¿QUÉ SE VA A SERVIRSE?

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ESE PERRO VIVE MEJOR QUE YO
  Collares Louis Vuitton, acupuntura, viajes al extranjero, sistema de salud y buena gastronomía. Ese es el estilo de vida de los perros ricos y famosos. Arturo fue a conocerlos: entrevistó a poodles, salchichas y dobermans, (bueno, a sus dueños) para comparar las vidas de estos canes con la de él. Y terminó pateando la perra.


Por: Arturo Galarce

Perros voladores

Ellos tienen más millas de vuelo que yo.
 

¿QUÉ SE VA A SERVIRSE?

María Soledad y Patricio, su pareja, no tienen hijos. Toy (en la foto) es el único a quien malcriar desde hace nueve años. Nueve años en que este poodle no ha dejado de ser figura: duerme sobre mejores cubrecamas que los de María Soledad, y cuando se aburre de ellos, se mete a la cama de la pareja. Usa el inhalador de Patricio cuando se acaba el suyo, y no le importa que éste se ahogue.

Pero sí importa Toy. Un perro que sabe lo que quiere.

Y es que Toy tiene gustos de divo rock. No come comida para perros y sólo se alimenta de carnes en sus categorías más exclusivas. Por eso cada mes y medio, Toy se devora una parrillada completa pedida a domicilio a través de Menú Expressy traída directamente desde “El Parrón”.

El almuerzo diario de este pon-pon incluye generalmente, dos hamburguesas cocidas en microondas. Pero a veces a Toy simplemente no se le antoja -“yo con una pura mirada de él comprendo que no le gustó la comida”, dice su dueña-. Entonces el menú puede mutar a una pechuga de pavo cocida (exclusivamente Sopraval; otras marcas no las come). O jamones. Variedad en jamones. A diferencia mía, que para sobrevivir en la U. sólo como salchichón cerveza y toda la varieté de alfajores de micro dos por cien. Sin contar el diario arrollado primavera de la china de metro República y la sopaipillas de Lastra con Av. La Paz, 100% recomendables.

Pero no sólo Toy vive y se alimenta como una estrella en cuatro patas. Entre ellas está la doberman de María del Carmen Barba, veterinaria acupunturista, la Patch Adams de los animales. Una doberman criada exclusivamente con pollos Granja Magdalena y carne tártara. Sin contar los tratamientos holísticos que ha recibido de por vida. Un eterno spa. Igual que uno.

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HEALTHY DOG

Jair López era relacionador público de Help hasta que se hizo la pregunta de su vida: “¿y porqué no hacer una Isapre para mascotas?”. Y lo hizo. Hoy está a cargo de la primera Isapre para perros del país: Gatper.Y no es chiste. Bueno, salvo para quienes usamos tarjetas de gratuidad. Sí, esas de los indigentes, con la que por una gastritis de emergencia te dan hora para una endoscopia en tres meses más.

Pero la cosa es distinta para Nerón, el gran danés de Rodolfo (31), uno de los afiliados a Gatper que ha utilizado el servicio de ambulancia en seis ocasiones tras haber llegado por un tumor al hueso. Nerón es tan grande que jamás fue aceptado en taxis ni en micros. Por eso su dueño prefirió inscribirlo y pagar los tres mil pesos mensuales que cuesta la Isapre.

Pero no solo de medicina tradicional ladra el perro. También hay medicina alternativa. Algo así como las rodajas de papa que me coloca mi abuela en la frente cuando sufro de jaquecas. O como el tradicional cucurucho en papel de diario para el dolor de oído. Nada de sofisticado si me comparo con Homero, el poodle toy de Verónica (21), que hace años se trata con medicina holística veterinaria.

Homero tiene un diagnóstico espeluznante. Es ciego, epiléptico, y según su dueña “algo retrasado, tontito, como una persona enferma mental”. Sin duda un afortunado. De estar vivo, por supuesto. Todo gracias a la medicina alternativa que la veterinaria, especialista en holística, María del Carmen Barba (en la foto, poniéndole alfileres al doberman), viene aplicando en el perro de Verónica.

El tratamiento consta de sesiones de: acupuntura, homeopatía, y flores de Bach.Según la Vero, que hasta se pegó piques a Argentina buscando una solución sin éxito, el avance ha sido más que satisfactorio. Ya no sufre ataques violentos de epilepsia y hasta ha perdido el miedo a quedarse solo en casa. Eso sí, la ceguera es irreversible y, por más agujas que le claven, seguirá chocando en las paredes de su hogar. Fuerza, Homero. En los viejos tiempos te habrían botado en la Vega.

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JET LAG

Mi último viaje al sur fue al paradero 32 de Santa Rosa. El anterior fue aquel inolvidable verano del 96, en el camping “Chitaquelindo” (sexta región), atrapando pirigüines en traje de baño reversible. El último viaje de Martín y Tomás, en cambio, fue a Guayaquil, Ecuador. Y no, no son mis primos con plata ni un par de compañeros de universidad lanzados a la aventura. Martín y Tomás son un par de salchichas que junto a su dueña, Viviana Rocco (en la foto junto a Martín), viajan constantemente. En avión, claro.

Porque cada vez que hay fin de semana largo parten a Guayaquil (su lugar favorito). Así no más. Como quien toma micro. Allá recorren las mejores playas, duermen en hoteles, y comen en buenos restoranes. Ambos viajan como carga. Cuando pequeños eran permitidos en la cabina del pasajero, es decir, viajaban en las faldas de Viviana.

Madre e hijos siempre viajan juntos a Buenos Aires, Ecuador, Viña, Pucón, Concón, entre otros destinos. Casi igualito al tour obligado de mi familia por allá en los noventa: tres días a una cabaña en Costa Azul a 17 Km. de la playa, y todos adentro del Ford Falcon. “El avión”, le decía mi padre. “Llegaron Los Cárcamo!”, se burlaban los vecinos.

Pero no. La única vez que vi un avión fue en un paseo a la Fidae 2004, donde toqué el ala izquierda de un boeing con mi tío Jaime. De ahí en más, cuando toca viajar: Cóndor Bus con promoción pasaje escolar a $1.700 destino litoral central, y todo pasando.

Viviana, en cambio, debe costear no sólo su pasaje cada vez que va a Ecuador, sino que además debe pagar el peso de sus perros en billetes. “Para el extranjero he tenido que pagar 150 dólares por kilo. Una vez me cobraron 220, pero reclamé para que me lo bajaran… era mucho”, dice la Vivi. Una enamorada eterna de estos salchichas que, juntos, suman más millas de vuelo que Rafael Cavada, y que por separado, ya pesan entre seis y siete kilos cada uno. Saque usted la cuenta. Choriflai, ¿no?

Agradecimientos a Club de planeadores Vitacura

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PET FASHION

Mi clóset completo está auspiciado por Bandera, ropa americana. Y no precisamente de Orange o Nostalgic, si no que de esos típicos locales con canastos de profundidades infinitas y cerros de tela. Tres horas mínimo de buceo constante para poder vestirme de pies a cabeza por cinco lucas.

Ehm… digamos que por cuatro, ahora que subió el cobre.

Pero está claro. Mi clóset no es como el de Omy, ni el de Don Lalo, ni el de la Bonnie, ni el de Nicolás. Los cuatro son los poodles de la diseñadora canina, Kuka Guzmán, fanática de Animal Planet y cuyo sueño es recoger perros de la calle y buscarles un hogar.

Cuando Kuka sale a ver a sus amigas lo hace con sus perros. Y estos, claro, no pueden ir desnudos. Entonces les coloca las mejores prendas y listo. Siempre combinando los colores con su ropa. Esto es alta costura. No como yo, un pseudo periodista con menos estilo que conductor de late.

Entre las prendas que puede vestir su perro para tirar pinta por la cuneta, encontramos trajes de novia, fracs, trajes de leopardo, y colleras atigradas. Top top top.

El único collar que he tenido en mi vida fue de un cuero con un diente de tiburón más falso que guachaca de cumbre. Era de tollo. No como el de Camila María Armijo Cifuentes, una perra coker que luce en su cuello una autentica correa para perros de Louis Vuitton. Regalo de sus “padres”, René y Sandra, quienes en uno de sus viajes a Europa, encontraron la correa al módico precio de 350 dólares (aproximadamente 200 mil pesos chilenos).

Camila también usa un cinturón de seguridad traído de Boston. Y un colet rastaffari comprado en Jamaica, para ayudarle a la coker a comer. “Es que Camilita no come si no le amarramos las orejas”, dice Sandra.

Así es Camila. Puro estilo. Una perra que cuenta con pieza propia en el departamento de sus padres y en casa de sus abuelos, que duerme en cama y usa juguetes traídos de Disney. Una coker que sobre su cuello, carga con más dinero que el sueldo mínimo. Qué perra vida.

Foto gentileza de Ximena Rozas

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Último comentario:
Catuna  escribió...

No critico a las personas que gastan su dinero en los perros, si yo lo tuviera tambien les daria la comida mas cara a mis perros (aunque no les compraria ropa de ese tipo, eso ya es mucho). Creo que hay gente defensora de los anim ...

4:26PM 11/05/2006

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comentarios (112)

 
 

 

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