La revolución no será televisada
Al final el Parlamento Británico explota. Obvio. Y no, esta no es una crítica arruina películas que te cuenta el final de todo. Porque V de Venganzano es Sexto Sentido,no es como que te digan se trata de un niño que ve gente muerta y el siquiatra que lo atiende es uno de ellos. No. Esta es una extraña película de acción, con más citas de Shakespeare que explosiones. Una cinta con chips de realidad, un poco previsible a ratos, pero que te hace seguirla.
Es por otra parte, la mejor película de "superhéroes" (o más bien basada en cómics) que se ha hecho, lo cual tampoco es mucho decir, a excepción de Sin City. Una muy buena alegoría para adolescentes, una actualización express para los sub 18 que no leen las noticias. Ese público la va a amar. Y al menos los hará pensar mientras tragan pop corn.
Se supone que V es una película con “contenido”. Una que habla de revolución, conciencia civil, dictaduras opresoras, diversidad y tolerancia. Sí, muestra todo eso, pero lo hace con la misma obviedad con la que Ricardo Arjona le canta al amor. Orwellpara tweenes. Acá todo es caricatura: los buenos sufren, los malos son malos de maldad pura, el héroe odia pero al final se enamora, la gran solución política es hacer volar todo a su paso, y la masa sigue bovinamente al miedo de turno. Beeeee.
V de Venganza está precedida de muchas críticas a su contenido: que justifica el terrorismo, que cómo se les ocurre. Pero la película es tan revolucionaria, peligrosa y subversiva como una colorida polera del Che (Guevara, no Copete). Si quieren subversión de verdad, esperen ver La Sagrada Familia.Esa película sí que duele: en ella lo que explota no son los edificios, sino las ideas que tenemos de nosotros mismos. Ahógate con el pop corn.
|
|
|
 |
|
Fake Hollywood story
En V de Venganza tenemos un “superhéroe” incorrecto, V, un tipo que se quiere vengar del Estado policial que lo torturó, experimentando con él hasta convertirlo en un monstruo. V quiere hacer explotar un símbolo (el Parlamento) para, además de consumar su vendetta personal, eliminar el miedo de la gente y derrocar una dictadura, casi como de yapa. Pura buena onda.
El Parlamento, contradictoriamente, es un símbolo de la democracia. Es que en la película, V es la versión armada de un demócrata, mientras que en el cómic de Alan Moorese trata de un anarquista. Con razón el ermitaño genio que convirtió el género de los superhéroes para niños en profundas novelas gráficas, se negó a aparecer en los créditos. ¿Dónde quedó la subversión entonces?
Toda la polémica mediática gringa nació por culpa de las explosiones. Porque claro, una cosa es volar autos en Duro de Matar, pero otra muy distinta es hacer explotar la Cámara de los Lords en el actual contexto internacional. La acusación: que en el fondo es una película que avala los métodos “terroristas”.
Los paralelos son fáciles de hacer: el propio Impero creó a V (¿se acuerdan cuando la CIA le pasaba plata a los extremistas islámicos afganos, para que derrotaran a los soviéticos?), el Parlamento explota (11S), en la película, la dictadura ataca con un virus a su propia población, para generar así el miedo a una amenaza externa y poder legitimarse en el poder (¿han oído esas teorías conspirativas que dicen que lo de las Torres Gemelas fue obra del gobierno estadounidense para potenciar su hegemonía mundial? Pongan 11S en Google y sabrán de qué hablo). Y por supuesto, ahí están las capuchas en la cabeza, como la de los presos iraquíes torturados por los defensores de la democracia en Abu Grabih.
Todo eso que por extrapolación, supuestamente le da discurso a la película, está afuera de ella, en el mundo real. Dentro de la cinta no hay sangre, ni dolor fiero, ni causas aparentes más que la maldad pura. Fake Hollywood story. Pero cumple con hacerte recordar las noticias. Agrándeme el pop corn por favor.
|
|
|
 |
|
V de Vender
Podríamos hablar de realidad. De cómo la escena en que el Jefe de Seguridad de la Dictadura traiciona al todo poderoso dictador, recuerda al famoso careo entre Pinochet y el Mamo Contreras. Pero eso no está en la peli, está en la historia personal y colectiva del auditorio.
Podríamos hablar de la invasión a Irak, de la excusa de buscar inexistentes armas químicas, a pesar que la ONU rechazara en la práctica, la legitimidad del ataque (al no contar con los votos necesarios, Bush decidó finalmente retirar su petición de aprobación al Consejo de Seguridad de la ONU). De cómo se hizo igual, de las ganancias que la “reconstrucción” de Irak ha generado. Pero no, eso tampoco está en la película, aunque uno no pueda dejar de pensar en ello mientras la ve. Hasta que aparece Natalie Portman vestida de muñequita, como carnada para un Obispo pedófilo. Eso también ha salido en las noticias. Y uno agradece la imagen, pero no por las razones moralmente correctas.
V de Vendetta finalmente es una cinta honesta en sus propios términos: en una escena, V y Evey (Natalie Portman, la cómplice y enamorada de V) miran la película de El conde de Montecristo.Ella pregunta si tiene un final feliz. Él le responde que sí, “sólo como el celuloide los puede tener”. Parece decirle a todos los críticos que se escandalizaron (y que de pasó la inflaron mediáticamente), hello, es sólo una película
V de Vendetta es una película pop: se alimenta de lo que pasa, pero al ponerlo en un lindo y atractivo envase, lleno de explosiones mezcladas con fuegos artificiales, pierde cualquier indicio de fuerza discursiva. V de Vendetta no apela a la subversión (como han creído algunos, y como sí lo hace el cómic), más bien apela a la conformidad disfrazada de rebeldía, a un simulacro, ponerte una máscara en lugar de una polera shora e irónica para sentirse tan conciente y despierto.
Cambalache. Porque en esta época de extremos, ya nadie se espanta de nada. La esperanza parece estar derrotada, el sentimiento que domina es que a pesar que muchas cosas están mal, no podemos hacer nada por cambiarlas. Y esa sensación de conformismo en democracia cumple la misma función que el miedo en dictadura: te inmoviliza, te hace aceptar todo lo que está mal como el orden natural e inamovible de las cosas.
Mejor ponerse la máscara, comprar el dvd y bajar la canción de los Rolling que suena al final de la peli. Seguir tragando pop corn.
|
|
|
 |
|
|
|
|