Rehabilitación

Pepa Machuca

¿Embarazo = expulsión?

Gusanos en la manzana

Sexo en la sala

 
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MAMÁS PINGÜINAS
  El 12,2% de las adolescentes chilenas están embarazadas. Y aunque los colegios enseñan u omiten la educación sexual según sus criterios, la mayoría sabe cómo evitarlo. Pero igual pasa. ¿Por qué? Por la misma razón que no le cuentan a sus viejos el inicio de su vida sexual, o dejan el colegio aunque sea ilegal que las echen: por miedo a ser discriminadas.

¿Qué te enseñan?
Depende de cada colegio y nadie fiscaliza.

¿Te pueden echar?
Acá tus derechos.
 

Para la celebración de San Valentín de 1997, María José Flores (25) recibió un regalo inesperado. Tenía 16 años, un pololo desde hacía dos y un promedio de lujo en el María Inmaculada, el colegio de monjas al que iba desde kinder. Pero desde ese día, María José tuvo algo más importante: un hijo.

En el colegio, a la hora de educación sexual pasaba un angelito. Lo único que María José había escuchado en clases era que “eso” se hacía dentro del matrimonio. Y que los anticonceptivos eran abortivos. Que las chicas debían hacerle honor al nombre del colegio, y llegar castas y puras al altar.

Pero, en su casa, su madre le dijo las cosas claras: cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual, y que existían pastillas, condones y dispositivos intrauterinos para evitar embarazos no deseados.

A la hora de aplicar los conocimientos, María José los omitió. Como todas las madres adolescentes de este reportaje.

“Qué vas a estar contando leseras cuando eres chica. Pensé que las pastillas eran para cuando tenías una vida sexual frecuente y los condones eran como ´uy, qué asco, qué raros, casi de puta´”.

El resultado de su omisión hoy tiene nombre: Matías, de ocho años. “El muñeco que tuve cuando era cabra chica”, como dice recordando el parto.


EL MIEDO ES MÁS FUERTE

Francisca (17), Carolina (22) y Andrea (17) también fueron madres con jumper. Todas sabían cómo cuidarse y evitar un embarazo. Lo habían aprendido en clases o en sus casas. Pero ninguna se cuidó, por los prejuicios sociales y el desconcierto de estar descubriendo su sexualidad.

A pesar de todo, Carolina pidió pastillas en un consultorio. Pero cuando su mamá se las pilló, el miedo pudo más. En lugar de hablar sobre el tema se las botó a la basura para evitar que su hija siguiera teniendo sexo. Tiempo después se convirtió en abuela de Paz, de tres años.

Carolina, como muchas otras chicas, tenía la información necesaria para evitar un embarazo. Pero ni en su familia, ni en sus colegio tenía la confianza de reconocer abiertamente el inicio de su vida sexual.

OTRO LADRILLO EN EL MURO

Elsa
Cuando Andrea Gejlichen (en la foto) les contó a sus papás que estaba embarazada, iba a entrar a primero medio. Era febrero del 2003 y Andrea tenía quince.

Sus papás decidieron ponerse el parche antes de la herida y empezaron a buscar otros colegios. Pero el Pedro de Valdivia le dió todas las facilidades contempladas en el nuevo reglamento, aunque éste aún no estaba vigente.

“Viví mi embarazo feliz, tranquila y orgullosa de mi hijo. Fui con buzo, me dieron ayuda sicológica y me venían a dejar las guías durante el prenatal. Me recibieron súper bien”, dice Andrea quien ahora está en tercero medio en el mismo colegio.

Su caso es casi una excepción. Francisca Pérez iba en el Liceo York de Peñalolén cuando quedó esperando a Matías, de un año y medio. No la dejaron continuar porque era un mal ejemplo para sus compañeras. María José por su parte, decidió irse antes por miedo a ser discriminada.

Ambas sabían que si recurrían al Mineduc iban a ser reintegradas al colegio. Pero ninguna de las dos quiso hacerlo.

“Si me quedaba en el colegio a la fuerza, me podían hacer la vida imposible. Con ese estrés de estar esperando guagua, ¿para qué te vas a quedar ahí? ¿Para que te señalen con el dedo como la con mácula?”, se pregunta María José.

A Carolina, por su parte, la expulsaron del Instituto Superior De Comercio Diego Portales y su profesora jefe rayó todos sus ramos en el libro de clases como si ella no hubiera existido. Pero Carolina fue al Mineduc a denunciar la segregación.

Carolina cuenta que en el colegio negaron todo. Y que se vieron obligados a aceptarla de vuelta. Pero por hacer válido su derecho, en el colegio le hicieron la vida imposible. La obligaron a rendir exámenes especiales mucho más difíciles que los que hacían sus compañeros y no la dejaron asistir a su graduación.

Por casos como estos, más de la mitad de las adolescentes embarazadas deciden dejar el colegio. Ellas. Las mujeres. Porque los papás de sus hijos (en el caso de este reportaje, todos escolares), siguieron su enseñanza sin problemas.


EL FUTURO EN BRAZOS

Durante su embarazo, un día Carolina tuvo un accidente en su trabajo. En el colegio comenzó con síntomas de pérdida, pero su profesora no la dejó salir hasta que terminara de dar una disertación. Ese mismo día nació su hija.

“La Paz es mi vida. Nunca es tan difícil como para no poder soportarlo y salir adelante”.

La serenidad de Carolina es un regalo del tiempo y la distancia. Atrás quedó el miedo de ser mamá siendo casi una niña, la época en la que sus profesores e inspectoras la miraban mal y la retaban por el tremendo “condoro” que se había mandado.

Elsa Francisca Pérez (en la foto) aún recuerda las miradas de reojo de sus compañeros de curso y los insultos que recibió de los micreros cuando, con su hijo en brazos, les mostraba el pase escolar.

Por su parte Carolina habla de eso mismo, de la vergüenza y la condena social. También de la ausencia de una educación que les permita a los jóvenes decidir de manera informada y sin prejuicios, iniciar o no su vida sexual: “A mí me botaron las pastillas. Con eso no evitas nada: la gran mayoría de los jóvenes tienen relaciones. La sexualidad y los cuidados tienen que vivirse más naturalmente, con menos castigo”.

María José ahora está en cuarto año de derecho en la Chile y Matías va en segundo básico. Desconfía del nuevo reglamento que protege a las escolares embarazadas o que ya son mamás. “Cincuenta UTM son lo que una alumna paga en un año en un colegio particular. No es nada. Es una multa irrisoria para un colegio privado”, explica.

Ella pudo terminar su educación media, igual que las demás mamás de este reportaje. A pesar de que aún los colegios tengan herramientas más sutiles que las que una ley puede contemplar, para pintarles a cuadritos su vida de mamás pingüinos.

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Sexo en la sala

Por ley, todos los colegios deben enseñar contenidos mínimos de educación sexual: desde los métodos anticonceptivos, información y prevención del contagio de VIH, hasta fecundidad y embarazo.

Estos contenidos no están contemplados como un ramo, sino que incluidos en los objetivos transversales de educación. Es decir, se entregan en distintos cursos y niveles. Y el colegio determina a su arbitrio en cuáles.

Pero nadie controla que esa enseñanza efectivamente se entregue. En una encuesta de Adimark del 2004, realizada a 5 mil alumnos de 110 colegios, un 42,6% de los estudiantes dijo que en los colegios estos temas se enseñaban una o dos veces al año. O que simplemente no existían.

El sexo y sus eventuales consecuencias están en mute en casi la mitad de las aulas del país. Otro ladrillo más en la muralla.

Quizás eso explica que el 12,2% de las adolescentes chilenas estén embarazadas. O que el 42% de los jóvenes entre 15 y 24 años no use métodos de prevención sexual.

El Mineduc lanzó el 15 de septiembre pasado el “Plan de Sexualidad y Afectividad”. Uno que tiene para rato. Porque sus resultados –profesores capacitados, familias y alumnos informados- están previstos de aquí al 2010. Mientras tanto, los contenidos mínimos de sexualidad siguen dispersos o invisibles en muchas mallas escolares.

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¿Embarazo = expulsión?

Según cifras del Mineduc, de 630 mil niñas entre 15 y 19 años en Chile, 77 mil están embarazadas. De ellas sólo 10 mil están en el sistema escolar. El resto decide salirse, convirtiendo el embarazo en la principal causa de deserción escolar en este segmento de la población estudiantil (28,9%).

Como el embarazo adolescente se da más en estratos socioeconómicos bajos, asegurarles su educación es fundamental.

Aunque la Constitución asegura el derecho a la educación a todos los jóvenes, en marzo de este año se reforzó la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza que regula el derecho educativo de embarazadas y madres en edad escolar.

Ahora ningún colegio, por particular que sea, puede expulsar o impedir la renovación de matrícula a las chicas que estén en esta situación. Antes, la decisión quedaba en manos de los directores. Ahora la multa por segregarlas puede ser de hasta 50 UTM (1 millón 500 mil pesos).

Además los establecimientos educativos tienen que darles una serie de facilidades, como permitirles un vestuario de acuerdo a su embarazo Y salidas para amamantar a sus hijos, para sus controles médicos y los del niño.

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La Educación Sentimental

Carmen Gloria Bravo es la orientadora del Colegio María Inmaculada y conoció el caso de María José. Cuando le contamos el testimonio nos dijo que le dolía lo que escuchaba. “Sus padres nos dijeron que la retiraron porque ella había decidido dedicarse por entero a su embarazo. Nosotros no la discriminamos, de hecho al año siguiente asistió a la fiesta de graduación invitada por sus mismas compañeras”.

Niega también que en el colegio omitan la educación sexual. “Seguimos una política más allá de lo que estipula el Mineduc, la llamamos “Educación en la afectividad” y va más allá del tema de prevención”. Claro que, como nos decía María José, prácticamente no se habla de métodos de prevención.

Por su parte Néstor Acevedo, Director del Instituto Superior de Comercio Diego Portales, dice que en el caso de Carolina había otras variables que afectaron su desempeño escolar. Aunque no especifica cuáles. "Además no asistía a clases, por lo que su profesora rayó su nombre en el libro de asistencias pensando que se había retirado”. Y pensar que sólo bastaba llamar a sus apoderados para preguntarles.

En tanto, Alfredo Guzmán, director administrativo del Liceo York de Peñalolén dice que es “imposible” que hayan expulsado a Francisca por ser un mal ejemplo para sus compañeras.

No sólo eso, también se ufana de ser uno de los primeros colegios en dejar continuar los estudios a sus estudiantes embarazadas. “De hecho la gente nos llama “La Maternidad” por lo mismo”.

En todo caso se desliga de cualquier responsabilidad ante la situación: “Si una niña se embaraza es porque no se cuidó, o porque no le inculcaron valores en su casa”. Como si el rol que les toca como docentes, no existiera.

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Daniela  escribió...

Con respecto a la infomación de los métodos anticonceptivos, se puede decir que los conozco y sé temas relacionados con ello...(teniendo II medio). No podría hablar de la realidad de otros colegios del paí ...

8:07PM 01/12/2005

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