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VERANÉATE LA NUEVA JUSTICIA. |
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El Centro de Justicia, es igual que la Liga de los Súperamigos: un edificio enorme donde se reúnen los nuevos héroes a juzgar a la Legión del Mal. Claro que en los juicios orales hay más realidad que ficción. Un panorama para cuando las series de abogados empiezan a repetir sus temporadas. Fuimos a mirar, y esto es lo que oímos.
Por Carlos Salazar. Fotos: Camila Galarce
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Son como las series de la tele, claro que en una entretenida variante tercermundista. Cuando se acaba la temporada de “Los Practicantes”, “Boston Legal”, “CSI “ o “Law and order”, un panorama insustituible y sin comerciales, es acercarse a los juicios orales de nuestro flamante nuevo sistema penal. Acá no hay guionistas bien pagados, ni actores de afeitada diaria: es la pura vida real con fiscales morenitos y abogadas defensoras recién salidas de la universidad. El juez es un tipo buena onda que no viste túnicas y golpea el martillo para la foto.
Afuera del Ministerio Público (Pedro Montt 1902, metro Rondizzoni), un mastodonte ultramoderno aún en construcción, hace un calor insoportable. Dentro del edificio el ambiente es parecido al de una consulta dental. Por el momento no hay mucho público, salvo un par de estudiantes de derecho garrapateando notas y consultando las citas del juez en libros quema pestañas. Yo estoy sentado en la última fila del salón luminoso y con olor a pintura, listo para aprovechar un atractivo y aún no explotado panorama veraniego: público, gratis y que no para en todo el día.
Lo que sigue son historias sobre pulsiones en pugna y el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal, como dirían las sinopsis del cine. Fiscales implacables y abogados defensores que podrían jurar sobre la tumba de Kennedy que éste murió de causa natural. Que empiece la función.
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CIENFUEGOS VICE
Tulio y Jorge son peruanos. Fueron detenidos in fraganti en una residencial de Cienfuegos con dos kilos de clorhidrato de cocaína, la mitad de la mercancía en forma de ovoides, minutos antes de dársela a Luis, su comprador chileno, un sujeto con un notable parecido a Vinnie Jones.
Para llegar al contacto local, los oficiales de la Prefectura Metropolitana Occidente les ofrecieron a los burreros una reducción de su pena a cambio de colaboración. Finalmente los tres fueron detenidos y llevados a la audiencia donde ejercieron su derecho a mantener silencio para no hundirse más. Mega, Chilevisión y Canal 13 se dan cabezazos para conseguir dónde poner la cámara.
El delito es flagrante y no hay dudas de que el chileno iba a comprar la droga porque –acusa la fiscalía- en el celular de los narcotraficantes y del comprador se repetían las mismas llamadas a un número en Perú. Además, la policía grabó al chileno preguntando por el par de peruanos. Para completar el panorama, Luis llegó al local conduciendo un auto robado. Su defensora tendrá que vérselas con las figuras penales de concertación para el narcotráfico, utilización de un vehículo robado y los 640 mil pesos encontrados en los bolsillos del imputado.
El acusador señala que los dos peruanos sentados junto al chileno, no tienen domicilio conocido. Se presentan las actas de evacuación que, como su nombre lo indica, dan cuenta de cuantos ovoides había en el tracto intestinal de cada correo humano y su respectiva purgación. De pronto las luces de las cámaras resplandecen y un murmullo inunda la audiencia: el fiscal se pone de pie, y en un gesto violento acusa que la dirección que acaba de dar el imputado es falsa, que por allá no se aparece hace cuatro años. La cara de la defensora lo dice todo, es como si le contaran el final de King Kong. Todos se lo saben ya, pero la muchacha quería ver la película completa. Se exige detención preventiva.
Punto menos para la defensa. La abogada sólo aclara que ni 2 ni 30 kilos de coca de baja pureza pueden ser nocivos para la sociedad, ni motivo de detención preventiva, que según su experiencia con 640 mil pesos no se puede comprar tal cantidad de droga y que la verdadera jefa del cartel es una mujer llamada “Soledad” que le hizo el encargo al acusado. A ella hay que apuntar los dardos, porque el pobre imputado –más encima- se acaba de enterar de que su auto es robado. Las risas y codazos se apoderan de la sala.
“Por otro lado en el código de honor de la población en que vive en el inculpado, un lugar de esfuerzo y gente humilde, es mal visto vender droga, desde ese punto de vista es lógico que negaran que él vivía ahí”, le dice al fiscal con una de esas miradas que matan. Negada la libertad, uno de los peruanos sale de la sala con la cabeza gacha y las manos atrás como portando unas esposas invisibles. Es un acto reflejo. El peruano le explica al gendarme que es la fuerza de la costumbre.
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LA FORMA DE LA REFORMA
Para seguir cada capítulo de esta serie veraniega hay que consultar la programación que se encuentra en un fichero a la entrada de cada edificio. Es el “Estado Diario”, una especie de diario mural donde puede verse el avance de cada caso y da una idea para saber en que capítulo va la serie. Lo mismo que las carteleras, o “Audiencias Programadas”, donde se publican los estrenos del día con testigos y careos. Esta agenda está a disposición del público y el fichero se puede consultar en un mesón donde el acomodador de turno te contará cuales son las historias más taquilleras.
Claro que para intuir el nivel de popularidad de las audiencias basta con fijarse en qué puerta están los periodistas haciendo guardia. Porque no todos los casos son tipo Miami Vice, la mayoría de las veces las “Audiencias de Control de Detención” son como una “máquina de la justicia”, donde los imputados saludan al juez, se sientan y recitan su nombre completo, RUT y dirección, para finalmente decir que entienden la acusación y que sí son culpables. Cinco minutos después están saliendo por la puertita del tribunal si se les concedió la suspensión condicional del procedimiento, en caso de ser primerizos.
“En la otra circunstancia, si el imputado no reconoce el cargo se le da al fiscal 30, 60 o 90 días para conseguir más pruebas para acreditar la acusación. Esa es ya otra audiencia que se publica debidamente para seguir el caso”, explica el tipo de la ventanilla de informaciones. Mientras tanto, el recién liberado tiene prohibición de acercarse a la tienda o a la casa de la víctima. No es técnicamente una puerta giratoria, pero veamos: en la mañana, de cinco casos de ladrones de tienda confesos, mecheros de mall y lanzas, los cinco se declaran culpables y salen en libertad tras el trámite, de la mano de mamá. Sólo deben ir a firmar y se les prohíbe acercarse a la tienda en un año. Pero nada el crimen nunca paga: a uno de ellos, la mamá le da una tremenda paliza en el ascensor.
Las audiencias parecen un cine rotativo a la antigua; la premura y eficacia del nuevo Ministerio Publico logran en una sesión de 50 minutos lo que antes tomaba años. Y que pase el que sigue.
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PERDER EL JUICIO
Dentro de la antología de casos del día que se presentan, se cuentan: un gásfiter acusado de meterse a la fuerza a una casa, según él, porque estaba visitando a un amigo a las tres de la mañana. La defensa intenta convencer al juez de que el visitante es un amigo de confianza, que ese día había perdido las llaves y se vio en la necesidad de saltar la muralla para pedirle unas herramientas prestadas a su compadre.
Otro tipo fue sorprendido por carabineros comprando marihuana en una casa. El comprador y el vendedor fueron citados a declarar, pero el defensor del comprador golpea la mesa y rasga vestiduras para afirmar que su cliente en realidad, había ido a esa casa a comprar una planta de aloe vera. Se da un mes para investigar, se le deja en libertad, martillazo y que pase el que sigue.
En síntesis, se trata casi de breves sketches en los que la defensoría intenta convencer al juez de que, por ejemplo, cuando dos amigos compraron una moto en 20 lucas jamás se imaginaron que era robada. La historia es la que sigue, según consta en la declaración de los imputados: a eso de la medianoche, tomando una reparadora cerveza en el restaurant La Naranja de Alameda casi esquina Ahumada, se les acercó un tipo que les ofreció la llave de una moto si le “prestaban” 20 mil pesos para pagar la cuenta. Los muchachos aceptan y salieron a eso de las 2 de la mañana a estrenar el vehículo. Fueron detenidos por andar sin cascos, pero tampoco portaban papeles y la moto estaba encargada por robo hace cinco días.
Al día siguiente el fiscal hace crujir los dientes pidiendo justicia porque los tipos acaban de salir de la cárcel y uno de ellos ya tiene cargos por abusos deshonestos. La defensora pone su mejor cara de póker para acreditar que sus defendidos “pecaron de inocentes al recibir las llaves”, pero como firmaron un poder simple escrito en una servilleta, que está en poder del hombre que les empeñó la moto, la solución del caso consiste pues en encontrar al hombre ese. Dan ganas de aplaudir.
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HISTORIA SIN FIN
En el salón hay ahora guaguas llorando, celulares que suenan, gente comiendo maní y esperando la hora de almuerzo. Porque las audiencias continúan una tras otra. Y los actores son acompañados por la familia. El público fiel de este show que no se diferencia mucho al de esos juicios de la tele tipo Laura o Caso cerrado. Claro que hay casos que superan cualquier guión y parecen sacados de una pesadilla de Dickens. A las 13 horas en la Sala 4, se revisa el caso de un joven contador detenido por cometer un asalto. Está en el banquillo con la cabeza atenazada entre las manos y viste un terno gris impecable.
Se le acusa de haber tomado del cuello a alguien al interior del cajero automático la noche anterior, haciéndole creer que llevaba un cuchillo. Claro que tuvo mal ojo y mala suerte: sólo arrancó con 25 mil pesos y lo detuvo un grupo de personas que paseaba por el lugar. El fiscal, pide escuchar la declaración anterior del imputado. Entonces, dando prueba de una real modernización de la justicia chilena, la acta, nombre de la señorita que graba y toma apuntes en un computador, abre el archivo en mp3 y le da volumen. La sala escucha la narración del contador. Cuenta que vive a cargo de su hijo de 2 años abandonado por la mamá, que lleva tres meses sin pega y que con un par de cervezas perdió la razón porque los choferes no lo querían llevar por doscientos pesos a su casa. Entonces, antes de llegar con los bolsillos vacíos, decidió meterse en un cajero que tenía la puerta mala y asaltar a una joven de 22 años.
El contador solloza en el audio grabado horas antes y lo vuelve a hacer ahora, apoyando los codos sobre la mesa. Curiosamente es la parte acusadora la que pide que se le otorgue libertad al malhechor en vista de su conducta anterior irreprochable. “En la vida nos caemos todos, dice, y la perseverancia no consiste en caminar sin mácula, sino en saber levantarse una y otra vez”. El abogado parafrasea a Cervantes con la autoridad de un profesor de castellano de los viejos. Silencio total en la sala. Se le advierte al imputado que un beneficio como este no se acostumbra dar y que lo aproveche. En la sala hay una muchacha que lo toma de la mano y se lo lleva donde un par de viejos que parecen ser sus padres. Todos juntos se pierden en el reflejo de las baldosas del edificio. Es hora de los comerciales.
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