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DIAMANTE EN BRUTO
  Entrenan en un sitio eriazo que parece basural, los ayuda el Embajador de EE.UU y ya le han ganado al equipo del Nido de Águilas. Son Los Mets de Cerro Navia, un equipo de baseball que parece salido de un cuento de Dickens. Ellos protagonizan una de esas historias que cuenta Hola Andrea, pero con corazón de verdad y explicit lyrics.

Por Carlos Salazar

Fotos José Luis Rissetti
Buena Barra

Juan Barra, el hombre que los entrena.
 

Strike! “El que no batea, patá en la raja”, avisa el capitán de los Mets de Cerro Navia.Niños de entre 6 y 15 años que batean y corren a lo largo de un peladero, esquivando hoyos y caca de perro. Béisbol de la calle. En segunda, el bateador corta el aire otra vez y no le da. Strike dos! La banca le corea sin piedad: “Patá en la raja, patá en la raja”. Ultima oportunidad. El chico se sienta en una silla invisible, mira de reojo a su equipo y hace girar el bate encima de su cabeza, apretando los puños. La gente que pasa por fuera del diamante de béisbol está expectante de su última oportunidad. Strike tres, fuera! Es hora de pasar por caja.

El “diamante” de Los Mets de Cerro Navia es un sitio eriazo que el vecindario usa como basurero ilegal, donde los perros vagos tienen a sus camadas y donde los indigentes duermen de noche. El terreno pertenece a Aguas Andinas y está prohibido el paso, pero un acuerdo tácito los deja entrenar ahí mientras puedan.

Recientemente les cortaron el sitio a la mitad y las retroexcavadoras cercenan la tierra. “Nos están construyendo los camarines”, ríe Juan Barra, el entrenador de Los Mets. “No, ahí están haciendo una universidad”, dice solemnemente Gerardo Camacho, alias el Wilma. Alguna vez niño problema en el colegio, El Wilma fue “rehabilitado” por el béisbol. Hoy saca mejores notas y lo peleador y bravucónlo deja en la cancha. Wilma es el gestor del incentivo que más motiva el entrenamiento: la patada en el traste para el que batea mal o el que no atrapa la bola. “La Universidad de Cerro Navia”, bromea, antes de escupir al suelo y tomar posición en la primera base con gesto de viejo. Hora de jugar

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Dragon Baseball

Juan Barra (53) entrena a veinte niños, de esos que las asistentes sociales etiquetan como en riesgo social. Se reúne con ellos cuatro veces a la semana en la esquina de Mapocho con Huelén, Cerro Navia, y se meten por un forado en la alambrada. Pasando los cimientos de una sede social destrozada, sorteando escombros, botellas quebradas, una tubería rota que sangra agua todo el día y otro agujero en la muralla, se llega al campo de béisbol. Barra es vecino de sus chicos y carga casi toda su vida en un bolso para los entrenamientos. De ahí asoman los bates y cuelgan los guantes de este artesano del cuero que es además medio profesor, sicólogo y kinesiólogo de sus muchachos.

Sus pupilos provienen de colegios del sector. Esos con nombre de buque de guerra o de algún mártir de la periferia: el A- 416 de Diagonal Reny, el Colegio E 399 Herminda de la Victoria, Colegio Monseñor Alvear de Pudahuel. Otros que van cada dos meses al entrenamiento, no asisten al colegio o no se acuerdan dónde queda. Barra los recibe igual.

base

Daniel compara al profe con el Maestro Roshi de Dragon Ball.Tiene nueve años y va a lo lejos a entrenar. “Más para pasar el rato que para competir”, dice Barra. Daniel suele cargar diez lucas en monedas y un chispero de Zippo con el que “revienta” las máquinas tragamonedas del centro de Santiago. Ya lo conocen en el barrio, así que no es bien recibido en los almacenes del sector. Tiene su nombre tatuado en el brazo con un clavo y da cuenta de una vida difícil que el colegio no puede contener. A lo lejos llega con una bolsa de pickles, juega un rato, batea de manera endemoniada y desaparece.

Hay jugadores que son más constantes. Parte del equipo son los mellizos Luciano y Franco, alias los “Fotocopia”, un par de explosivos jugadores que pelean cuando les toca jugar en equipos distintos y cuando les toca juntos también. Se cambian el polerón para que el profe no los confunda. Lucho Córdoba es el niño del brazo biónico. Su handicap es verse permanentemente lesionado: cuando no fue una barrida cinematográfica, fue mordido por un perro, se cayó de la bicicleta o se le hinchó la cara por alguna pelea callejera. Cosas de niños.

El entrenador trata de lidiar con estos casos, y sólo puede ofrecerles el incentivo de cantar el himno nacional en una ceremonia de premiación, chamullar el himno gringo con la mano en el corazón y conseguir una medalla al final de cada campeonato como fruto del trabajo de equipo. En la práctica, los valores conseguidos Barra los deja a su imaginación.

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¿QUIÉN ESTA EN PRIMERA BASE?

A la hora en que las sombras son largas sobre el pedregal, don Juan instala un aparato con resortes que lanza las pelotas al bateador. Es una nueva donación hecha al club. La máquina que cuesta cerca de 100 mil pesos, es regalo de un generoso mecenas que disfruta su anonimato cada vez que los muchachos se barren en el suelo y le sacan un chasquido metálico al bat.

“Batearle a un pitcher,es más fácil que batearle a esto”, explica Barra mientras calibra la máquina en el montículo de lanzamiento. “O sea si batean esto, estamos listos porque el 60 % de un partido depende del lanzador”, cuenta el profe y lanza la primera bola. La jugada dura tres segundos. Desde que suelta el seguro de la ballesta, el Wilma batea y corre. Atrapa el “Ché Copete” Mancilla y lanza a segunda donde el primer out de la tarde se lleva a Camacho. La jugada se conversa entre críticas de camarín y esos chistes que harían llorar a Yerko Puchento: “Es que corrís como vieja embarazada”, le gritan desde la tercera base.

-¡Cállate, Conchetufrieger!, exclama enojado el bateador para no molestar al coach. Los garabatos no son bienvenidos, pero tampoco Barra quiere parecer profesor, así que todo queda en un acuerdo de respeto en la cancha y fair play en los campeonatos.

skype

Antes de tomar el rol de entrenador y hacer el curso de 3 años, don Juan fue talabartero. Reparaba pelotas de fútbol y fabricaba fundas de revólver para Investigaciones de Chile, pero el tratado de libre comercio lo dejó sin su principal cliente que ahora recibe cargamentos de estuches sintéticos desde Corea. Aunque en sus ratos libres prepara un prototipo de guante de béisbol made in casa, hoy su principal ocupación es el equipo.

Los Mets llevan cuatro años aplastando el pastizal y compitiendo de igual a igual con equipos de Maipú, La Florida, el combinado del Estadio Nacional y los poderosos equipos del Internado Nacional Barros Arana y el Nido de Águilas.“Los gringos”, les dicen por acá.

Los resultados son dignos de esas películas bonitas como “El campo de los sueños”,“El novato del año”o “La Pandilla”. De vez en cuando Barra y los niños hacen una pausa para ver esas películas con temática beisbolera en casa de los Mellizos, los domingos después de la práctica. Al otro día las comentan en el colegio, pero sus compañeros vieron “Pollitos en Fuga” en la tele o una película pirateada de Jet Li.

beisbol

A los jóvenes Mets les interesa más el béisbol que la pichanga escolar. La juegan igual, pero sólo porque no hay quórum en el colegio para tomar el bat y el guante. Saliendo de clases, dejan la mochila y el uniforme en casa y parten donde el tío Juan. La decisión es de ellos, pese a que Barra tiene una opinión clara sobre el fútbol: la pichanga de barrio “es un deporte para simios y elefantes de circo”,dice en su jerga brusca y afectuosa. Claro, el béisbol no es llegar y correr, exige intelecto de los niños y diferenciar claramente la mejor habilidad de cada uno. “Hay que tener mucho de ésto”, dice llevándose el dedo a un lugar perdido entre la chasca canosa y la gorra de los Yankees de Nueva York.

Algunos papás se frustraron al ver a sus hijos seguir el camino del ajedrez del diamante, como lo llaman ellos, y no el de grandes lumbreras con Zamorano o el Mago Valdivia. Se trata de papás que trabajan horas extras los fines de semana y a veces no los pueden ir a ver a las presentaciones oficiales, otros apenas se han enterado de que su hijo juega béisbol los fines de semana, pero finalmente exhiben con orgullo las medallas de sus pequeñas estrellas tras cada premiación. Se trata de familias que viven todo el año con ese sueldo mínimo con que Rafael Cavadasubsistió un mes o la venta de verduras en la feria de la mamá. Otros niños con menos suerte, son deportistas de elite cuatro veces a la semana, antes de llegar a casa con un papá cesante o caído al frasco.

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EL NOMBRE DEL JUEGO

Precariedad es el nombre del juego. Muchas veces después de tomarse la taza de té con pan con mantequilla, los muchachos se van al campo real. Los dos campeonatos de otoño y primavera que se hacen en el Estadio Nacionallos miden con otros equipos que desayunan mejor y tienen entrenadores extranjeros. Algunos equipos llegan en la van familiar o en su propio bus del colegio. Los Mets se van por monedas y ayudan a Barra a cargar el bolso con los implementos. Se ríen con él y de él. El profesor les responde con la misma confianza, pero en el campo se transforman.

Una base, dos, tercera y al home barriéndose entre una nube de polvo y la euforia del público. Los jugadores adultos, una selección de chilenos, venezolanos, japoneses y norteamericanos se afirman de la malla y aplauden también esas jugadas cuyo origen ni siquiera Barra puede explicar. No tienen ESPN ni costosas zapatillas con spikes de caucho.“Son pícaros, despiertos. Es algo que se entiende únicamente en la cancha, cuando se los ve jugar a los chiquillos. Ellos se divierten. Son un espectáculo”, dice Barra y se emociona al recordar a su primera camada de campeones el 95, que tenían madera de pitcher y buena puntería porque uno de los deportes favoritos de entonces era tirarles piedras a los ratones del Mapocho.

Años después fue su primer partido amistoso con el Nido de Águilas. Una victoria histórica, allá, en el otro extremo del Mapocho. “Es como un Disneylandia” decían los niños entrando por las puertas del colegio. Los locales saludaron a las visitas cortésmente y ensayaron el bateo. Los de Cerro Navia aprovecharon de darse vueltas carnero en el pasto porque las plazas del barrio son más áridas que el planeta Tatooine.

cerro navia

“Creo que esa vez hubo un factor sicológico que influyo mucho, porque nosotros llegamos allá con lo puesto, no teníamos uniforme en el equipo y los chiquillos iban de todos colores- rememora el entrenador- Cuando llegamos uno de los organizadores me llamó la atención delante de los niños por nuestra indumentaria, dijo: “¿Cómo se te ocurre venir con los niños en esa facha, con esas ropas?”. Yo le dije: “eso es lo que tenemos nosotros no más”, y a continuación recuerda con todos sus tecnicismos el triunfo de los Mets ese día.

“Hasta yo me extrañé de la forma en que jugaron esa vez, son aperrados y siempre juegan bien, pero como que el intento de humillarnos ese día influyó en el juego y ganamos veinte carreras a ocho”, dice. El símil en el fútbol es parecido a 12 goles de ventaja.

“Los otros niños hablaban en inglés y decían ¡Gou, Nidos Gou!, pero igual les llegaba un pelotazo y tenían que llamarles una ambulancia”, dice a la carrera uno de los pupilos de Barra rumbo a segunda base. Se detiene y cuenta que al borde del campo esa fecha había un stand de hot dogs, helados y uno de Coca Cola. “Todo gratis, nocierto tío?”.

Los Mets no querían volver a casa ese día y hasta le balseaban el Gatorade al equipo rival. Finalmente, después del partido, Barra relata su anécdota favorita: “Se acercó el presidente de la Little League (organismo que congrega a los equipos infantiles de 186 países del planeta) y el Embajador de EE.UU. Me lo presentaron y me disculpé con él diciéndole: “Señor Embajador, nosotros no tenemos uniformes, pero si tenemos mística”. Desde ahí el míster no descansó hasta que nos entregó todos los uniformes completos. Si él es un gallo muy re encachado”.

Barra se refiere a Craig Kelly, el espigado jugador de Baseball de weekends, que los ha ido a ver al peladero. Un problema de seguridad diplomática es que sus guardaespaldas no caben por el agujero de la reja del campo. En una de esas comitivas gestionadas por Barra, se cuenta la vez en que a Sebastián Vásquez le pelaron el guante de béisbol que se había comprado con sus ahorros en el persa. Kelly en persona le regaló un guante autografiado por insignes figuras del béisbol.

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EL HOMBRE DEL JUEGO

La precariedad es el truco. Darle la vuelta al enorme potrero que tienen en Cerro Navia, hace que remontar la cancha junior del Campeonato Oficial en el Nacionalsea pan comido. Una cancha oficial es un diamante de 24, 30 metros entre cada base. La diferencia entre niños y adultos es que los inings -o turnos al bat por equipo- son siete y nueve respectivamente.

El terreno de entrenamiento de Los Mets de Cerro Navia, es irregular y su relieve le da extraños rebotes a la pelota que fortalecen los reflejos de los jugadores. Tanto, que el día que se juega en pasto o arcilla los partidos son más fáciles. “Es como cuando Gokúentrenaba en la habitación del tiempo”, dice reflexivamente Franco Mellizo. Según exigencias del profe, se corre para superar en cuatro segundos los 24 metros de base a base el día de la competencia.

Unos juegan por deporte, otros por ambición y otros para no quedarse en la esquina dándole sentido a una canción de Los Prisioneros. Con ellos el profe se convierte en un talibán del bate. Sabe que darles dos horas diarias de desafío y juego, es más de lo que muchos cabros nunca tuvieron, y por eso ahora son víctimas de la drogadicción y la delincuencia. Esa es la salida fácil, piensa.

barra

“El béisbol exige un esfuerzo intelectual, por eso hay dos tipos de personas que nunca tendrán éxito en el béisbol e incluso en la vida: los que no hacen lo que se les manda en la cancha y los que no hacen sino lo que uno les manda. El niño debe saber tomar una decisión por sí solo, tiene que reaccionar llegado el momento”. Lo que Barra dice es que el niño tiene que aplicar lo que se le enseñó y si estuvo atento, sabrá usar su iniciativa en un momento específico de la competencia y la vida. Lanzar o correr, quedarse quieto o avanzar. Saber decir sí o decir no. Y nada de eso tiene que ver con el modelo de instrucción de los colegios donde sólo se repite.

La verdadera lucha de don Juan es darle una buena autoestima a sus chicos, más allá del diamante. Pulir las habilidades y hacerle a la vida en la periferia una carrera completa, como las que ven en sus matinés de domingo. “El béisbol es una forma de canalizar esa energía hacia algo positivo, de fortalecer la personalidad y diferenciarse de los otros chiquillos”, piensa. “De a poquito, de a poquito, les sacamos lo mejor a estos niños” finaliza.

Don Juan se inclina con dificultad para contar los guantes, las pelotas y bats antes de dar por terminada la práctica. Uno de los mellizos interviene desde la banca: “Nosotros bateamos mejor porque entrenamos más, nos la jugamos en el campo y somos más vivos”. Es una especie de autoestima que no abunda en el barrio, entre hijos de nanas y jornaleros. El profe pierde la cuenta y le explica que todo el mundo entrena y da su mejor esfuerzo, pero los niños jamás se callan. “Somos humildes, no somos pobres –continúa el chiquillo- y nos toca jugar contra otros equipos más pailones y súper bien equipados, pero igual les volamos la raja. ¿Nocierto tío, que eso es porque no interesa tener las mejores cosas?. Interesa saber usarlas, nocierto?”.

En ese momento suena la alarma del colegio de al lado. Eric Flores, el “Car’e Guagua”, dice que hay tipos que se pasan a robar sillas a veces. Dos chicos saltan la muralla del liceo hacia el peladero y desaparecen tras los montículos de tierra y los bulldozers. Es hora de irse. Hora de once y teleserie. Dentro de poco la cancha ya no será un terreno amigable.


Juan Barra, entrenador de béisbol acreditado, dicta su clínica ambulante para equipos desde cinco personas. Puedes contactarlo en el correo clinicadebeisbol@gmail.com o al fono 09-962 83 43.

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Último comentario:
Pelotero  escribió...

Excelente reportaje , hace tiempo no leia una nota sobre el Beisbol tan acertiva .... En el sur tambien se practica , aca en Concepcion, Chillan , Temuco , Fresia existen equipos de adultos y algunos juveniles ... y pese a todas ...

8:38PM 18/05/2006

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comentarios (108)

 
 

 

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