fue el aporte a la ciencia, sino la falta de amor, lo que llevó a Danilo (24 años) a convertirse en un “donante” de espermios en la Clínica de la Mujerde la Quinta Región. Donante entre comillas porque esta clínica le pagó 30 mil pesos por este servicio.
Hace un año, la polola de Danilo trapeó el piso con él al terminar la relación . “Quedé terrible deprimido, porque estaba muy enamorado”, dice. “Pa´ olvidar, empecé a carretear y a tomar caleta. Casi me echo la U”. Fue en uno de esos carretes cuando unos estudiantes de medicina le pasaron el dato sobre la recolección. “Ni siquiera pregunté cuánto eran las lucas. Como estaba hecho bolsa, quería hacer puras estupideces, que todo se pudriera”.
Al día siguiente, aún con la caña, llamó a la clínica y le dijeron que le iban a devolver el llamado. Cinco minutos después, una sensual voz de mujer marcaba su número. “Qué onda, pensé. Igual me dio un poco de susto, así que le dije a un amigo que también llamara. A los dos nos dieron hora para el mismo día”. Cuando se bajaron de la micro, frente a la Clínica de La mujer, lo primero que vieron fue a una mujer embarazada. “Uuuhhh, qué cuático” recuerda que fue lo único que atinó a decir Danilo, antes de entrar a la clínica.
El día de la donación fue llevado al tercer piso por una enfermera de la clínica. Antes de dejarlo solo en una habitación la enfermera le indicó un frasquito de plástico. “Es para que lo ocupes cuando vayas a terminar”, le dijo.
Cuando quedó solo, Danilo empezó a revisar la habitación. Un sillón de cuero grande, vista al mar, tele con DVD y mucho papel higiénico fue lo que vio. “Buscaba una cámara oculta, porque pensaba que se podía tratar de una broma. Y ni ahí con salir en alguna página web. Igual baja la autoestima si alguien sabe que lo haces”. Ya calmado leyó las instrucciones que había en un papel sobre el televisor: “Después de iniciar la donación; introduzca los espermios en el frasco y tápelo cuando termine”.
Luego prendió la tele, pero no tenía sonido. “La película era una porno sobre un negro muy deportista, que pasaba a ver a una amiga. Pero no tenía sonido. Me costó entusiasmarme con eso”. Lo que pasó después, sólo lo sabe Javier y el sillón.
De vuelta en la recepción, se sintió estafado. Ahí le explicaron que la primera descarga “era gratis” para examinar los espermios: como mínimo pedían 50 millones de espermios por centímetro cúbico. Si tenía menos de eso, no lo iban a volver a llamar. Y que tenía que esperar a que le mandaran los resultados a su correo electrónico.
Cuando le llegaron, Danilo quedó sorprendido. “Tenía 130 millones de espermios por centímetro cúbico, no podía creerlo”. Desde entonces, lo han llamado dos veces, pagándola 30 mil pesos en cada ocasión.
Ahora, si la situación lo amerita, le cuenta a sus parejas ocasionales que es un donante de espermios. Pero eso no le evita sentir un nudo en el estómago cuando se topa con mujeres embarazadas. “Ojalá que ese no se mi hijo”, es lo único que pienso.
Pero Danilo puede estar tranquilo. Así lo asegura la bióloga de la Clínica de la Mujer, Clara Hogan. “En un momento pensamos usar espermios de los estudiantes voluntarios para fertilización de parejas chilenas. Pero era muy caro hacer las pruebas genéticas, por eso lo descartamos. Es más barato traer espermios envasados de bancos internacionales". Claro que eso nunca se lo avisaron a Danilo.
Hogan además asegura que ya no compran ese tipo de "donaciones", pero cuando llamamos a la Clínica para ofrecernos como donantes, las recepcionistas nos dijieron que aún se hacía y que hablaramos con la doctora para coordinar la hora. Hogan asegura que se trató de un error. Y no es que el tema sea ilegal, sino que simplemente es un tema "delicado"
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SU PELO ES MI SUELDO
Parece chiste pero Juan Carlos Avatte, dueño de la mítica tienda de pelucas y peluquines del mismo nombre,es calvo. Avatte luce con orgullo su peluquín mientras se mueve frenético entre bisoñés y mechones negros, azules, rojos, canos y verdes fluorescentes.
Aunque es hora de almuerzo, igual hay gente que se aparece buscando una solución a su falta de cabellera. Un hombre de 50 años, con pelo sólo al costado de las orejas, estudia con detención una pack de mechas castañas, para injerto, y luego se mira en el espejo de la tienda imaginando cómo se vería con ellas. Con un gesto de desaprobación, devuelve el pack a su lugar y se va de la tienda. Pero al rato vuelve para probarse otro.
El cabello desde los tiempos de lo egipcioses codiciado para la confección de pelucas. En el siglo I A.C., el último grito de la moda entre los romanos era usar pelucas rubias, confeccionadas con los pelos de los pueblos germánicos sometidos por el Imperio.
Hoy el negocio sigue activo. La demanda por las pelucas de cabello natural se mantiene, dice Juan Carlos Avatte. “En la última década —asegura— el estrés, los medicamentos para la depresión y la contaminación ha provocado un notorio aumento de la pérdida capilar. ¡La gente se está quedando pelada!”, dice con optimismo. Tanto es su urgencia, que debe importar cabello de Estados Unidos, sobre todo de adultos mayores, que es el tono más difícil de conseguir. Por eso mismo son más caras.
Además de pelucas, en Avatte hacen injertos, extensiones y hasta bigotes. El material se les hace poco, incluso varias peluquerías del país les venden el pelo que cortan a sus clientes. Por ello Juan Carlos Avatte ha aumentado su promoción, para atraer personas que quieran deshacer de sus cabellos. Ya no sólo les paga 5 mil pesos por cada 100 gramos de pelo, además, les ofrece el corte que deseen. “Es una muy buena promoción. Sólo piden la hora, y nosotros se lo cortamos. Pago hasta 100 mil pesos por un kilo de pelo clarito-rubio”.
Hace cinco años, Ignacio Tavra (26), cansado de su pelo largo fue a la sucursal de Avatte en Viña del Mar, para sacarle unos pesos y no botarlo a la basura así nada más. “Igual me gustaba mi pelo, porque en el colegio donde estudié, no me dejaban tenerlo largo. Eran muy estrictos. Por eso cuando entré a la universidad, no me lo corté en mucho tiempo”. Cuando fue Avatte, que en ese tiempo no incluía el corte de pelo gratis en su promoción, le dijeron que cuando fuera a cortárselo pidiera que le hicieran un moño con su cabello.
Hecho. Cuando volvió a Avatte imaginado en qué iba a gastar los 20 mil pesos que creían iba a pagar por él, se dio cuenta que su pelo valía mucho menos. “Apenas me dieron cuatro lucas. Es que no pesaba mucho. Al final gané una luca, porque mi corte había salido tres mil”.
Pese a la desilusión, trató de olvidarse del asunto. Pero cada vez que salía a la calle, algo se lo recordaba. “Cuando veía a señoras con harto pelo, pensaba que a lo mejor era el mío. Eso me daba caleta de risa”.
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ROJO AL ALZA
Por ley, en Chile está prohibido comprar o vender sangre. La llamada "donación altruista" alcanza apenas el 6% del total de donaciones en el país. Por eso, muchas veces, son los propios funcionarios de los bancos de sangre quienes deben salir a buscar donantes por la falta del rojo elemento.
Una de las campañas de recolección más conocidas es la que realizan los funcionarios del Hospital Van Buren, de Valparaíso, que dos veces al año visitan universidades de la Quinta Región. A cambio de la sangre, las enfermeras dan una pequeña colación a los estudiantes, que suele componerse de un sándwich y un jugo y, a veces, hasta alcanza para un paquete de galletas. Eso ayuda a compensar la extracción del líquido. Pero para otros se ha convertido en parte del menú universitario, dato que confirmaron varios estudiantes entrevistados.
Es que la colación se ha vuelto popular entre los planteles universitarios. Incluso, en la Universidad de Playa Ancha pasó a formar parte de la llamada “dieta de la UPLA”, que además componen las picadas para tomar chelas y comer barato.
Por eso la llegada de las “vampiritas”, como llaman a las enfermeras, es celebrada por algunos estudiantes. José Colvín, de periodismo, reconoce que el sólo da su sangre por la famosa colación. “Cuando estaba en enseñanza media, doné para un amigo que se accidentó. Pero esa vez me dieron sólo un juguito desabrido, que no me quitó nada de hambre”.
Un panorama distinto cuando vio aparecer a las “vampiritas” en su plantel. “Ella ponen las camillas en el patio de la universidad, cerca del casino”, dice José. “Y al lado de las camillas, ponen las bandejas con los colaciones. Más encima llegan a la hora de más hambre, entre las 11 y 5 de la tarde. No les cuesta nada conseguir donantes”.
Este estudiante de periodismo, que en los últimos dos años ha hecho cuatro veces la fila para donar sangre con sus amigos, dice que sólo pueden comer una vez que te pinchan el brazo. “El proceso demora de 10 a 15 minutos. Después otra enfermera te pasa para el lado de las bandejas y te da tu colación. Son muy ricas, y te puedes ahorrar hasta mil pesos. Eso es más o menos el mínimo que cuesta una colación en la U. Afuera no es gran cosa, pero dentro de la U, salvan harto. Con la plata que te ahorras alcanza para cigarros o fotocopias”.
José asegura que si no fuera por la colación, él como varios de sus amigos, no donaría. “Para eso iríamos a cualquier hospital, donde no dan nada”. Eso es en Chile, pero en Estados Unidos lo que se les paga a los donantes alcanza para mucho más. Sobre todo si esa sangre se usa para estudios médicos.
Cinthya y su pololo chileno estudian en New Hampshire, y allá su cuerpo les ha servido para salir de muchos apuros. Han participado de varios experimentos. Uno de los más lucrativos es la venta de los glóbulos blancos, por el que les pagan 100 dólares por cada sesión.
“A los estudiantes, les mandan un e mail diciendo que necesitan ‘donantes’. Te anotas y el día que te toca vas y en el hospital te conectan a una maquina que saca tu sangre”, dice Cinthya, que cursa un doctorado en Microbiologia-inmunología.
Luego viene la parte fea del estudio. Aun conectada a la máquina, la sangre que es extraída empiezan a separarla en distintas células, para capturar los glóbulos blancos ¿Y lo que no sirve? “Es devuelto a tu cuerpo. Es como si te sacaran la sangre con una aspiradora y después te la devuelven. El proceso dura como 2 horas. De ahí te pasan un cheque y te vas como si nada. Ni te das cuenta”. Después de dos semanas, los glóbulos rojos se regeneran.
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POR UN PUÑADO DE DÓLARES
Hace seis años se aprobó en España compensar económicamente la venta de óvulos, lo que convirtió a este país en el paraíso de la reproducción asistida. La alta demanda se debe a que en algunos países nórdicos como Dinamarca, Suiza, Alemania y Noruega, esta forma de fertilización está prohibida. por eso muchas mujeres llegan a España con el sueño de ser madres. No les importa estar en listas de espera por un año ni pagar los 9 mil euros que cuesta el tratamiento. Ello ha llevado a las clínicas reproductivas a ofrecer dinero abiertamente para captar donantes. Pero lo que es un sueño para unas, para otras se puede convertir en una pésimo recuerdo. A Tamara (34) le cuesta hablar del tema. No quiere que sus familiares en Chile se enteren que lo hizo. Además, para ella vender sus óvulos no fue una fría transacción comercial. “Es difícil pensar que ayudaste a concebir a un niño que jamás verás. A muchas mujeres les da lo mismo, a mí no”.
Pero como atravesaba por una difícil situación económica, no se pudo resistir a los 1.500 dólares que le ofrecían en una clínica de Barcelona. “Hoy miro para atrás y me arrepiento por haberlo hecho. Además, por tan poca pasta. En Nueva York pagan hasta 7 mil dólares”.
Tamara se internó en un mundo donde la donación de óvulos se ha convertido en un trabajo más para mujeres, sobre todo inmigrantes. Según estudios españoles, el 35 por ciento del total de donantes corresponde a latinoamericanas. Y entre los que los compran, se encuentran parejas heterosexuales y lesbianas.
Aunque lo pintan casi como indoloro, Tamara dice que “el tratamiento para extraerte los óvulos es muy doloroso”. Este consiste en un cuidadoso programa de estimulación ovárica por un mes teniendo en cuenta que el ciclo menstrual esté sincronizado con el de la receptora de los óvulos fertilizados. En los días previos a la extracción, no se pueden tomar anticonceptivos y hay que tratar de evitar las relaciones sexuales, porque hay un riesgo de embarazarse de trillizos por la cantidad de ovocitos fértiles. Cuando llega el día de la donación, los ovocitos se extraen con una aguja por vía vaginal, procedimiento que a veces puede provocar hemorragia en la zona, mientras la doctora sigue las incidencias en directo desde una pantalla ecográfica. “los dolores de ovarios son terribles. Realmente es un mal rollo. Aunque en su momento me lo tomé con humor, hoy miro para atrás y me arrepiento”, repite Tamara.
Luego de la extracción los ovocitos se inseminan con el semen de un hombre que jamás se conocerá, y que en la misma clínica se ha encerrado en un cuarto con una revista pornográfica para conservar sus espermios en un recipiente de plástico que son los utilizados en el proceso final.
Por tercera vez, Tamara repite que está arrepentida de haber vendido sus óvulos. “Igual es fuerte saber que hay por ahí un hijo tan mío como de su padre. Ya debe tener unos 5 añitos. Sólo espero que algún día me busque”, dice.
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