Sálvame la vida

Piedras rodantes

¿Quién es el más enrollado ahora?

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Elizabethtown v/s Garden State

 
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Doncellas al rescate.
  Dicen que con los años todos los estereotipos caen por muerte natural. Ahora estamos viendo cómo el cliché más grande de todos, utilizado como soporte de miles de historias de amor, -el príncipe azul, sus variantes y la doncella en problemas-, está mutando a una versión opuesta, una donde asustados príncipes piden ser rescatados por doncellas valientes. Esto es Romeo y Julieta, su versión disléxica.

Por Daniela Herrera.

Viva la diferencia.

Elizabethtown v/s Garden State.
 

En Elizabethtown, la nueva película de Cameron Crowe, y tal como en una lista de cintas que se han estrenado en el último tiempo, -desde Alta fidelidad hasta Garden State, pasando por Paréntesis, Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, Se Arrienda, por nombrar algunas-, se repite la misma receta; un tipo un poco perno, aproblemado, pasando por un momento complicado porque lo pateó su novia (casi siempre una mina guapísima, con una carrera en ascenso), o porque perdió la pega, se le murió el papá o la mamá o todas juntas, es salvado por la intempestiva aparición de una chica, casi siempre más joven, linda, pero muy contraria a la ex, con una visión de la vida totalmente nueva y fresca. Puro desorden lindo.

Entonces, ¿qué tenemos?: una gran cantidad de los estrenos de las películas de “relaciones” de los últimos dos años.

Tanta coincidencia no puede ser gratuita. Algo cambió y nadie nos avisó. Un nuevo especímen de hombre comenzó a gestarse. Tal vez todo comenzó en los noventas, tal como explicó hace 10 años, aquí mismo en la Zona, María José Viera-Gallo: la aparición de un por entonces desconocido espécimen, llamado el Hombre-Niño, un chico sensible que nos hizo olvidar a los machos recios de antaño. Adiós Duro de Matar, hola Antes del Amanecer.

Ese tipo de hombre, al parecer, recibió la sensibilidad de un día para otro, por eso no sabe muy bien qué hacer con ella, se pierde al más mínimo cambio de planes y más que una pareja necesita una niñera. Elucubraciones no faltan; si nos ponemos freudianos podríamos decir que muchos de ellos han sido criados sólo por la madre, si nos ponemos darwinianos podríamos pensar que es el paso lógico de evolución después de siglos de estereotipar al hombre como un bruto. Es más bien un asunto cíclico y natural que desbalanceó un poco las cosas no solo en el mundo de la ficción.

¿Tanto girl power los habrá dejado sin un rol determinado? Todo parece una obra de Moliere. Cambio de roles exagerado. La chica en cuestión tiene las cosas más claras que antes y se presenta a sí misma como alguien que ya no necesita un salvador. Pero como en todas las cosas de la vida, eso es relativo; el viejo miedo al rechazo y a la soledad, sumado a las características de este hombre relativamente nuevo, y al de las chicas súper poderosas, hace que no tengamos muy claro a qué atenernos en cuanto a relaciones amorosas.

En las películas ya nombradas es sólo el poder curador de la chica lo que redime al hombre, siempre cómodamente sometido a su sufrimiento, que sin mover un dedo, espera a la chica del pelo raro que lo saque de su aburrida cotidianeidad o de sus problemas imaginarios.

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¿Quién es el más enrollado ahora?

Si lo vemos en términos simples, la feminización del hombre puede ser una rápida respuesta a la masculinización de la mujer. Cuantas veces hemos escuchado que los hombres les tienen miedo a las mujeres demasiado decididas y seguras de sí mismas. Miedo, una caracteristica casi siempre asociada a la doncella en problemas que ya es un especímen en extinción hace rato. Si ya no se necesitan caballeros andantes, ni latin lovers, las vacantes quedan libres para el ahora apetecido chico sensible. Y mujeres con alma de niñera sobran, por más que al género le duela, y le parezca una traición y retroceso a todos los logros de mujer emancipada.

Está bien. Todos abogamos por el pronto derrocamiento de todo tipo de prejuicio. Y por supuesto que en pleno siglo XXI ya no es raro ver que las mujeres tomen la iniciativa cuando tienen a un chico en la mira. Ya no es raro que inviten al cine o que diga me gustas y no salgan corriendo. Pero al parecer cuando una de las partes crece, se “empodera”, el otro toma el papel pasivo, tan pasivo que agota. Y un consejo al pasar; solo los valientes son los que valen la pena. Es un asunto de reciprocidad, como todo en el amor.

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Elizabethtown v/s Garden State

Garden State (2004) es la primera película del actor y director Zach Braff (Scrubs) un tipo que nació y creció en New Jersey, la tierra natal de tipos supuestamente rudos como Jon Bon Jovi. Pero eso fue en los 80’s. Ahora amamos a Zach y nos reímos de Jon. Tal vez por un asunto de edad, Braff sí dio en el clavo con una historia bizarramente parecida a la de Elizabethtown.

Perfectamente se podría acusar a Elizabethtown de plagio, si no fuera porque Garden State es una película croweniana en espíritu: personas normales dentro de sucesos extraordinarios. Pero donde Elizabethtown parece sacada de un manual de clichés en el cine, Garden State está contada de una forma en la que se cree todo lo que se ve y emociona por eso mismo.

Es inevitable comparar estas dos películas, no solo porque su trama es casi la misma, sino porque si se ha visto la cinta de Zach Braff antes, no se puede evitar preguntar, ¿qué pasó, Cameron? Después de entregarnos joyas de amor heróicas como Say Anything (89) con la mítica escena de la radio y la canción de Peter Gabriel, o grandes enseñanzas en Jerry Maguire (96),- lealtad como premisa básica en una relación-, Crowe al parecer toma la ruta más fácil para hacer suspirar a los adictos a los chicks flicks (pelis para chicas).

Un tipo muy guapo y aproblemado,-Orlando Bloom-, a punto de suicidarse porque fracasó en su trabajo y recién se enteró de la muerte de su padre, encuentra la salvación en un estereotipo encarnado por Kirsten Dunst, -escencialmente opuesta al personaje de Bloom; sociable, divertida y un poco freak, quien llega a mostrarle el camino, literalmente. Y ella lo guía hasta de la mano sin que él ponga ningún esfuerzo de su parte, ni jamás demuestre que tiene las agallas suficientes como para no dejarla ir. El final, claramente, se anticipa en los créditos iniciales.

Donde Natalie Portman es imperfectamente adorable (Garden State), la Kirsten Dunst de Crowe nunca se despeina, lo que la hace más lejana y menos humana. Hasta borracha se ve perfecta. Donde Orlando Bloom parece todo el tiempo dormido y nunca muestra demasiado interés por la muerte de su padre ni por la chica en cuestión, Zach Braff, a pesar de estar dopado al principio de la película, al final de transforma en alguien con la suficiente fuerza como para quedarse y no dejar al amor de su vida.

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Sálvame la vida

Los chicos que necesitan ser salvados son una realidad. Pero las chicas redentoras, y todo el estereotipo que se podría rastrear desde Annie Hall (77) para adelante,-divertidas, locas, salvadoras, un poco freaks, pero maternales y sabias-, lamento desilusionarlos, tal vez está solo en la mente de gente que ha visto demasiadas películas.

Como todos, esas chicas también desean ser redimidas, y la perfección del cine por suerte nunca se traduce a la realidad. Para eso vemos películas. Porque la realidad es tanto más plana, y si de hecho existen Orlandos Blooms y Kirstens Dunst, más bien vendrían a ser un chico con traumas de relaciones fallidas que es inocente de lo que provoca (o se hace, o es tan perno que no se da cuenta porque la chica superada es tan cool y liberada, que trata a todo el mundo de manera encantadora), y una chica que encontró lo que buscaba pero a la que de todas formas le cuesta demostrarlo. Porque si bien el estilo de chica poderosa existe, el tiro sale por la culata en cuanto a relaciones se trata; al momento de enamorarnos todos somos más frágiles y no hay poder adquirido que valga.

Aunque vivamos la masculinización de unas y la feminización de otros, el mundo es ahora un híbrido donde todos tenemos los mismos problemas, sin importar género. Y aunque queramos, la vida no está llena de momentos épicos donde decimos lo que sentimos debajo de la lluvia. No suenan violines de fondo ni una cámara filma cada uno de nuestros movimientos.

Finalmente, y aunque suene demasiado cliché, todos queremos ser salvados. Hombres y mujeres por igual. Enamorarse es salir de lo cotidiano, vivir todos los días con algo nuevo, con un dolor de guata constante pero grato que hace que no nos importe jugar el papel de mamones frente a otro. Y abandonarnos a la idea de ser salvados y salvar al mismo tiempo.

Por eso, mejor arrendar de nuevo “Garden State”, que pagar tres lucas por ver la nueva de Crowe.

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Último comentario:
Alisa  escribió...

Ese tema es verdad.. y más aún con una Mujer en la Presidencia.. bueno no he visto la película, pero es la mismisima verdad. Se me ocurre que tanto se habló del sin número de roles que puede cumplir una mu ...

11:41PM 19/01/2006

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comentarios (16)

 
 
   
 

 

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