La Pintana live 2006

Periodista, ilegal.

Bono fonasa

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UN MILLÓN DE AMIGOS
  Todos aman a Manu Chao. Lo siguen, le hablan, lo abrazan, le regalan cosas. Y él, con una paciencia infinita, sonríe. Pero le cargan las entrevistas. Aún así conversó en exclusiva con la Zona en Mendoza, antes de partir a La Pintana. Y nos contó por qué estuvo a punto de cancelar el concierto de este viernes. Acá, la crónica cruzando la cordillera.

Por Álbaro Farías

Hola Manu
La entrevista

El Pintanazo
Su show solidario en La Pintana
 

Bono fonasa

Manu Chaosí que tiene paciencia. Todo el mundo se le acerca. Todo el mundo quiere conversar con él, pedirle una foto, regalarle poleras, hablar de política, preguntarle la solución a los problemas del mundo.

En sus conciertos el público parece ser libre de subir al escenario. Mientras Manu toca su estallido de ska punk reggae, los hombres lo abrazan como a un viejo amigo y las chicas le roban algún beso. Él se llena la cara de risa y sigue tocando. Abajo del escenario da palmaditas en la espalda, sonríe y, por muy cansado que esté, responde, siempre responde, a menos que se trate de una entrevista.

“Yo ya no lo acompaño a la calle”, dice Arturo, un argentino rapado al cero. Arturo es alto, está lleno de tatuajes, vive en Barcelona y es el tour manager de Manu. “Es que se le acerca un boludo y se saca mil fotos, se va, vuelve, y de nuevo se saca la foto”, le comenta Arturo al “Perro”. El “Perro” es Hector Emaides, el dueño de Perro Records Produccionesque organiza la gira andina de Manu Chao.

Domingo, backstage del show, Mendoza. La banda conversa con la gente de producción. La comida del catering se la están repartiendo entre todos los presentes. Vuelan las Quilmes, los flashes y ahí está Manu: firmando camisetas, gorros, poleras, nalgas, conversando con todo el que se le acerque. Con todo el que busque una respuesta iluminadora, de esta especie de mesías con shullo boliviano.

Manu Chao es algo así como un Bono C3 – un Bono Fonasa-, sin lentes de sol y lleno de patas de gallo, que por el momento cambió el gorrito altiplánico por la boina del Che. Uno que vende millones de discos (nada en comparación con U2), camina por la calle sin guardaespaldas y que en lugar de reunirse con Bush para condonar la deuda de los países africanos, agarra el bombo barrero del grupo argentino Karamelo Santo y sale a protestar por las calles de Mar del Plata contra la Cumbre de la Americas, acusando a los gobiernos del primer mundo de saquear los recursos naturales del tercero, planteando así una idea que Bono jamás se atrevería a desarrollar ante sus poderosos amigos: Realmente, ¿quién le debe a quién?

Manu Chao es un tipo que exige que las entradas a sus conciertos no cuesten más de diez dólares. Por esa razón, estuvo a punto de cancelar su concierto de este viernes en Chile nos contó el lunes en Mendoza, durante una improvisada entrevista de 15 minutos. Por eso ayer tocaron ante casi cinco mil personas, en una cancha de fútbol municipal de La Pintana. Sin eso, no venían, dijo. Algo que Bono, a pesar de su imagen política, jamás estaría dispuesto a hacer.

Manu Chao es un tipo de la calle, un tipo de a pie y no de limosina, que hace canciones simples que todo el mundo puede cantar. Y por eso su público lo ama y lo trata como si fuese un viejo amigo, un pequeño Maradona. Santa Manu Chao.

- “Eeeeh Manu, acabamos de salir del calabozo”, le dicen un par de chicos que vienen desde Venezuela a ver el concierto en Mendoza y que se trataron de colar al recital. Los pillaron, pero ahora están colados en el backstage.

- “¿Los golpearon?”, les pregunta Manu Chao, al mismo tiempo que les pasa una botella de vino.

- “No, no pasa nada, son unos hijos de puta. Se acabaron las entradas y no nos dejan colarnos”, le reclaman.

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Tómbola Tour

A sus 44 años Manu se ve más viejo que en todas las fotos promocionales, pero sus recitales sigue siendo un estallido de energía comunitaria. Viene de tocar en México, La Paz, Cochabamba y Jujuy. En todas las ciudades ha realizado alguna actividad para levantarles la capa a los pueblos olvidados de América del Sur. Viene cansado, el bus en el que viajaban en la gira se le rompió el eje y quedaron tirados en medio de la selva boliviana. Hicieron dedo y llegaron a Jujuy. Así han sido todas las giras de Manu Chao desde la época de Mano Negra, pura improvisación. “En gira es así, no se puede planear nada”, dice.

A Manu no le faltan partners y eso está claro. Toda la gente se le acerca tratando de encontrar una respuesta a sus problemas e inquietudes de latinoamericano empobrecido, lo tocan, lo invitan a quedarse a dormir en la casa y le regalan remeras transpiradas.

- ¿Has saltado alguna vez? -le pregunta Blas, un tipo que viajó desde Buenos Aires para regalarle su polera sudada después del recital, una polera del club de saltadores en paracaídas de Argentina.

- No, pero quizás con la polerita me entusiasmo, le responde Manu, mientras llega una chica con muletas y le pide una foto.

- Me caí antes de venir Manu, reclama la nena.

En Mendoza toca en el estadio Pacífico, una especie de gimnasio municipal de cualquier comuna de Santiago. Se supone que empieza a las 21 horas, pero todo anda atrasado. Más amigos de Chao llegan al hotel. Lo despiertan. Son unos argentinos que viven en Barcelona, y que volaron desde España a Chile, para luego tomarse un bus a Mendoza y saludar a Manu en francés.

En el estadio, antes de la prueba de sonido, más fans, amigos, gente pidiendo consejos. Todos quieren hablar con él y todos logran hablar con Chao. “Es impresionante, no sé como no se aburre”, me dice el “perro”. Es el último día de gira y el organizador de la gira ya no da más.

Cayó la noche en Mendoza. Las puertas están abiertas y en el estadio la sensación térmica es de 38 grados. Se acabaron las entradas y afuera está la grande. Comentan que los policías están disparando lacrimógenas y postones, pero en Argentina no los tiran al aire, los tiran de frente. El “perro” vende poleras como condenado. El recepcionista de mi hostel, ya está instalado con su novia en la cancha.

Diez y media de la noche. Se apagan las luces, todo el mundo grita. “Hace tanto tiempo que no nos vemos Mendoza”, dice Chao y el delirio es total. Pasan tres horas exactas de pura música. Desde “Sr. Matanza” a “Radio Bemba”, pasando por “Me gustas tú", “Clandestino”, “Desaparecido”, la inédita "El hoyo", “Mala Vida”, etc… Un hit tras otro y el Pacífico se caía.

- No hay otro como Manu – dice un pibe abrazando a su amigo y compartiendo un porro.

- Este tipo es puro corazón – le responde el otro emocionado.

Es que el Manu Chao se ha ido convirtiendo en el único oído masivo y público, de la gente que nunca sale hablando en las noticias. De esos que nacen para no ser tomados en cuenta por los que deciden. Manu, con letras simples, llenas de alegría, rabia y lucha, les pone palabras. Por eso todos lo quieren ver, a pesar de no sacar un disco nuevo (a nivel mundial) desde “Última estación: Esperanza” (2001).

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Periodista, ilegal.

Quizás lo único que tiene Manu en común con Bono, es que le cargan las entrevistas. Por eso las primeras palabras que cruzamos fueron como las de cualquier otro de los fans que quieren ser su amigo. Una frase de buena crianza y una palmadita en la espalda antes de que se fuera a buscar su charango. Y por eso cuando supo que era periodista, se anduvo enojando. “Si vienes como amigo, eres amigo. Si vienes como periodista eres periodista”, me dijo mientras un par de chicos lo saludaban por décima vez en menos de 15 horas. Pero al final igual se sentó a hablar con la Zona mientras esperaba el bus que lo trajo a Chile.

- El recital de ayer fue una locura. Sigues saltando mucho a los 45 años, le comento a mientras le tomo una foto. Él se larga a hablar

- Yo creo que es por la pasión a lo que hago y el miedo también. A mí, salir a un escenario siempre me sigue dando miedo. Yo creo que esa adrenalina que me sale es miedo. Me gusta lo que hago y me siento más en forma que nunca en mi vida.Trato disfrutar de la vida. De la música y de la vida.

¿Miedo? Pero si todos te quieren y te gritan “Manu, Manu”. Por mal que lo hagas nadie te va a pifiar.

- Es eso lo que da miedo. No se como se llama eso en español. En francés se llama el trac, no sé como se dice en castellano (la traducción sería algo así como “estar nervioso antes de enfrentar el público"). La hora antes de un concierto, para mí, es lo que no me gusta nada. Daría cualquier cosa pa’ no subir al escenario. Y luego subes…

¿Aparece el José Manuel Arturo Tomás que llevas dentro?


- Mejor estaría haciendo cualquier cosa. Siempre me digo “por qué estás metido en ese lío otra vez”. Pero luego te subes al escenario, un segundo y ya estás, ahí con la gente y todo genial. No hay nada más terrible para mí que la media hora antes de un concierto y no hay nada más feliz que la media hora después de un concierto.

Antes del concierto, de verdad, es muy difícil. Hay que concentrarse, es difícil ser sociable. Difícil ver a gente, no estás ni contigo mismo. Estás recluido con tu banda, con tu gente y cada uno hace lo suyo.

¿Que te parecen los precios de las entradas en Santiago?

- El concierto de Santiago lo hemos cancelado hace cinco días porque nos parecía demasiado caro y hemos pedido a la productora que organicen un concierto gratuito en Chile. Habíamos decidido no hacerlo por el precio de las entradas que nos parecía totalmente abusivo. La más barata estaba ok (precio para estudiantes), pero la que costaba 36 dólares, definitivamente no.

Entonces, lo que se ha conseguido, aparte de otras cosas que se están aún negociando (como donar parte de lo recaudado en la Estación Mapocho), es hacer un concierto donde toda la gente pueda venir y sin pagar nada. La idea es que la música sea algo popular y no elitista. Y con entradas a 30 dólares no puede ser una música popular. Decidimos ir a cambio del recital gratis.

Leí en la prensa boliviana que te reuniste con los jóvenes en El Alto…

- Sí, hubo un concierto ahí, totalmente inesperado. Se hizo el show de La Paz y al día siguiente subimos a El Alto y ahí se montó una buenísima. A muerte. Ahí la juventud está con las uñas, organizándose a nivel popular, a nivel de cultura, a nivel de música, a nivel de todo. Nos recibieron y nos presentaron los que hacían ellos y al final se disparó. Fue buenísimo.

¿Y en Chile tienes planeado algún encuentro? La vez anterior fuiste a la Villa Francia y te reuniste con estudiantes en la Usach.

- No sé. Eso no se planea, se hace solo. Quiero, espero tener la oportunidad de ver a la gente de Villa Francia, que hicimos muchas cosas juntos. Pasar por La Victoria, a ver a unos amigos ahí. Lo que el tiempo diga y la casualidad permita. En gira es así, no se puede planear nada.

En tus shows se aprecian influencias de muchas bandas: desde Gipsy King, hasta Bob Marley, pasando por punk rock…

- Sí, no sé. El azar es mi mejor amigo, pero una inspiración no tengo. Es como un grifo que se abre y que se cierra pero que no abres tú, ni cierras tú.

Llega así. A veces escribes cinco canciones en una noche, a veces ninguna línea en cuatro meses. No decides tú. No es como que dice “ya, esta noche me sentaré a escribir una canción sobre hoy”. No, imposible. Me quedo en blanco y sufriendo. Hay escritores que les gusta el proceso de escribir sufriendo, a mi me gusta pasármelo de puta madre escribiendo y que sea un gusto, un placer. Y el placer llega cuando le da gana. Y cuando llega, me lo disfruto y escribo, llega como un rayo. Lo importante es tener un boli (lápiz) a mano y cuando llega la inspiración… estar listo. La única cosa para la que tienes que estar listo, si llega la inspiración no tienes que decir “Aaahh, me lo apuntaré mañana”. Lo apuntas en el momento, o si no, ya fue.

¿Y que es lo último que escuchas?

- No recuerdo bien. El último cd que me regalaron, es un concierto, que me encantó, un cd de vallenatos colombianos… de la época de la pera. Que había escuchado muchas veces en el tren en Colombia, cuando estaba allá. Y otros más, pero el último último es ese. Pero de todo, desde AC/DC hasta música tradicional de Mongolia. Todo Terreno.

¿A que se debe el sobrenombre de Oscar Tramor, con el que firmas algunos discos?

- Jaja, era una canción de “Los Carayos”, una ranchera de época totalmente distorsionada. Con Mano Negra escribíamos canciones basándonos en rancheras mexicanas, les cambiamos la velocidad, súper rápidas. Y las letras también. La letra decía “Busca otro amor, que te quiera más que yo” y nosotros hicimos una canción que decía “Oscar Tramor, torero matador… Borracho, torero alcohólico”, un torero que rezaba a Dios que el toro llegara más borracho que él. Porque sí no, estaba todo mal.

Pasé casi tres años con todo el mundo llamándome Oscar. Nadie me llamaba Manu. Ahí empezó Mano Negra y empecé a poner el nombre, porque ya en el barrio, en la calle, la gente me llamaba Oscar. Pasé dos años de mi vida llamándome Oscar, por la culpa de una canción.

Al principio me parecía raro. Pero luego la gente me llamaba así y no podía hacer nada. Yo ya estaba acostumbrado de antes a cambiar de nombre a menudo, yo tengo varios nombres. Me llamo José Manuel Arturo Tomás, entonces cuando habían muchos José, me llamaban Manu. Cuando habían muchos Manuel, me llamaban José. Entonces, ¡purf!... Cuando era pequeño me jodía, porque mi madre me llamaba Manu y un año tenía que llamarme José o Arturo, porque el maestro había decido que me llamara Arturo. Me decían “Este año hay muchos Manuel, te vas a llamar José” y me daba una rabia. “Oye, yo me llamo Manu”, le decía. Pero bueno, es el profesor.

Lo más gracioso es que alguna gente piensa que Manu Chao es un apodo y que mi verdadero nombre es Oscar Tramor. En todo caso, te garantizo que comparado con el apodo que les ponían a algunos amigos, me salía muy bien de la pelea. No sé como es en Chile, pero en los barrios en Francia, entre las pandillas, hay mucha crueldad en los apodos y se te quedan. A mi me salió barato.

¿Y como van las pichanguitas de Manu?

Para eso no tengo tiempo y ya no me dio para estar en serio en un club. Me hubiera encantado, pero por culpa de la música, nunca pude ¿no? Si un día no tengo la misma fibra para hacer música, no perderé el tiempo rutinando con la música. Quiero estudiar para ser médico. Pero para eso hay que dedicarse a muerte. Pa’ ser un buen curandero. No quiero ser médico, quiero ser curandero.

Otra cosa que me apasionaría es no hacer nada. Debe ser buenísimo, hasta ahora, nunca en mi vida lo he conseguido. Pero creo que concentrarme en aprender a curar, sí. La música también funciona de medicina, pero cuando puedes curar realmente a una persona con tus manos, aliviando el dolor, es magnifico, dice antes de despedirse y tomar su bus hacia La Pintana.

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La Pintana live 2006

Para alguien que no está acostumbrado a demorarse más de una hora en llegar a su trabajo o que nunca haya puesto un pie en una población más que para reportear algún crimen, en La Pintana está la cagá. Gente que no entiende cómo un artista francés con más de tres millones de discos vendidos en el mundo, puede ir a hacer un concierto gratis ahí. Y que, más encima, ese concierto fuese de noche.

Quizás por eso para la prensa acreditada “el panorama no era nada bueno”, “fans que no respetaron rejas ni escenario”, “Decenas de personas sorteaban el escaso número de guardias dispuesto por la productora del concierto”, “Legua York,cuyas canciones cargadas de letras contestatarias sirvieron de marco propicio para más de alguien trepara las rejas del recinto deportivo”. Uffff.

Para alguien que vive a dos cuadras del Estadio Municipal de La Pintana, esta es una oportunidad que no se puede dejar pasar. Con un sueldo mínimo mensual, ni soñar con tener un disco original de Manu Chao o pagar los 18 mil pesos que cuesta la entrada en la Estación Mapocho.

Garbancito (Philippe Teboul, percusionista de Radio Bemba Soundsystem, y miembro de Mano Negra) se acuerda de mí y me invita a comer fruta, galletas con queso y tomar bebida. En Mendoza, Philippe me había contado que le gustaba la buena vida, pero sana.

- ¿Qué es eso?, le pregunta a un chef ultrapoducido que contrató la municipalidad.

- Miel de ulmo, le responde caballerosamente y Philippe se manda dos cucharadas al hilo. Me pide que lo acompañe y la vista detrás del escenario es de antología. Gente arriba de las rejas que marcan el fin de la galería, moviendo sus poleras pidiendo a Manu Chao. En la cancha estaban los periodista e invitados y en la galería, el pueblo. Por supuesto que eso no duró mucho.

- Eh Manu, te dije que era una cancha de fútbol –le digo mientras Philippe se devuelve a la carpa a comer.

- Sí. Ojalá que no se metan más los pacos. Quiero tocar. Sabes, ahora no estoy nervioso, ayer te dije que siempre me pongo nervioso. Hoy no lo estoy, me dice sobándose las manos por el frío y saltando.

Pedro Lemebel se da vueltas y se nota nervioso. Quiere entrar a la conversación. No se atreve o no sabe cómo hacerlo. En eso llega “el rasta”, el primer fotógrafo rastafari de la Zona, y los guardias no lo dejan entrar. Voy a tratar de rescatarlo y me sacan a mí también.

El recital ya empezó. Las rejas de prensa pasaron a la historia de la chatarra. El rasta está encumbrado en un parlante sacando fotos y la gente agradecida no para de aplaudir, saltar y cantar.

- Yo soy de la población Maria Caro y esto es consecuencia con el discurso que tiene. Este loco quiere un mundo mejor y nos toma en cuenta, comenta apurado un tipo al finalizar el concierto.

- Buena gente el weón, es consecuente con lo que canta, con lo que dice. Yo vengo de lejos e igual no tenía plata para la entrada del viernes, dice una Floridana.

- Ellos cachan el pueblo, yo cacho que ningún grupo de su categoría haría algo así. La dura, son unas personas súper concientes, saben que no todos tienen las moneas para pagar su entrada’, dice una representante de Conchalí.

- Yo soy de aquí de San Ricardo, unas cuadras más allá. Bueno, bueno, que vengan unos locos así, mas encima gratis. Eso es pa’ que vean que La Pintana no es pura delincuencia…. Las letras que tienen son buenas, te hacen pensar, explica Daniel, un chico de 18 años, que está con las pepas abiertas a full, porque nunca había estado en un concierto. Le encantó. Apenas supo que venía Manu Chao gastó los mil pesos de su presupuesto semanal en un cuaderno y una caja de lápices de colores para donar.

Así llegó, y así se fue de La Pintana Manu Chao. El más querido, el más escuchado, el con más paciencia, el con más amigos. Y al parecer, de todos lados: mientras converso con Daniel, pasa una pareja de jóvenes vestidos de un cuidadoso look hippie alternativo Manu Chao 2006, diciendo:

- Estuvo genial, y yo entregué un puro lápiz mina número dos. Me salió filete, comenta el chico.

- Sí genial, yo con la pura goma de borrar entré. Oye mi papá ya me dio plata para ir el viernes. Lo vamos a ver dos veces, contesta ella.

- Sí, ¿dónde dejamos el auto? Vámonos luego de acá, remata el chico y se van.

Ve las fotos de la actuación en La Pintana, acá.

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LEO QUINTEROS
Ahora
El mp3 es cortesía de Cápsula Discos

Música para sobrevivir a marzo

Leo Quinteros, recomienda:

1.- Talkin Heads:
"Take me to the river"

2.- Rolling Stones:
"Brown Sugar"

3.- David Bowie:
"What in the world"

4.- R.E.M:
"Summer turns to high"

5.- Bob Dylan:
"Leopard- skin till - box hat"


 
 

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Chago!!  escribió...

Me da un poco de no se que cuando acá hablan del pueblo y de los chicos hippies cuicos alternativos. Me gustaría saber donde creen que se ubican ustedes... de algo estoy seguro, al paradigma de pueblo del cual yo creo qu ...

11:31AM 27/03/2006

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