Magdalena, la peor de todas.

Vengan a mí

El Jesús de la Legua

Judas Priest

Que no te lleve el río

 
  Conejillos de indias
Volver al mechoneo
Otro ladrillo en el muro
Pololear cuesta caro
Se hará justicia
  VER TODOS
 
PERSONAL JESÚS
  No todos pueden pagar los 25 mil dólares que cuestan los derechos de Jesucristo Superstar. Por eso existen un montón de representaciones del clásico musical, que se montan a puro pulso durante Semana Santa. Metaleros, pobladores de la Legua, y transformistas entre otros. Toda gente que se siente paria, pero que expresa su fe interpretando su personal visión de la historia de Jesús.


Por Carlos Salazar

Como una Magdalena

La última tentación de un transformista
 

Vengan a mí

Mientras los vendedores de pescado, los empresarios de buses y Willy Wonka, el de la fábrica de huevitos, celebran Semana Santa a su manera, algunos se entregan a la reflexión yendo a misa o viendo el Jesucristo Superstar de Rojo, la versión catódica del clásico musical de Andrew Lloyd Webber. Pero no todos pueden pagar los 25 mil dólares que cuestan los derechospara salir de gira con los doce apóstoles.

Por ello, otros montan su propia versión y se identifican con Jesús, Judas o María Magdalena, con una postura ante la vida que sólo entendería el bonachón tipo que te mira desde el rosario. Dejad que los rockeros, los despojados y los transformistas vengan a él. Porque representaciones de Jesucristo Superstar hay muchas, y todos aquellos que se sienten tratados como parias por los sectores más conservadores, encuentran en esta versión rockstar de Cristo, un lugar donde expresar su fe. Y lo hacen interpretando a su manera la historia. Dejad que vayan a él.

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Judas Priest

“Yo antes también era un pecador, usaba el pelo largo y escuchaba metal!”, dice un predicador evangélico, Biblia en mano. El público se ríe mientras un grupo de chascones enfundados en cuero y poleras negras, lo bombardean con bolitas de papel. Chistecillo interno. Todos quienes actúan en Jesucristo Metalstar alguna vez fueron acusados de ser satánicos a pesar de su fe. Todo por vestirse de negro, usar chasca y cantar con voz cavernosa. Un grupo de metaleros que cambiaron las túnicas por chaquetas de cuero, los coristas de iglesia por melodías tipo Rush y por una banda en vivo de riffs pesados, para montar su particular versión del musical, una que comulga más con la duda y contradicción de Judas, el hombre que de alguna manera es tan mal visto por la curia romana, como lo es hoy un rockero “satánico”.

Ives Gullé(29), es uno de ellos. El hace de Judas en la Metalstar y es, según él, casi el jovencito de la obra. La idea se le ocurrió un día conversando con sus amigos metaleros. Con los pies arriba de la mesa, entre botellas de cerveza y mientras surgían inquietudes superiores del tipo, “¿tras la gran separación del grupo Van Halen, con quién estabas tú? ¿Con David Lee Roth o Eddie Van Halen?”.

Originalmente Ives quería el rol de Jesús, pero terminó aceptando el papel de Judas. Hoy se identifica mucho más con el discípulo que entregó a Cristo por 30 monedas de oro. “Lo que pasa es que Judas se da cuenta de que las cosas han cambiando respecto a cuando entró de apóstol. Como seguidor fiel de Jesús, va con él, es su amigo, pero se confunde cuando ve que las cosas cambian y ya después no logran ponerse de acuerdo”, dice Ives.

Con su cuota de humor y violencia, el montaje tiene un público fiel que repleta la sala y agita las melenas cuando aparece Judas cantando con falsete de rockero glam. Cuando es hora de entregar al Nazareno, durante la flagelación, en el latigazo 29, los romanos hacen una pausa: “Ahí entran los fariseos que le dan una patada en el hocico porque son malos ¿cachai?. De hecho Caifás y Anás son black metal”. O sea de la línea más dura del rock extremo, los satánicos nórdicos, los malos de verdad. Para efectos de la obra son sacerdotes que visten de cuero, usan puntas metálicas en los brazos y la espalda, hebillas de carnero y se pintan la cara de blanco

Para Ives, “Judas es amigo de las cosas que le gustan: el rock y su libertad, de su pueblo y sentía esa cosa triste de cuando uno empieza a perder amigos. Porque uno va creciendo y va distanciándose de sus amigos de la infancia que prefirieron ser hip hoperos por ejemplo”, extrapola. Por eso su personaje se basa en un rockero de los ochenta perdido en el 2000, que se viste como Poison o Bon Jovi. Un mal discípulo que regresa al final de la obra, convertido en un rockstar de esos que firman contratos con Pepsi y destruyen habitaciones de hotel. Por eso a lo largo del montaje va cambiando de poleras: parte con una de Judas Priest, luego pasa a la de Motorhead y finalmente a la traición con la polera de Guns N’ Roses. Maldito vendido.

“Regresa después de muerto, pero no como angelito según el original. Acá viste pantalón de cuero con aplicaciones, camisa fina y chaqueta de cuero roja con negro como toda un Superestrella. El pobre Judas. Víctima de las groupies”. Pura amargura, el mismo síntoma que según Ives, vive la escena metalera chilena, la misma que según él se parece cada vez más a un vía crucis.

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El Jesús de la Legua

Para Gustavo Ramírez (25), sacar adelante por casi décimo año consecutivo Jesucristo Superstar en La Legua, es como alimentar a cientos de personas con cinco panes y dos peces. “Nosotros tratamos de hacer teatro para La Legua, eso sirve para unir a la gente y que vean algo entretenido, sobre todo con un Jesús al que pasan a llevar pero que se enfrenta a los demás. Este Jesús no es el que pone necesariamente la otra mejilla. Aunque sufrió mucho, también debió sufrir rabia porque sabía todo lo que iba a pasar”, reflexiona.

“De ahí que se nos ocurriera un Jesús más valiente y que enfrenta las cosas con carácter”. La expresión más clásica y sumisa de Jesús, Gustavo ya la había representado como buen feligrés en la iglesia de San Cayetano con el padre Mariano Puga, un cura bueno para el garabato con el que descubrió su afición por las tablas. En su versión personal, el Mesías se viste a lo hippie y los guardias lo hacen a la usanza de los militares actuales. La cruz está hecha de tela y la corona de espinas se reemplaza por una cinta blanca en la frente de Gustavo. El Jesús teatral de La Legua.

Gustavo es un Jesús afable y con piercings en la oreja. Él es el director, productor, protagonista y libretista de muchos de sus trabajos. Gustavo hace teatro con el vuelto de pan y algo de fe. Y lo hace en un entorno tan precario como en el que vivió el hijo del carpintero José.

Acá todo es autogestión. Para montar la obra deben pelear con horarios de trabajo endemoniados, la falta de medios y turnarse el escenario de la capilla que tiene su propia versión de Jesucristo Superstar sub 15. “Tampoco voy a exigirle a los demás si no tenemos más presupuestos. Nosotros gastamos desde el scotch, hasta las fotocopias y nos conseguimos la tarima con un amigo”, cuenta mientras ve la hora. Hace rato que su papá salió a comprar unos metros de plástico para pintar un cartel que invita: JESUCRISTO SUPERSTAR SABADO 15 Y DOMINGO 16. COMPAÑIA DE TEATRO HIJOS DEL SOL NACIENTE. UNIDAD VECINAL #20. ENTRADA: $300.

Un esfuerzo que vale cada peso. Si todo sale bien, una vez más la gente repletará la sala y los niños por única vez dejarán de burlarse de los actores para asistir a la misma historia que todos los años siguen boquiabiertos. La misma historia que vivió su paroxismo en 1995, cuando casi se ahorca de verdad el Chico Toño, alias Judas. En la escena del suicidio le quedó demasiado corta la cuerda. “Cuando el público vio que el Chico se estaba asfixiando se acabó la obra. La gente lloraba y el tipo se puso tieso. Llegó con túnica ese día a la posta, creo que le dijo a la sicóloga de allá: “Lo hago todos los años porque me gusta”, recuerdan entre risas.

“Aquí somos nosotros los que montamos equipos, barrimos, trasladamos, cocinamos, pegamos carteles y todo”, asegura y reitera que todo es más franciscano que una Pyme: los papás de todos colaboran con yogures, con la escenografía, otro se consigue un megáfono, otro presta tres pilas para hacerlo funcionar y alguna mamá se ofrece para hacer el pan de la última cena.

Incluso la tarima es tan chica, que uno de los 12 apóstoles se debe quedar afuera para la última cena, explica. Con todo, no suena a lugar común el agradecimiento del público que ve resucitar al Mesías cada segundo fin de semana de abril. Sobre todo cuando tras la función, enfermos, ancianos y niños se abren paso para tocar el manto del Jesús de La Legua. Por allá en Toro Zambrano, donde termina la feria.

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Magdalena, la peor de todas.

No recuerda bien si fue en el Bokhara o en alguna otra disco gay, donde Paulette Favres (Paul Bichón, para el resto del mundo) se dio un gusto que venía guardando desde pequeño: interpretar a María Magdalena, la pecadora que no cabe en ningún sitio, la rechazada por todos, la que sólo fue aceptada por Cristo en la tierra.

Frente a una audiencia que esperaba su interpretación de Liza Minelli o de alguna otra de sus ídolas, recuerda que no sólo sacó bostezos, sino que fue discriminada por una minoría dentro de otra. Todo por interpretar a María Magdalena, en su versión Jesucristo Superstar, en semana santa. “La gente no se identifica con ella pero le gusta la canción”, dice mientras tararea el yo no se cómo amarte de Ángela Carrasco.

“Soy muy religioso, por mi familia. No soy de los que van a misa, separo bien la institución de mi fe, porque mi historia es diferente y se que mi historia no combina con la de ellos”, dice mientras apunta hacia la iglesia de San Francisco que debería estar atrás de las murallas de la discoteque gay Naxos,donde trabaja.

Paulette dice que vive su fe puertas adentro porque el gay -explica- vive la religiosidad de otra manera. “La religión en general nos condena, nos rechaza. Así que no tenemos que ir a misa ni confesarnos para pasar la Semana Santa. Porque ir al confesionario y decir “soy gay” es para que el cura nos diga “Bueno, pero no tengas sexo con ningún hombre". Pero vamos a tener sexo de todas maneras. ¿Qué tiene de malo? Si estamos amando igual y el mandamiento más importante es ámense los unos a los otros, eso dice la Biblia y no: que ame el uno a la otra y la otra al uno. Eso da para todos mientras sea amor verdadero. No hay drama”, asegura.

Paul cree que interpretar a María Magdalena es una especie de ofrenda. Y que vale la pena realizarla por fidelidad a sus creencias y amor a su oficio. Claro que no imagina un Jesucristo Superstar transformista, fuera del circuito donde actúa. “La gente va a decir: cómo un hombre vestido de mujer va a estar haciéndole un tema a Dios,”

Para él es natural, lo viene haciendo desde los diez años, cuando le tocó hacer de Camilo Sesto en la adaptación al castellano. La que con el tiempo se transformó en el símbolo de la fe que profesa. Una que se ornamenta con túnica, lunares y maquillaje recargado. El fin de semana largo es un trabajo para él y aunque hay personajes que la gente sí pesca a las cinco de la mañana, como los gospel de Withney Houston o una versión de cabaret de Liza Minelli, para hacer de Magdalena y lavarle los pies a Cristo en una disco gay, se necesita fe y tener bien puestos los pantalones.

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Último comentario:
Meprotegodelachusma  escribió...

CHuuuta pobres weones, chao ...

2:13PM 16/04/2006

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comentarios (6)

 
 

 

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